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martes, septiembre 02, 2014

Todo ha cambiado

Cuesta empezar, es una maldición tener todo en las entrañas empujando por salir, y cuando ocurre, es casi imposible comenzar a dibujar sobre el papel. No existe una manera de complacer a todo lo que ocurre por la mente cuando tu pensamiento se centra en una sola cosa. Llegados a este punto ya no importa la escritura, no interesa si mis letras son bonitas, si el ritmo es bueno o si la impresión al leerlo hace al lector emocionarse. Llegados a este punto la perfección está en contar la historia y dedicar todos mis esfuerzos para sacar todo lo que encierra mi alma para no ahogarme en estanques de silencios involuntarios ni en palabras que no pude decir cuando debía o miedos que me acechan cada vez que tomo la misma decisión.

La perfección existe (me permito creer en ella).

“Que corto se me ha hecho el viaje” pensaba mientras ella bajaba de mi coche. Caminaba, como otras tantas veces lo he hecho, pensando, divagando, un amigo me hablaba, pero no escuchaba. “Podía haber durado un poco más” seguía pensando. Recordaba el trayecto, cada bache, cada curva, cada casa, cada instante; la luz de las farolas traspasaba el cristal y te alumbraba medio en penumbra la cara (me guardo para mí lo que pensé) y se hacía todo cada vez más corto, el viaje, el mundo, la vida, todo se empequeñecía menos tú. Mientras bajabas, estúpida desconocida, pensé: “¿Quién eres tú para cambiarlo todo ahora?” y sonreí con un adiós tan corto como mis ganas de huir sin mirar atrás, el mundo empequeñeció aún más y el calor fue insoportable.

Aunque alguien discreparía, yo no soy Ismael ni ella es Carola, tanto uno como otra eran perfectos (sigo creyendo que existe). La perfección existe lo complicado es encontrarla. No es un canto al amor como casi todo lo que escribo pero sí una declaración de intenciones.
Perdiendo la noción del tiempo, buscando tu rostro entre multitud de personas (y no son cataratas ni la edad), pensando durante horas, pensando en una sonrisa, ¿quién eres tú, para cambiarlo todo ahora?
Estaba feliz, escondido entre las sabanas de mi cama, había aprendido a huir, a permanecer en la oscuridad, solo, tranquilo, mirando tras el cristal las tardes de lluvia sin anhelar nada más que respirar. No tener sueños siempre da ventaja. Era feliz, muy feliz. Vivir sin necesidad de que el día transcurriera, las noches pasaban sin sueño ni sueños y el mundo era todo lo amplio que necesitaba para vivir. Todo ha cambiado.

Ahora, quiero, necesito que los días pasen rápidos, vivo idealizando, imaginando, soñando, sintiendo como a golpe de sonrisa, de cruce de miradas, de observarte desde lejos mi corazón se compone, se unen los pedazos y nada importa. Toda una vida de penurias, tristezas, traiciones y piedras, ya no importan. La perfección es borrar todo eso con una sonrisa, con una mirada sin intención, volver a la adolescencia, a tener ganas de luchar a no rendirte nunca. Quizás mi alma de soñador incansable o los demonios que me disfrazan de persona atormentada me hacen idealizar o tener alucinaciones donde solo hay espejismos. Quizás todo esté ya marcado por el halo del destino o quien quiera que tire los dados. Puede que mi sentimiento de jugador haya encontrado un nuevo juego o que de llevar tanto escondido simplemente encuentre en esos ojos una excusa para salir al mundo de nuevo, o que sea tan perfecta que pueda tirar muros (que tardaron siglos en ser erguidos) tan solo con una mirada.


Ahora, mi cama ya no tiene olor, mi almohada reniega continuamente de mí, tanto que la abracé. La rutina está por asesinarme y mientras planeo encuentros fortuitos y conversaciones furtivas e intento disimular mis carencias (lo inútil que soy), los recuerdos ya no me visitan a oscuras, el pasado parece haber cerrado la puerta del infierno donde nací, viviendo a frases de Ismael: “que no está perdido aquello que no fue” intento vivir el minuto a minuto, intentando encontrar las baldosas que me lleven a soñar durante un poquito más de tiempo. Para despertar y darme cuenta de que aún sigue en mi coche, que no se ha bajado, que la penumbra sigue iluminado su rostro.

lunes, enero 06, 2014

Susurro

Noche de niebla que un susurro acuna
entre tus brazos de silencio adverso
que vaga por dentro en orden inverso
a las aguas negras de tu laguna.

Vigilia de una madrugada bruna,
espero y espero tus ojos, tu verso
en mi reflejo, tu iris en mi universo
acabando esta espera con fortuna.

Mañana, tarde y noche trae el viento
aromas de tu susurro, sentido 
en los besos que viven de tu aliento.

Pensando en tu regazo aún dormido
termino sin respirar lo que siento
perdurando tu abrazo en mi ruido.

sábado, diciembre 14, 2013

Musa

Aparece, cuando ella quiere. Se desvanece cada vez que lo desea dejando en mí una huella imborrable, teñida de vino, empapada en whisky de cuerpo oscuro y sabor a nube rallada. Cuando la deseo me observa en la distancia, espera en vigilia guardando mi sueño incauto, desvelándome de la noche con luces plateadas, oliendo a papel y tinta. Cuando no quiero verla se descuelga como una enredadera, acariciando mi alma con sus manos frías. Me abraza, me aprieta, me desarma, ¿me ama? Maldigo y maldigo en todas direcciones, hacia la brisa que marca su mirada, con carita de pena y sus ojos de gata. Se acelera y acelera, mi corazón enfermizo, vuelvo a mirar sus pupilas candentes y su sonrisa me derrite; acelera y acelera, mi latido insano, y vuelvo a maldecir. Ella lo nota y se separa, se aleja lentamente y mi corazón se parte, se deshace, se consume.

Inmóvil, agotado a suspiros, la veo alejarse, noto como sus manos me abandonan, la noche, el amanecer, los pierdo. Pierdo la tierra y pierdo el mar. Pierdo la luna, pierdo el paisaje, pierdo la arena sin sal, pierdo lo perdido y la vida empieza a estorbar. En segundos escapa de mis manos su piel, su cabello, su alma, todo entrelazado por los hilos del universo, cadenas de cielo destrenzadas que atan mi alma a este mundo; se aleja, me abandona y acelero y acelero pero casi no la siento. Me mira y sonríe, no lo pienso, dejo de sentir, no lo siento, aquel abrazo interminable mientras despliega sus alas.

No me sueltes nunca, voy pensando lentamente mientras recorro el camino que hay entre su puerta y mi cama. Intento grabar en mi cabeza la sensación de su tacto, sus ojos, su olor. Nervioso me oculto entre las mantas, mirando al techo con los ojos cerrados y todo es de colores. La luz me invade y el recuerdo de su sonrisa me vuelve acelerar, y antes de maldecir ella vuelve a mí, como siempre, cuando quiere, cuando lo desea, se retuerce entre mis brazos bendiciendo mi noche con su voz cálida y sosegada hasta que caigo rendido al más apacible de los sueños.

Asiduo a no conciliar el sueño en aquellas horas en que la madrugada se vuelve fría, despierto. Solo, olvidado en el ostracismo de mis sabanas y desorientado. Vuelvo a pensar en ella pero esta vez no viene a mí, la llamo ahora despierto y otras tantas en sueños, susurro su nombre a las paredes y dibujo con mis dedos su silueta con una lágrima de luz que entra por la ventana pero ella no aparece. Espero. Ella no aparece. Cansado vuelvo a cerrar los ojos y un dolor punzante se clava en mi pecho. Adicto a esta tristeza me resisto pero imágenes inundan mi mente, las palabras me abordan con fiereza y mi locura se vuelve cordura en el segundo en que todo cobra sentido.


El mundo deja de divagar y los grises se vuelven diáfanos, la inspiración, menos opaca, vuelve a venir punzando mi alma una y otra vez. Cuando acabo todo está en paz, la quietud de mis letras se establece en mi sangre y la inspiración me abandona. Vuelta a mi lecho respiro profundamente y atrás quedan folios escritos, recuerdos vividos y otros inventados. Queda en la retina la oscuridad de su piel, su rostro afable y sus alas blancas, con su aroma aún en mi nariz, su mirada dulce y perfecta aferrada a mi alma, hermosa y cariñosa, inseparable, irrompible inhalo paciencia a la espera de que la próxima noche tenga el deseo de volver a mí y con ella... mi felicidad.

viernes, noviembre 01, 2013

Falta de Talento

   No existe aquello que yo pueda escribir que no esté escrito ya, no hay letras, silabas, palabras, oraciones o versos que yo pueda inventar que no hayan sido inventados ya ni existen los compases o las melodías que no hayan sido compuestas o permanezcan sin descubrir dentro de un folio en blanco. No soy capaz de hacer aparecer de la nada y escribir, mejor dicho describir, las imágenes que transcurren por mi mente ahora mismo: la impotencia cubriéndome como una sombra tardía que me abraza en la sobremesa de una tarde soleada o este noviembre sin hojas en el suelo que me atenaza las articulaciones, la mirada perdida de un recuerdo devastador o la sonrisa inmensa de una noche de invierno. Son aquellas cosas que se pierden en mis escritos, en mis letras inútiles y desordenadas, hasta en las historias cotidianas que me dan forma y me unen.

   No puedo, sea por la falta de talento, sea por perder esa conexión que siempre tuve tan presente en el triángulo alma – mente – corazón, pero no puedo dejar plasmado aquello que siento en la punta de mis dedos cuando esa esencia está presente, cuando ese aroma a infancia y encanto me desarma por completo y me deja sin argumentos hasta el punto de ahogarme en un deseo que ni es bueno ni es recomendable. Sea por la falta de talento que mi mente ya no distingue entre cuartetos ni tercetos y los sonetos se quedaron vacíos ante la belleza y los sentimientos. Cuando la mente grita escapa y mi corazón (más de una vez reconstruido como un puzzle) me empuja a golpe de latido hacia un precipicio, una y otra vez, cuando miro a ese vacío indescriptible al filo del acantilado cuando más noto la ausencia de talento.

   No ceso en los intentos por conseguir aquello que me fue negado, si las musas ya no sirven, si el amor nunca fue suficiente. Primero he de reconocer que nunca tuve musas, y segundo, si ahora cuando cierro los ojos solo veo una mirada que me ahonda el alma y cuando respiro solo encuentro aroma a sonrisa y regalo, si ahora cuando escribo no puedo dejar atrás esa melena de color castaño es porque tengo en la retina cada rizo, cada onda, cada cabello, todo en imágenes grabado a desencanto en mis pupilas.

   No se trata del amor tampoco, de ese ente misterioso, desconocido, dañino y necesario. Siempre pensé que amar es como confesar un pecado y al mismo tiempo traicionar al mejor de los amigos, te alivia por completo pero te carga con el mayor de los pesares, destejer durante la noche lo tejido durante el día, anochecer sonriendo para amanecer entre lágrimas.

   No creo que lo consiga, puede que la edad me tenga enseñado, puede que mis errores sean la espina que hiere o que el peso a mis espaldas sea aquello que cortó mis alas o simplemente que mi obsesión sea más fuerte y yo más débil cada segundo, pero lo intento cada día.



lunes, octubre 21, 2013

Un regalo, una sonrisa

La vida da esas sorpresas. Aquellas que no esperas y ocurren en los momentos más inoportunos. Se evaporan como la tristeza tras una sonrisa incrédula pero aparecen. Cuando todo esta perdido y el mundo parece que te va a engullir con sus mandíbulas afiladas con el escalofrío de la noche, súbitamente todo cambia, quizás solo para no darnos la razón a aquellos que vivimos de la belleza, pasada y futura, de ese insomnio que es nuestro miedo más profundo, lleno de lagunas oscuras donde una luz efervescente titila en la lejanía demostrando que no hay más letargo del corazón que la poesía que emana de la misma vida. Aquella que es tan judía como cristiana.

Te sorprende, en mi caso, en forma de sonrisa, no de las que paran el tiempo (no más de ellas, ruego a Dios), si no de las que quitan el miedo, sonrisa inabarcable que decía Ismael (como siempre), que te dejan desarmado y cautivo ante un hecho irrefutable que es el latido del corazón más profundo, con una mirada perdida que te levanta el castigo de un invierno helado para empezar a sentir ese calor humano que creías desaparecido. Te sorprende. Una sonrisa, una sola sonrisa te sorprende lo suficiente como para no esperar a que tu cuerpo lo asimile, la sangre acelera y los pensamientos se confunden como un cielo nublado en los que aparece un halo de luz brillante y cuando piensas: “no te vayas nunca” tus palabras son aléjate de mi y cuando ya la noche se aclara y por primera vez siento que este amanecer no es robado mi alma se vuelve negra como un pozo seco.

La vida da esos regalos, puedes perder incluso esos momentos, el miedo que te supera, no decir en su momento: “este amanecer es para nosotros”, permitir que sonrisas desaparezcan pensando que el puñetero azar ya no hará que vuelva, pero a veces, solo a veces, esas ventanas se abren de nuevo pudiendo volver a ver esa sonrisa que aún no detiene el tiempo pero que acabará haciéndolo cuando esa mirada de aroma a café se funda en mis pupilas, y al tiempo que por primera vez, entre mis dedos se enreden sus rizos y su melena sea mi bandera hondeando al viento, entonces, esas manos finas y blancas se volverán abrazos, esos ojos color noche serán mi hogar y aquellas sonrisas seguirán limpiando mi alma mientras detrás de ellas siempre acabe un beso añorado y esperado con el mismo ansia que todas mis células desean volver a tener ese momento en el que una sonrisa me devolvió la fe.



viernes, junio 28, 2013

Buscando a la chica de anoche...

Hace mucho tiempo que no escribo sobre esto, realmente hace mucho que no escribo sobre nada. No sé cuánto tiempo habrá pasado desde la última vez que el tiempo me dio la oportunidad de pensar, de observar la eterna historia que siempre pasa frente a mis ojos pequeños y hastiados…

Fue tan sólo un segundo, quizás dos, lo que tardé en entrar hasta llegar a la barra, en el transcurso de ese pequeño instante yo ya me había percatado, ya había puesto mis ojos sobre ella; en ese pequeño momento yo ya me había vuelto a enamorar como lo hice muchos años atrás, sin saber cómo era, sin conocer ningún rasgo de su personalidad, ni siquiera como le gusta el café, pero yo ya estaba prendido, hundido por completo y embriagado en el magnetismo que ella desprendía. Se notaba el paso de los años (lo llevaba mejor que yo), pude advertir como el tiempo la había tratado bien, estaba mucho más hermosa, la piel un poco más oscura, el pelo lacio y rojizo como una luna de septiembre y mi corazón en sus manos.

Tardé una milésima en volver a divagar como cuando tenía veinte años, una pequeña parte de tiempo en la que soñé como si nada importara, soñé de nuevo con su piel, con interminables charlas a la luz de un mar brillante y acobijados por una noche eterna y al mismo tiempo efímera, soñé con sus labios hasta el amanecer de los amaneceres y con el paso del tiempo entre devenires de tristeza y alegría la imaginé con sesenta años envejecida a mi lado, la vi con ansiedad por amarme y me vi con dolor por no haber podido amarla.


Transcurrió ese momento y sus ojos se clavaron en mi alma, como años atrás lo hicieron, ese par de iris profundos que encadenan mi alma con cada mirada y al mismo tiempo son puñales que se hunden en mi espalda con toda la violencia que la realidad puede ofrecer, casi morí; permanecí allí, quieto, inamovible, admirándola por si no volvía a tener la oportunidad, pensando que mi cielo estaba entre sus manos y que en su regazo estaría mi hogar para toda la vida. Y como siempre, anhelando el calor de su vientre y noches de lunas incesantes, dejé que se marchará sabiendo que lo imposible hay veces que se vuelve real, con la mente puesta en versos que fluían como un torrente de metáforas cristalinas como el agua, pensando que esta historia no va a terminar aquí, que sólo acabará cuando el puñetero destino quiera hacerlo, mientras tanto, tonto, idiota y enamorado seguiré mirando la cara de la gente esperando ver en alguna de ellas  a la chica de anoche…

sábado, septiembre 04, 2010

Muros y piedras

Pensaba que levantando estos muros estaría a salvo; pensé (ignorante de mí) que entre estas cuatro paredes levantadas piedra a piedra de rencor, resentimiento y soledad estaría seguro. No colgué retratos ni fotografías, si quiera un cuadro de algún recuerdo todo lo dejé atrás, todo lo enterré para no convertirme en estatua de sal y entre cuatro paredes busqué redención.

Incauto de mí… pobre de mí…pensé que estaría a salvo pero las piedras dejan rendijas, los muros dejan grietas:



“Paseaba por mi cuarto, tocaba aquellas paredes rugosas y las sentía latir, notaba sus palpitaciones, creía estar a salvo entre los muros pero en la oscuridad se hizo un halo de luz, un fino hilo que entraba con una firmeza devastadora e inconmensurable, un rayito de esperanza que irrumpía para mi asombro, tan pequeño como la estrella de la que emanaba. Tardé poco tiempo en dormirme y entender que mis muros palpitaban, que las piedras no eran otra cosa que mi corazón latente donde permanezco encerrado; y al volver a ver tu rostro cálido y risueño entendí que tú eras la luz que poco a poco va encontrando rendijas en él, agrietando paulatinamente aquellas piedras (cicatrices) que apilé con tesón. Poco tardé en entender que eras la estrella pequeña, y al mismo tiempo tan grande que irradiaba tanta luz. Poco a poco los muros van cayendo, para desgracia mía, lentamente todo se desmorona y los fantasmas dan la cara, asoman retorcidos en mis pensamientos cuando te tengo delante… el silencio que me incendia el corazón al no poder decir aquellas palabras que deseo decir y que tropiezan una y otra vez con las paredes que levanté. Tras el silencio mis manos, heladas, que anhelan tocarte, acariciar tu cuerpo adolescente con la dulzura que guardé tanto tiempo para ti, mis brazos que se retuercen por no poder estrecharte bajo la oscuridad en un abrazo efímero y eterno, mi cuerpo entero que desea respirar los surcos de tu piel palmo a palmo. Tras mis manos y mi cuerpo mi boca que me odia por no besarte; mis labios germinados a base de la distancia que nos separa, entre los pensamientos que tengo y a los que hago caso; por no tenerte tendida en mi lecho adorando tu piel forjada en la fragua de mil soles ardientes, que no hace otra cosa que desearte como si volviera a ser un colegial febril y triste. Y tras mi boca mi mente que no deja de imaginarte dormida, inmaculada, hermosa, pequeña criatura, ver como te despiertas abriendo esos ojos grandes que me hipnotizan sin necesidad de mirarme mientras vienes hacia mí sonriente como un ángel caído, sin saber nunca aquello que piensas, sin dejar de ver versos y rimas constantes, poemas de amor que fluyen con la misma tristeza que el muro sobrevive entre nosotros. Mi mente sobrecargada porque sufre más que ama y llora más que quiere, tan sólo imaginando que te vuelvo abrazar una y otra vez mientras se eriza mi piel al acariciar tu vientre terso y asedado, pero…”

Amanece y a mí me vuelve a tocar ir a la cama, a ese lecho que tan grande se me hace y donde me siento tan solo, como dice Ismael: “más cansado y más viejo vuelvo a mi asiento”. Cierro los ojos y vuelvo a soñar contigo, que me agarras tan fuerte que la misma luna tiembla y de la yema de tus dedos se desprende una luz capaz de tirar abajo cualquier muro, y entre mis letras y mis sueños soy un poquito más feliz, aunque mañana cuando amanezca sé que volveré a estar a salvo entre los cuatro muros que hace años levante con la idea de que nunca escaparía de ellos, aunque de vez en cuando entre un rayito de luz y esperanza entre sus grietas, para mi desgracia.

jueves, septiembre 02, 2010

Re-volver a...

He vuelto a mi adolescencia, he vuelto a tener dieciocho años, a ser insensato. A pasar de la alegría a la tristeza en lo que tarda un suspiro en desvanecerse por el túnel de tu boca. A cambiar mi gesto cuando te veo pasar frente a mí, a buscar un resquicio de esperanza en tus manos pequeñas, deseables. He vuelto a sentir la fiebre pueril de un niño enamorado, ardiente y desesperado; a ver la luz cuando te recoges el pelo y regresar a la oscuridad cuando te apartas un mechón de tu rostro moreno e inmaculado. Vuelvo a escribir noche tras noche versos de amor empalagoso, renglones llenos de ilusiones, de cosas que mi silencio dice y que cada día me cuesta más callarme; vuelvo a recoger, una y otra vez, los trozos de mi pequeño corazón del suelo de la invisibilidad, esperando a que la luz me enfoque, a que tu corazón se aclare y veas mi alma al trasluz de una noche estrellada.

He vuelto a ser un crío, desde el primer día en que tus manos echaron abajo mis muros, he vuelto a ser un niño. Vuelvo a releer “Cien Años de Soledad” como en antaño, vuelvo a esconder la cabeza bajo mi manta mientras escucho canciones triste del eterno Ismael, queriendo olvidarme del mundo, de todo menos de ti; vuelvo a ser ese muchacho nervioso que al entrar te busca por los rincones (se ha “desbocao” la primavera), quien te mira desde la otra punta de la habitación a sabiendas de que seré la única persona que te amará en este mundo tan opaco y triste.

Ahora que la edad me dio sabiduría mi amor por ti me la ha quitado, la ha robado con descaro. Ahora que vuelvo a sentir un hormigueo, un terremoto en mis rodillas; volver a no dormir, a no comer como un quinceañero enfermo del amor más puro que existe, más candido y excelso. Ahora que vuelvo a estar en las sombras de un amor venidero, con el miedo a confesarte lo que mi corazón implora con la más cruda de las suplicas, ahora siento revivir mi ajado espíritu de nuevo. Siento como arde mi deseo en tu vientre, mi piel cuando me rozas, mis ojos cuando se pierden en el lunar de tu mejilla. Juego como un chaval enamoradizo a imaginar nuestro beso debajo de una luna tenue y acogedora, sueño a quererte toda la vida, sueño a tenerte entre mis brazos… pero cuando despierto no estás a mi lado y entonces vuelvo a ser yo, a sentirme anciano, viejo y triste.

Despierto y voy a tu encuentro, y una vez tras otra, una tras otra, al tenerte delante sólo te puedo mirar, mis labios se callan y mi corazón padece el más horrible de los silencios, la tortura de tenerte a un palmo, a sólo un te quiero de distancia, a un te necesito tan grande como la luna de Marzo y tan lejos como una eternidad adorándote en silencio; y entre las sombras, cansado de admirarte vuelvo a mi guarida a esconder mi vergüenza, el miedo que me supera.

jueves, abril 01, 2010

Silencio

Hay cosas que sólo el silencio puede decir, hay cosas que solo con la pausa de la voz, callado, con la mirada llorosa y un temblor en las manos, cosas que sólo te puedo decir cuando te miro… cuándo te darás cuenta de que te hablo con los ojos, que cada mirada es un te quiero, cada guiño un te necesito, que mi silencio es un no puedo vivir, un te has metido en mi mente destrozando muros y paredes, la pequeña fortaleza que tenía… que mi silencio es la fe, que mis manos sufren porque no te pueden acariciar y mis brazos hace tiempo que se declararon en rebeldía para buscar tu abrazo… que mi silencio es para ti la muestra de que todo está en ti, que mi calor será el tuyo y mi frío será sólo mío… mi silencio… será mi silencio las alas que te ayuden si me dejas, echaré a volar contigo a mis espaldas, no faltará una caricia… no te faltará un beso en la madrugada ni noche estrellada que te arrope en tu desvelo… no te faltará primavera si me dejas amar, no te faltará cariño de palabras (porque si algo tengo son mis letras), los poemas hablados por mi corazón serán para ti, no habrán días de lluvia ni tardes de cama para escapar del mundo porque no habrá mundo del que escapar, si me dejas… pequeña si me dejas haré que el mundo giré más despacio, más rápido, al revés… haré lo que me pidas porque lo que pidas tendrás… si dejas a mi silencio tenerte, poseerte, amarte, adorarte, tendrás el mundo para ti… echa a volar cariño, echa a volar conmigo que no tenerte me duele, que la incertidumbre me mata como un veneno ajeno que me consume, que ver tus labios a distancia es como una daga en mi vientre que se adentra poco a poco en mi carne… si me dejas, pequeña, si dejas a mi silencio explorar tu piel morena y limpia, palmo a palmo, centímetro a centímetro te adoraré como a una diosa griega, mi devoción será como la de Ulises a Penélope, te prometo no escuchar cantos de sirenas, mirar a princesas lejanas porque mi reino está en ti, en tu vientre ardiente, el la luna que tienes en el pecho, incandescente y hermosa, mi lecho estará siempre en tu regazo y mi amor será día a día el regalo más grande que un pobre hombre puede dar, tendrás la riqueza de mi cuerpo en la noche, y mis manos heladas en los días de verano, en tu tristeza yo seré bálsamo para tu alma, y en mi boca tendrás los besos que nunca a nadie di… si me dejas, pequeña, el cielo será siempre cobalto, zafiro o simplemente azul, desterraré al plata por ti y si es necesario desterraré de mi alma al eterno octubre y a su maldito otoño… tan sólo, pequeña, escucha mi silencio, escucha mi silencio, mi silencio… el silencio que tanto, tanto, tanto, tanto, tanto te va a dar

viernes, marzo 26, 2010

Primavera



Ya está aquí, llegó hace unos días, malvada, soleada y sonriente. La primavera entra por esa puerta grande con un letrero en el quicio que pone ALMA. El parte de daños ya es muy largo, aunque nada en comparación a lo que terminará siendo. Los cielos acabarán por despejarse, el sol tomará su trono en lo alto de un cielo azul (añoraré mi cielo plata) y el calor empezará a sofocar a los pobres seres humanos, ignorantes de la trampa que supone… El amor brillará, ya se ven parejas buscando en la nocturnidad de sus hormonas una farola rota, un portal, la callejuela oscura que les sirva de escudo para poder abrazarse y besarse con total impunidad amorosa.

Cada vez que llega esta época mi alma se sumerge en un sin fin de dilemas, un baile incongruente de sentimientos forjados en la fragua de la soledad más posesiva y violenta; siempre acabo por cometer los mismo errores, primavera tras primavera (dolor tras dolor, diría José Hierro) veo desde la ventana a mi dulce Carola deseando que el tiempo se quedara en la floración y los frutos nunca llegaran, pero nunca pasa eso.

Ahora, mi error está por ahí, seguramente con el corazón en carne viva, deseosa de unos brazos que la mantengan caliente mientras el siniestro frío de la primavera nos azota; yo, permanezco tras mi ventana vigilando, observando, admirando a esa pequeña mujer pasar un día tras otro tras el cristal de mis pupilas desgarradas y apretando, más y más, mi corazón en un puño: Oh! Triste desamor/ tristes penurias las del corazón… Ignorante ella de que mi corazón está dispuesto a cuidarla, a dar ese cariño que tanto ha luchado, a ser esclavo de una pasión que a perdido ya mil batallas, que está dispuesto, simplemente a ser un hombre enamorado de su sonrisa grande y blanca, de sus ojos que profundizan hasta la eternidad o de su mano ardiente y sincera. ¿Cómo pueden mentir unas manos? O cómo podría mentir el aroma de su cuello, a mezclas de viento y espuma de sal, a blanco azahar y regaliz que me lleva a mi niñez más febril y amorosa.

Dentro de tres meses, el amor se irá de mí… volveré a cerrar las puertas, a cubrir los muebles de mi alma con las viejas sábanas que una vez cubrieron mi cama y volveré a mi otoño con un verano de antelación… pensando en aquello que pudo ser y no fue, en aquellas manos, aquella mujer… en la sensación de sentirse enamorado y no correspondido, en la verdad universal de que el amor siempre te vence por mucho que quieras engañarlo… por mucho que quieras ser el apuntador de esta obra de teatro que se llama vida, más tarde o más temprano todos acabamos siendo actores.

jueves, marzo 11, 2010

Veleta

Era la tarde soleada. Algo de frío con mucho sol. Al mismo entrar el olor a café ya amenazaba mi nariz y la sensación de que algo iba a ocurrir era tan cierta como que el mundo gira y gira (gira corazón, gira corazón). En mi mente, tan sólo, la imagen de la primera luna de Marzo, aquella a la que tanto le cantó Lorca (gira corazón, gira corazón), hasta ahora no entendía su poema, nunca me había considerado una veleta mirando a un punto cardinal según el viento me deseara la buena nueva y lo cierto, es que nuca se trató de eso. “Viento del sur, / moreno, ardiente,” Al entrar entendí, a oscuras llamaba la melancolía a mis puertas, el pasado se hacía presente y la primavera me inundaba los pulmones, viento del sur...

Estabas tú, en un fondo bruno y hermoso, cambié de año, a una semana santa, en un garito muy recordado, donde solía encontrarme con Elton y cantar por Isma en las noches en las que andaba enamorado. La luna se escapaba de mis retinas mentales y la mi vista era para tus ojos, casi imperceptibles, las canciones surgen, los versos siguen y no basta tu tez morena y el cabello lleno de bucles para calmar el ansía de un alma que busca compañera en las noches de aguacero y camas vacías.

“Llegas sobre mi carne, / trayéndome semilla/ de brillantes” ay de tu luna, ay de mí, pensé. Al acercarte, la mano en mi espalda sin el corazón de Sabina pero con tus ojos de gata y la alcoba en la vista de un deseo irremediable. El escalofrío de un niño de quince años que recorre el cuerpo como un rayo y la luna cada vez más lejos y el amor cada vez más cerca, y yo, y tú, y tú y yo; todo enrevesado, todo rotando, todo girando frente a mí; frente a mí tu sonrisa que más vale un cielo tapado de negro que no ver tu sonrisa, tan amplia, tan azul, tan mar, y dice Isma: me duermo en tus ojos; yo me derrito en deseos vanos que se pierden en una boca tan bella como una “veleta”, y al tocarme, recordé, aquella mujer, aquella Santa Verónica con su manto a rastras y su eterna belleza que aún palpita en mis recuerdos, tanto me recuerdas; “aquella manos, aquella mujer, aquel invierno no paraba de llover…” y vértigo (me dije) que el mundo pare que ya estás sobre mi carne. “Miradas, empapado/ de azahares.” Y al irte, mantén las distancias, pequeño Ismael, sé cuervo por una vez, pero al cruzarte pensar que mas da, una mirada no hace daño (aunque si duele) para ver tu figura alejarse, tan dulce, tan hermosa, tan bella, tan…

Llegó la primavera y la sangre hierve, ahora entiendo a Lorca y comprendo el amor a su Luna, ahora entiendo que somos veletas, que cuando el escalofrío te golpea no se puede escapar, sólo señalar la dirección correcta y esperar a que todo lo intrincado se vuelva una línea que desdibuje maravillas en un cielo azul e inmenso, y que la espuma que llega a mi orilla sea salada y blanca, y mientras tanto “!Hazme caso! /gira, corazón; /gira, corazón.”

domingo, diciembre 27, 2009

Di mi nombre...

Di mi nombre, tan sólo di mi nombre como en un susurro que monta a lomos de un caballo hecho de viento; di mi nombre y tal vez mis secretos dejen de ser secretos, grita mi nombre, aúlla a la luna, llámame; y quizás deje de ser tan oscuro, y quizás deje de negar todo lo que soy, y quizás me puedas querer. Di mi nombre pequeño mar…que llega la hora bruja y vuelvo a la cama, piensa… piensa en alguien y que ese alguien sea yo y resuenen mis letras en tu boca; di mi nombre, como dulce poema, como verso en boca del viejo Márquez, y tal vez, mi cristal sea menos oscuro, y tal vez, cuando pases frente a mi ventana no sea sólo por un segundo, quizás si piensas un poco en mí se convierta en un mundo, en una vida, en la eternidad a tu lado, en un pequeño mar… en una pequeña Carola… pequeña y dulce…

Di mi nombre y seré feliz, dilo y entonces yo te haré feliz a ti, por el resto de tus días, despertaré un día tras otro, beso tras beso, abrazo tras abrazo miraré tu sonrisa y me volveré a enamorar como el día que te vi pasar por la ventana, una y mil veces me enamoraré de ti… pasaré el resto de mi vida escribiendo versos de amor sin rima, cantaré canciones sin armonía y guardaré mi vieja guitarra en el desván que hay entre tu pecho y tu ombligo, porque no habrán más placeres, no habrá nada más que no seas tú, no existe mujer más hermosa, recogeré los trastos que hay tirados por mi corazón enfermo, limpiaré todo para dejarte sitio dentro de él, enredaré mis dedos en tu pelo y te susurraré al oído que eres puro amor, que en el cielo de mi mundo interior tu eres la luna, si dijeras, ay!… si lo hicieras… pequeña mar…

domingo, noviembre 29, 2009

Yo sólo busco...

Yo sólo busco que esta noche sea nuestra, que mientras el mundo permanezca a oscuras todo sea nuestro, que el cielo me obedezca y el mar se arrodille ante mí para gobernar una Luna, una Luna grande, enorme y blanca para ponerla a tus pies mientras el viento te besa en la mejilla. Yo sólo quiero que una noche sea nuestra, que a nuestro paso desaparezcan las farolas y en medio de una caricia mi corazón se derrita en agua salada, que por una vez seamos la lluvia y no las gotas que caen. Sólo quiero que tu sonrisa ilumine un paisaje mientras lo pinto con mis palabras, que una noche sea de amor sin amor, y que tus ojos tan pequeñitos se vuelvan grandes en lo más hondo de mi alma. Sólo busco que Dios me dé una noche, que sea amo y señor del tiempo y el espacio, que tú seas la dama de mi corte, y que la oscuridad perduré durante unas horas.

Yo sólo pido que esta noche sea mía, que si tengo frío lo calme el calor de tus manos, que si tirito tus brazos me rodeen como un abrigo de belleza, y que si despierto empapado en sudor, me cuides, si tengo pesadillas me consueles, si lloro tú a mi lado y si sonrío seas feliz…. Yo sólo busco que esta noche sea nuestra, sólo quiero un milagro para que el sol me obedezca y tarde un poco en salir, que ya viene el rojo amanecer y sigo sin sentir que esta noche ha sido nuestra, sigo sin escribir cuando te sueño, sigo sin sentir el corazón latir al desnudo, sigo sin necesitar nada de ti, sólo quisiera que esta noche sea nuestra…

martes, noviembre 17, 2009

Amarillo


El viento me susurraba al oído que algo especial iba a pasar, el parque estaba precioso y mis zapatos hacían un leve sonido a crujido al pisar las hojas que caían a mí alrededor. Llegó noviembre y con él nuestro aniversario, llegó el frío que me dejaste en los huesos cuando te dije adiós; no quise, no deseaba pensar en ti, pero lo inevitable se hizo carne en una milésima. Las hojas revoloteaban a mi alrededor, y el cielo estaba rojo como tus labios, no quise pensar en ti pero pensé. Te vi, te vi sentada en aquel banco, absorta en tu libro de hojas arrugadas y con tu flor amarilla en el pelo. Todo era tormenta y sólo un halo de luz en tu cara, pero ahí permanecías quieta y majestuosa. Mi corazón se encendió, mis ojos se iluminaron y se fue el frío, dudé pero me acerqué, pero poco a poco todo se disipaba, y no quise pero seguí pensando en ti, recordé como iba a verte día tras día, siempre a distancia observando como nada te perturbaba, como te rizabas el cabello y te humedecías los labios, y no quise pero…

No quería, pero lo tuve que hacer, no lo deseaba pero el corazón me apretaba con tristeza y odio, pensé en ti, quién me lo iba a decir después de diez años. Recordé tu primeras palabras, viví de nuevo los besos por los pasillos, sentí otra vez las huidas buscando una farola rota, una noche de aguacero y una excusa para abrazarnos; volví a ser un niño en los brazos del amor más ardiente, con la inocencia tan intacta como el corte de tu falda. Volví a ser feliz y olvidé lo que vendría más tarde, se me olvidó que luego te irías y que mi vida se retorcería como una serpiente en un desierto, se borró de mi mente que vendría la rubia sin corazón, se me olvidó Portugal y se me fue Lisboa, mi querida Lisboa, se me olvido María y el reloj de la Gran Bretaña, y por un momento, sólo fuiste tú, sentada en tu banco, tan bella y tan hermosa que parecías una canción de Gardel, con tu flor amarilla en el pelo y tus ojos clavados en el libro ya desecho de tanto releerlo.

Y cuando me dejé llevar al deseo, cuando empecé a querer, cuando quise, me dí cuenta de que no eras tú, siquiera dije hola, se extrañó la chica seguro, pero no eras tú, y otra vez volví a mi corazón hecho trizas y se me escapó tu imagen serena, tu sonrisa y tus rizos, el aroma de tu piel a tango argentino y a playa del levante, y mientras volvía a mi mente el reloj, la Gran Bretaña, la Mari y la pepa, Lisboa y el corazón de la rubia, esbocé una sonrisa y la guardé en lo que pudo y no fue, a sabiendas de que el amor me debe una muy grande, conociendo a la hija del desamor que se llama Esperanza, y mientras no se caiga el cielo de vez en cuando iré al parque esperando encontrar una flor amarilla a lo lejos y un dolor en el corazón…

martes, octubre 27, 2009

Que llegue la noche

Deja esta noche tu ventana abierta, deja entornada la puerta de tu balcón para que suba de madrugada, para que pueda trepar por la pared de mis anhelos hasta tu alcoba, déjame entrar en la habitación de tus sueños y me acurruque en tu regazo mientras me acaricias la frente, y por fin poder dormir. Esta noche deja abierta la puerta de los paraísos más ocultos y yo me colaré sin que nadie me vea, oculto en la noche tan sólo para abrazarte mientras me tiendo en tu lecho, te leeré cuentos de amor para que encauces tu sueño y velaré como un vigía celestial para que nada perturbe tu sueño; si dejas abierto el balcón, al entrar te besaré el cabello y me quedaré a tu lado, apretaré tu mano hasta que se pierda el frío de los pies, te miraré mientras duermes y lucharé contra tus pesadillas, me transformaré en un caballero de resplandeciente armadura, mataré dragones y te salvaré de castillos tan altos como el cielo, y al alba, amor mío al alba (esto es de Aute), al alba desapareceré, antes de que abras los ojos, tus hermosos ojos, y cuando el amanecer te despierte con la dulzura con la que sonríes, verás un lirio en la almohada, la ventana abierta con las cortinas ondeando al aire y el aroma en el aire de un beso que se pierde lentamente a lo lejos…

viernes, julio 03, 2009

Miro

Mirarte,
a veces, es como mirar una gran luna blanca,
como ver una gran media luna que,
a veces, por un lado muestra su esplendor claro y su belleza iluminada, luna creciente, tan diáfana y esplendida; es como mirar tu rostro, es como imaginar tu sonrisa antes de que sonrías, soñar con una mirada tuya antes de que me mires con los ojos afables que nunca me pertenecerán, tu gesto con el labio que me emboba sin quererlo hasta que por un momento, incluso, espero que aparezcan dos enormes alas blancas de tu espalda como un ángel hermoso que escapa por la ventana dejando un silencio tranquilizador en el ambiente.

Mirarte, casi siempre, es como mirar la otra parte de la media luna, luna menguante, oscura y misteriosa, rodeada de tu cabello negro, sedoso e indomable, adormecido sobre tu seno ardiente y tu regazo acogedor. A veces, te miro y me siento seguro, y otras, te miro y me siento perdido, pero siempre vuelvo a ti. Es mirarte y escuchar a Gardel al son de tu latido, tu andar, tu serenidad y verte bailar, como una estrella en el universo que siempre destaca.

Mirarte, siempre, es como mirar la noche estrellada con sus miles de lunas y sus contadas estrellas, como encontrar una nube blanca en un cielo negro, y a pesar de no escuchar tu voz, de no compartir mi tiempo me basta con mirarte, me sobra con el milagro de contemplarte de vez en cuando, porque contigo la vida tiene otro sentido, cada aliento, cada segundo que paso admirando tu enorme belleza es felicidad que se adhiere a mi ser y a mi piel.

Mirarte, a veces, casi siempre y siempre, es como la voz de mudo o la mirada del ciego, es como si el imposible se hiciera presente, es como si la poesía cobrará vida en ti, simplemente es como mirar una luna grande y hermosa.

miércoles, julio 01, 2009

Isa

Ayer me recordaste lo que fue tenerte por un instante, me recordaste un beso a las tres de las madrugada, mis muletas en el suelo y tu sonrisa tan fina como la noche, ayer te vi, sentada en una cafetería, cerca de mi casa, mareando el café como hacías antes, sé que tú también me viste y por un segundo nuestras miradas se cruzaron, yo me miré los pies como hago siempre y seguí mi camino hasta mi coche, pero esos dos minutos que tardé fue como volver al pasado una vez más, volver al tenebre mundo de mis puñeteros recuerdos de los que ya me estoy cansando. Me recordaste aquella farola que parpadeaba sin cesar, mi primer beso y el calor de un abrazo que jamás he podido olvidar. Debería haberme acercado, preguntarte como te va la vida, si te has casado o tienes hijos, si te has convertido en la profesora que querías ser, si tú también sientes ese calor en las noches de domingo esperando a que llegue la eternidad del lunes. Decirte lo delgada que estás, y lo hermosa que sigues, quizás un: “joder Isa no has cambiado, estás igual de guapa que cuando te esperaba en la esquina de tu casa”. Decirte que fui un cabrón y que me perdones, que necesito que me perdones por puro egoísmo y por que tu recuerdo me atormenta, decirte que me despierto pensando muchos días que olvidarte fue mi gran error, que hay veces que pienso que eres el ángel maldito de Ariel Rot, y que cuando te veo siempre me vuelves a atrapar.

Camino al coche recordé aquella poesía en la esquina del metrópolis, si aquella noche te hubiera dicho que me abrazarás y no me soltarás nunca, que no me dejarás caer que no te quedarás quieta mientras me marchaba, si aquella noche me hubieras dicho volvamos al muro, volvamos a aquella noche mágica con el río de testigo y la noche de carabina y quizás ahora todo no sería un recuerdo, todo no sería unos ojos que se cruzan pensando que una vez nos conocimos, y nuestro amor perduraría en nosotros y no se perdería en un triste cruces de miradas.


miércoles, mayo 27, 2009

Nur

Entró como un torbellino, un haz de luz que encandilaba todo alrededor. Irrumpió como quien tiene la llave de todas las puertas del universo embriagando el ambiente con su sonrisa provocadora y su mirada inquietante. En el momento de abrirse la puerta, puta casualidad, sonaba la balada del despertador, puta canción, tantos recuerdos me evoca, tanta melancolía me trae al cuerpo y tanto desprecio me resuena en el oído, los ecos de vidas pasadas, años en los que yo era mejor, más niño eso sí, pero mejor. Años en los que escuchar a Ismael era descubrir un mundo y no sentir el más profundo de los pesares, años en los que tocar a una mujer era un logro y no una manera de curar mi ansiedad.

Se abrió la puerta y una parte de mi pasado entró por ella, con la canción, con los ojos y la sonrisa ni un segundo tardó en ir hacia mí, casi me arranca el brazo y el corazón para apartarme de mi viejo pinball, ahí estaba, en mi bar, en mi mundo, en el viejo y en el nuevo, con su lunar y su expresión afable y agradable. Me acarició la mejilla y sonrió, me miró fijamente y me abrazó. Un abrazo que entrañaba un universo, un abrazo que escondía nuestra lejanía y, al mismo tiempo, lo cerca que estábamos después de tantos años. Que guapo estás-. Dijo con su voz de mujer adulta, de persona sabia, mientras yo me ruborizaba por dentro, pensé: tú sí que estás hermosa; y lo estaba, más bella de lo que nunca había estado, y el abrazo seguía. Continuó hasta el final de mis días, el mundo no se paró, siguió girando pero todo desapareció, las paredes se volatilizaron, la gente se esfumó como una bruma vespertina y el horizonte apareció como un fantasma llenando aquel momento de magia, romanticismo y esplendor. La música siguió sonando.

Durante un momento te agarré fuerte, creo que no te diste cuenta, te apoyé contra mi pecho que siempre latió con normalidad y una extraña sensación me invadió, algo que había desterrado para siempre de mi interior y de mi vida, sentí felicidad, no sólo un cuerpo caliente, no sólo una persona a la que apreciaba, no sólo una amistad que perduraba a través del paso de los años que tanto mal me han hecho, sino que sentí cariñó, sentí amor, no el amor sentimental, no amor romántico, un amor fraternal, un amor de amigos que me llenó por completo y me hizo sonreír por primera vez en mucho tiempo, quizás demasiado. Después de un millar de besos en la mejilla el momento se grabó en mi cabeza como una fotografía, como un retrato bello y hermoso, lleno de colores y formas, una imagen que tardaré mucho en borrar.

domingo, abril 05, 2009

Ana


Hay muchos días en los que no puedo escribir, hay días que no sale nada de mí, que no ocurre nada o que simplemente la rutina me adormece la mente, la inspiración o cómo quiera que se llame el sitio de donde salen mis letras; pero entonces ocurre, ese momento mágico en el que sales del sopor, mejor dicho, en el que alguien inesperado te saca de él.

Ahí me encontraba, casi sólo, ensimismado en mi mundo, quizás pensaba en por qué no podía escribir o en lo aburrido que estaba y lo cansadas que habían sido estas últimas semanas, no distinguía las caras, solo unas luces, una mancha de colorido indescriptible y unas pupilas dilatadas que navegaban por mi mundo intrincado y a veces maravilloso, pero siempre solitario, y entonces la magia. En un segundo todo cambia y alguien se mete en tu mundo donde vas a olvidar para agarrarte bien fuerte y llevarte al suyo.

Entró como un huracán, devastándolo todo a su paso, arrasando mis defensas fortificadas a base de dolor y soledad, derribando muros impenetrables sin el menor esfuerzo y dentro de mi asombro veo su mechón de pelo ocultando uno de sus ojos y el otro visible, clavándose en mi subconsciente como una antorcha ardiendo, caliente y dolorosa, derrochando más belleza por aquel ojo de la que había en todo el lugar. Me vio, triste, sólo, casi derrumbado y me rescató, me acercó su mano, lo justo para poder oler a mezclas de tabaco y ron, el perfume del amor (para mí, claro). Alcé la mirada y me encontré con ella como quien se encuentra un cometa sobrevolando el cielo en una noche de verano calurosa y eterna, el mundo giró más deprisa y más deprisa, o quizás fue mi corazón el que se aceleró y de repente me dio la última estocada, me sonrío, sonrío como quien ve nacer a alguien, como quien se enamora por primera vez, como quien se despierta con el calor de un minúsculo rayito de sol en la mejilla, como quien abraza a alguien de madrugada, como quien roba un beso debajo de una farola en un día de lluvia, como quien… Los destellos de su sonrisa me encandilaron, y el brillo de sus ojos me calmaron y por primera vez en mucho tiempo no tuve nervios, el candor que emanaba me calmaban como un lexatín con vodka (esto va por ti pequeña), y me sentí feliz, con ella, por dos minutos de conversación, por unas risas que me devolvieron a la vida, por un chupito de Matusalén estupendo, por verte bailar y por un recuerdo que me acompañará durante mucho tiempo… Y ahora…Ahora como siempre a escribir, y a cada letra dolor… dolor de no haber preguntado más… de saber sólo un nombre en un mundo tan grande… y a seguir escribiendo pedacitos de mí… y a seguir buscando que alguien como tú aparezca… y que nunca más se valla… Y ahora a seguir escribiendo… tan solo con un nombre en un mundo tan grande…

lunes, marzo 09, 2009

Soñar, despertar y desear olvidar.


Nace el día, se muere la noche y con ella el sueño. Queda el recuerdo de lo vivido en la nocturnidad de mi cama, me desperezo, la sed me aprieta la garganta y al dar la vuelta el olor de otro cuerpo en el colchón atenaza mi olfato. Toco la almohada y anda sudada, me incorporo y un suave mareo me hace girar en sentido contrario al mundo y, entonces, aparece como un rayo, un impulso eléctrico que azota mis neuronas con violencia y vuelve el recuerdo de un sueño tenido. Se unen mi consciencia con mi subconsciente, mi mente se hace una con la realidad y lo irreal, y mi corazón se desangra como si le hubieran clavado miles de agujas una detrás de otra. Soñé contigo, con tus pequeños ojos marrones mirándome en lo alto de una montaña, vi tus manos rozándome el cuello en un desierto donde no hacía calor, y la arena era fría. Me besaste en un glaciar con nieve azul y verde, y que olía chocolate; vagaba por el sueño corriendo detrás de ti pero siempre escapabas de mí, pasabas de bosques amarillos a océanos salados de agua roja, saltabas por la luna de un lado a otro susurrando mi nombre mientras yo sentía como me ahogaba sin aire. De pronto aparecíamos en Roma sin coliseo, en París sin su torre o en Venecia con carreteras, sin agua, sin canales. Veía a través de ti, la trasparencia de tu vestido, y mientras mi amor se desagarraba de mi piel con un dolor insoportable te quedaste quieta. Inmóvil, imperecedera, hermosa, bella, inagotable y linda, y en un segundo dijiste adiós. Un adiós que fue como un alud de sentimientos que me sepultaron bajo una capa de nieve ardiente y dolorosa; y desperté.
Reconocí el olor en mi cama era el tuyo; reconocí tus ojos en el sueño eran los tuyos; reconocí todo lo que me llevaba a ti, y al terminar de recordar quise olvidar, porque sabía que todo había terminado sin tan siquiera empezar; quise olvidar que no quemar, el recuerdo de aquel sueño tan triste como hermoso, quise borrarte del mundo y encerrarte en mis sueños, así quizás ya no me volvería a sentir tan sólo, quizás le hubieras dado una triste oportunidad a mi viejo y magullado corazón, quizás te hubiera enseñado a sentir cosas que sólo yo puedo ver, cosas que yo sólo puedo sentir, quizás te hubiera enseñado a volar sin caerte o, quizás, te hubiera enseñado mi lugar secreto, te hubiera mostrado mi playa y las rocas donde viven los cangrejos y cuando golpea el mar es como si las nubes dijeran tu nombre. Pero. Siempre pero. Pero no habrá playa, ni habrá oportunidad, ni madrugadas en tus labios, ni ojos pequeños, ni olor en mi colchón ni habrá nada, tan sólo quedará éste sueño y el deseo de querer olvidarlo.


"El amor es la piedra que Sisifo empuja, el mundo el cascabel de un gato asustado, nadie nos avisó que amar es doler que crecer es aprender que para regresar y para casi todo es tarde y aquello que no fue nuestro más leal amante..."