martes, septiembre 02, 2014
Todo ha cambiado
lunes, enero 06, 2014
Susurro
sábado, diciembre 14, 2013
Musa
viernes, noviembre 01, 2013
Falta de Talento
lunes, octubre 21, 2013
Un regalo, una sonrisa
viernes, junio 28, 2013
Buscando a la chica de anoche...
sábado, septiembre 04, 2010
Muros y piedras
Incauto de mí… pobre de mí…pensé que estaría a salvo pero las piedras dejan rendijas, los muros dejan grietas:
“Paseaba por mi cuarto, tocaba aquellas paredes rugosas y las sentía latir, notaba sus palpitaciones, creía estar a salvo entre los muros pero en la oscuridad se hizo un halo de luz, un fino hilo que entraba con una firmeza devastadora e inconmensurable, un rayito de esperanza que irrumpía para mi asombro, tan pequeño como la estrella de la que emanaba. Tardé poco tiempo en dormirme y entender que mis muros palpitaban, que las piedras no eran otra cosa que mi corazón latente donde permanezco encerrado; y al volver a ver tu rostro cálido y risueño entendí que tú eras la luz que poco a poco va encontrando rendijas en él, agrietando paulatinamente aquellas piedras (cicatrices) que apilé con tesón. Poco tardé en entender que eras la estrella pequeña, y al mismo tiempo tan grande que irradiaba tanta luz. Poco a poco los muros van cayendo, para desgracia mía, lentamente todo se desmorona y los fantasmas dan la cara, asoman retorcidos en mis pensamientos cuando te tengo delante… el silencio que me incendia el corazón al no poder decir aquellas palabras que deseo decir y que tropiezan una y otra vez con las paredes que levanté. Tras el silencio mis manos, heladas, que anhelan tocarte, acariciar tu cuerpo adolescente con la dulzura que guardé tanto tiempo para ti, mis brazos que se retuercen por no poder estrecharte bajo la oscuridad en un abrazo efímero y eterno, mi cuerpo entero que desea respirar los surcos de tu piel palmo a palmo. Tras mis manos y mi cuerpo mi boca que me odia por no besarte; mis labios germinados a base de la distancia que nos separa, entre los pensamientos que tengo y a los que hago caso; por no tenerte tendida en mi lecho adorando tu piel forjada en la fragua de mil soles ardientes, que no hace otra cosa que desearte como si volviera a ser un colegial febril y triste. Y tras mi boca mi mente que no deja de imaginarte dormida, inmaculada, hermosa, pequeña criatura, ver como te despiertas abriendo esos ojos grandes que me hipnotizan sin necesidad de mirarme mientras vienes hacia mí sonriente como un ángel caído, sin saber nunca aquello que piensas, sin dejar de ver versos y rimas constantes, poemas de amor que fluyen con la misma tristeza que el muro sobrevive entre nosotros. Mi mente sobrecargada porque sufre más que ama y llora más que quiere, tan sólo imaginando que te vuelvo abrazar una y otra vez mientras se eriza mi piel al acariciar tu vientre terso y asedado, pero…”
Amanece y a mí me vuelve a tocar ir a la cama, a ese lecho que tan grande se me hace y donde me siento tan solo, como dice Ismael: “más cansado y más viejo vuelvo a mi asiento”. Cierro los ojos y vuelvo a soñar contigo, que me agarras tan fuerte que la misma luna tiembla y de la yema de tus dedos se desprende una luz capaz de tirar abajo cualquier muro, y entre mis letras y mis sueños soy un poquito más feliz, aunque mañana cuando amanezca sé que volveré a estar a salvo entre los cuatro muros que hace años levante con la idea de que nunca escaparía de ellos, aunque de vez en cuando entre un rayito de luz y esperanza entre sus grietas, para mi desgracia.
jueves, septiembre 02, 2010
Re-volver a...
He vuelto a ser un crío, desde el primer día en que tus manos echaron abajo mis muros, he vuelto a ser un niño. Vuelvo a releer “Cien Años de Soledad” como en antaño, vuelvo a esconder la cabeza bajo mi manta mientras escucho canciones triste del eterno Ismael, queriendo olvidarme del mundo, de todo menos de ti; vuelvo a ser ese muchacho nervioso que al entrar te busca por los rincones (se ha “desbocao” la primavera), quien te mira desde la otra punta de la habitación a sabiendas de que seré la única persona que te amará en este mundo tan opaco y triste.
Ahora que la edad me dio sabiduría mi amor por ti me la ha quitado, la ha robado con descaro. Ahora que vuelvo a sentir un hormigueo, un terremoto en mis rodillas; volver a no dormir, a no comer como un quinceañero enfermo del amor más puro que existe, más candido y excelso. Ahora que vuelvo a estar en las sombras de un amor venidero, con el miedo a confesarte lo que mi corazón implora con la más cruda de las suplicas, ahora siento revivir mi ajado espíritu de nuevo. Siento como arde mi deseo en tu vientre, mi piel cuando me rozas, mis ojos cuando se pierden en el lunar de tu mejilla. Juego como un chaval enamoradizo a imaginar nuestro beso debajo de una luna tenue y acogedora, sueño a quererte toda la vida, sueño a tenerte entre mis brazos… pero cuando despierto no estás a mi lado y entonces vuelvo a ser yo, a sentirme anciano, viejo y triste.
Despierto y voy a tu encuentro, y una vez tras otra, una tras otra, al tenerte delante sólo te puedo mirar, mis labios se callan y mi corazón padece el más horrible de los silencios, la tortura de tenerte a un palmo, a sólo un te quiero de distancia, a un te necesito tan grande como la luna de Marzo y tan lejos como una eternidad adorándote en silencio; y entre las sombras, cansado de admirarte vuelvo a mi guarida a esconder mi vergüenza, el miedo que me supera.
jueves, abril 01, 2010
Silencio
viernes, marzo 26, 2010
Primavera
Ya está aquí, llegó hace unos días, malvada, soleada y sonriente. La primavera entra por esa puerta grande con un letrero en el quicio que pone ALMA. El parte de daños ya es muy largo, aunque nada en comparación a lo que terminará siendo. Los cielos acabarán por despejarse, el sol tomará su trono en lo alto de un cielo azul (añoraré mi cielo plata) y el calor empezará a sofocar a los pobres seres humanos, ignorantes de la trampa que supone… El amor brillará, ya se ven parejas buscando en la nocturnidad de sus hormonas una farola rota, un portal, la callejuela oscura que les sirva de escudo para poder abrazarse y besarse con total impunidad amorosa.
Cada vez que llega esta época mi alma se sumerge en un sin fin de dilemas, un baile incongruente de sentimientos forjados en la fragua de la soledad más posesiva y violenta; siempre acabo por cometer los mismo errores, primavera tras primavera (dolor tras dolor, diría José Hierro) veo desde la ventana a mi dulce Carola deseando que el tiempo se quedara en la floración y los frutos nunca llegaran, pero nunca pasa eso.
Ahora, mi error está por ahí, seguramente con el corazón en carne viva, deseosa de unos brazos que la mantengan caliente mientras el siniestro frío de la primavera nos azota; yo, permanezco tras mi ventana vigilando, observando, admirando a esa pequeña mujer pasar un día tras otro tras el cristal de mis pupilas desgarradas y apretando, más y más, mi corazón en un puño: Oh! Triste desamor/ tristes penurias las del corazón… Ignorante ella de que mi corazón está dispuesto a cuidarla, a dar ese cariño que tanto ha luchado, a ser esclavo de una pasión que a perdido ya mil batallas, que está dispuesto, simplemente a ser un hombre enamorado de su sonrisa grande y blanca, de sus ojos que profundizan hasta la eternidad o de su mano ardiente y sincera. ¿Cómo pueden mentir unas manos? O cómo podría mentir el aroma de su cuello, a mezclas de viento y espuma de sal, a blanco azahar y regaliz que me lleva a mi niñez más febril y amorosa.
Dentro de tres meses, el amor se irá de mí… volveré a cerrar las puertas, a cubrir los muebles de mi alma con las viejas sábanas que una vez cubrieron mi cama y volveré a mi otoño con un verano de antelación… pensando en aquello que pudo ser y no fue, en aquellas manos, aquella mujer… en la sensación de sentirse enamorado y no correspondido, en la verdad universal de que el amor siempre te vence por mucho que quieras engañarlo… por mucho que quieras ser el apuntador de esta obra de teatro que se llama vida, más tarde o más temprano todos acabamos siendo actores.
jueves, marzo 11, 2010
Veleta
Estabas tú, en un fondo bruno y hermoso, cambié de año, a una semana santa, en un garito muy recordado, donde solía encontrarme con Elton y cantar por Isma en las noches en las que andaba enamorado. La luna se escapaba de mis retinas mentales y la mi vista era para tus ojos, casi imperceptibles, las canciones surgen, los versos siguen y no basta tu tez morena y el cabello lleno de bucles para calmar el ansía de un alma que busca compañera en las noches de aguacero y camas vacías.
“Llegas sobre mi carne, / trayéndome semilla/ de brillantes” ay de tu luna, ay de mí, pensé. Al acercarte, la mano en mi espalda sin el corazón de Sabina pero con tus ojos de gata y la alcoba en la vista de un deseo irremediable. El escalofrío de un niño de quince años que recorre el cuerpo como un rayo y la luna cada vez más lejos y el amor cada vez más cerca, y yo, y tú, y tú y yo; todo enrevesado, todo rotando, todo girando frente a mí; frente a mí tu sonrisa que más vale un cielo tapado de negro que no ver tu sonrisa, tan amplia, tan azul, tan mar, y dice Isma: me duermo en tus ojos; yo me derrito en deseos vanos que se pierden en una boca tan bella como una “veleta”, y al tocarme, recordé, aquella mujer, aquella Santa Verónica con su manto a rastras y su eterna belleza que aún palpita en mis recuerdos, tanto me recuerdas; “aquella manos, aquella mujer, aquel invierno no paraba de llover…” y vértigo (me dije) que el mundo pare que ya estás sobre mi carne. “Miradas, empapado/ de azahares.” Y al irte, mantén las distancias, pequeño Ismael, sé cuervo por una vez, pero al cruzarte pensar que mas da, una mirada no hace daño (aunque si duele) para ver tu figura alejarse, tan dulce, tan hermosa, tan bella, tan…
Llegó la primavera y la sangre hierve, ahora entiendo a Lorca y comprendo el amor a su Luna, ahora entiendo que somos veletas, que cuando el escalofrío te golpea no se puede escapar, sólo señalar la dirección correcta y esperar a que todo lo intrincado se vuelva una línea que desdibuje maravillas en un cielo azul e inmenso, y que la espuma que llega a mi orilla sea salada y blanca, y mientras tanto “!Hazme caso! /gira, corazón; /gira, corazón.”
domingo, diciembre 27, 2009
Di mi nombre...
Di mi nombre y seré feliz, dilo y entonces yo te haré feliz a ti, por el resto de tus días, despertaré un día tras otro, beso tras beso, abrazo tras abrazo miraré tu sonrisa y me volveré a enamorar como el día que te vi pasar por la ventana, una y mil veces me enamoraré de ti… pasaré el resto de mi vida escribiendo versos de amor sin rima, cantaré canciones sin armonía y guardaré mi vieja guitarra en el desván que hay entre tu pecho y tu ombligo, porque no habrán más placeres, no habrá nada más que no seas tú, no existe mujer más hermosa, recogeré los trastos que hay tirados por mi corazón enfermo, limpiaré todo para dejarte sitio dentro de él, enredaré mis dedos en tu pelo y te susurraré al oído que eres puro amor, que en el cielo de mi mundo interior tu eres la luna, si dijeras, ay!… si lo hicieras… pequeña mar…
domingo, noviembre 29, 2009
Yo sólo busco...
Yo sólo pido que esta noche sea mía, que si tengo frío lo calme el calor de tus manos, que si tirito tus brazos me rodeen como un abrigo de belleza, y que si despierto empapado en sudor, me cuides, si tengo pesadillas me consueles, si lloro tú a mi lado y si sonrío seas feliz…. Yo sólo busco que esta noche sea nuestra, sólo quiero un milagro para que el sol me obedezca y tarde un poco en salir, que ya viene el rojo amanecer y sigo sin sentir que esta noche ha sido nuestra, sigo sin escribir cuando te sueño, sigo sin sentir el corazón latir al desnudo, sigo sin necesitar nada de ti, sólo quisiera que esta noche sea nuestra…
martes, noviembre 17, 2009
Amarillo

El viento me susurraba al oído que algo especial iba a pasar, el parque estaba precioso y mis zapatos hacían un leve sonido a crujido al pisar las hojas que caían a mí alrededor. Llegó noviembre y con él nuestro aniversario, llegó el frío que me dejaste en los huesos cuando te dije adiós; no quise, no deseaba pensar en ti, pero lo inevitable se hizo carne en una milésima. Las hojas revoloteaban a mi alrededor, y el cielo estaba rojo como tus labios, no quise pensar en ti pero pensé. Te vi, te vi sentada en aquel banco, absorta en tu libro de hojas arrugadas y con tu flor amarilla en el pelo. Todo era tormenta y sólo un halo de luz en tu cara, pero ahí permanecías quieta y majestuosa. Mi corazón se encendió, mis ojos se iluminaron y se fue el frío, dudé pero me acerqué, pero poco a poco todo se disipaba, y no quise pero seguí pensando en ti, recordé como iba a verte día tras día, siempre a distancia observando como nada te perturbaba, como te rizabas el cabello y te humedecías los labios, y no quise pero…
No quería, pero lo tuve que hacer, no lo deseaba pero el corazón me apretaba con tristeza y odio, pensé en ti, quién me lo iba a decir después de diez años. Recordé tu primeras palabras, viví de nuevo los besos por los pasillos, sentí otra vez las huidas buscando una farola rota, una noche de aguacero y una excusa para abrazarnos; volví a ser un niño en los brazos del amor más ardiente, con la inocencia tan intacta como el corte de tu falda. Volví a ser feliz y olvidé lo que vendría más tarde, se me olvidó que luego te irías y que mi vida se retorcería como una serpiente en un desierto, se borró de mi mente que vendría la rubia sin corazón, se me olvidó Portugal y se me fue Lisboa, mi querida Lisboa, se me olvido María y el reloj de
Y cuando me dejé llevar al deseo, cuando empecé a querer, cuando quise, me dí cuenta de que no eras tú, siquiera dije hola, se extrañó la chica seguro, pero no eras tú, y otra vez volví a mi corazón hecho trizas y se me escapó tu imagen serena, tu sonrisa y tus rizos, el aroma de tu piel a tango argentino y a playa del levante, y mientras volvía a mi mente el reloj,
martes, octubre 27, 2009
Que llegue la noche
viernes, julio 03, 2009
Miro
miércoles, julio 01, 2009
Isa
miércoles, mayo 27, 2009
Nur
domingo, abril 05, 2009
Ana
lunes, marzo 09, 2009
Soñar, despertar y desear olvidar.
Nace el día, se muere la noche y con ella el sueño. Queda el recuerdo de lo vivido en la nocturnidad de mi cama, me desperezo, la sed me aprieta la garganta y al dar la vuelta el olor de otro cuerpo en el colchón atenaza mi olfato. Toco la almohada y anda sudada, me incorporo y un suave mareo me hace girar en sentido contrario al mundo y, entonces, aparece como un rayo, un impulso eléctrico que azota mis neuronas con violencia y vuelve el recuerdo de un sueño tenido. Se unen mi consciencia con mi subconsciente, mi mente se hace una con la realidad y lo irreal, y mi corazón se desangra como si le hubieran clavado miles de agujas una detrás de otra. Soñé contigo, con tus pequeños ojos marrones mirándome en lo alto de una montaña, vi tus manos rozándome el cuello en un desierto donde no hacía calor, y la arena era fría. Me besaste en un glaciar con nieve azul y verde, y que olía chocolate; vagaba por el sueño corriendo detrás de ti pero siempre escapabas de mí, pasabas de bosques amarillos a océanos salados de agua roja, saltabas por la luna de un lado a otro susurrando mi nombre mientras yo sentía como me ahogaba sin aire. De pronto aparecíamos en Roma sin coliseo, en París sin su torre o en Venecia con carreteras, sin agua, sin canales. Veía a través de ti, la trasparencia de tu vestido, y mientras mi amor se desagarraba de mi piel con un dolor insoportable te quedaste quieta. Inmóvil, imperecedera, hermosa, bella, inagotable y linda, y en un segundo dijiste adiós. Un adiós que fue como un alud de sentimientos que me sepultaron bajo una capa de nieve ardiente y dolorosa; y desperté.
Reconocí el olor en mi cama era el tuyo; reconocí tus ojos en el sueño eran los tuyos; reconocí todo lo que me llevaba a ti, y al terminar de recordar quise olvidar, porque sabía que todo había terminado sin tan siquiera empezar; quise olvidar que no quemar, el recuerdo de aquel sueño tan triste como hermoso, quise borrarte del mundo y encerrarte en mis sueños, así quizás ya no me volvería a sentir tan sólo, quizás le hubieras dado una triste oportunidad a mi viejo y magullado corazón, quizás te hubiera enseñado a sentir cosas que sólo yo puedo ver, cosas que yo sólo puedo sentir, quizás te hubiera enseñado a volar sin caerte o, quizás, te hubiera enseñado mi lugar secreto, te hubiera mostrado mi playa y las rocas donde viven los cangrejos y cuando golpea el mar es como si las nubes dijeran tu nombre. Pero. Siempre pero. Pero no habrá playa, ni habrá oportunidad, ni madrugadas en tus labios, ni ojos pequeños, ni olor en mi colchón ni habrá nada, tan sólo quedará éste sueño y el deseo de querer olvidarlo.
"El amor es la piedra que Sisifo empuja, el mundo el cascabel de un gato asustado, nadie nos avisó que amar es doler que crecer es aprender que para regresar y para casi todo es tarde y aquello que no fue nuestro más leal amante..."