domingo, diciembre 29, 2013
Volver a llegar tarde
martes, diciembre 24, 2013
Ilusión, milagros y fantasmas
viernes, noviembre 01, 2013
Falta de Talento
martes, septiembre 03, 2013
Nana de Sirena
jueves, agosto 01, 2013
Mecida por el Viento
mecidas por el viento,
si cierro los ojos
casi puedo sentir
el aroma a recuerdo.
Veo caer su ramaje
para volver a levantar
su alma verde y brillante.
Sin encomio ni recompensa
solo equilibrio incesante.
Oigo las hojas bailar
para permanecer quietas
un solo instante,
y entre medias,
en su dulce vaivén
resuena, leve, la caricia
de una brisa itinerante.
Siento paz y al desastre
alejarse.
viernes, abril 26, 2013
Rabia
martes, abril 23, 2013
Mentiras
martes, septiembre 29, 2009
El otoño de un guerrero

sábado, septiembre 12, 2009
Un año más...
domingo, mayo 31, 2009
Primero fue...
jueves, mayo 21, 2009
Dolor, Odio, Tristeza, Amor
domingo, mayo 10, 2009
La Noria
domingo, abril 19, 2009
Pelo Rojo, Esperanza Roja

Las noches trascurrían vivas, llenas e infinitas, todo parecía eterno, todo era etéreo, cristalino, tu pelo teñía con su rojo el cielo constipado de estrellas luminosas y grandes, sonaba Elvis en el coche, y con su Love Me Tender nos metíamos mano con la indecencia de quinceañeros, el verano nos abrasaba la piel y la desnudez nos hacía vibrar en el río, todo era perfecto, tus ojos gritando al cielo y tu risa recorriendo las calles vacías, yo me sentía inmortal al tocarte y parecía volar en espiral con cada beso, tú, tremenda y guapa, tan bella que a cada momento que pasaba me parecía verte levitar, alzándote hacia tu olimpo como una diosa griega. Eran días que ahora recuerdo sin poder evitar llorar de amargura, verte sonreír era el oxigeno y los paseos, las noches tumbados en la hierba era el agua, no hacia falta comer sólo vivir en tus caricias, mirarte desde lejos y sentir que el mundo giraba en la palma de mi mano, y a cada lágrima se le unía un suspiro, una esperanza de que todo era posible, de que la esperanza existe más allá de lo que nuestra mente podía imaginar. Y cuando nuestra piel se hacía una, el cielo y la tierra se disolvían en uno con el cántaro mágico de Iris y sus alas doradas, veíamos el océano en la panza de una piedra y el amor en cada esquina y los besos en cualquier sitio, retozar en la playa y la arena en los bolsillos, todo valía, todo era posible, después llegó el nubarrón y todo se fue con la lluvia.

sábado, abril 11, 2009
El Andén
miércoles, marzo 18, 2009
Junto a las oliveras,
viernes, marzo 06, 2009
Mi Querida Lisboa II
- De dónde vienes?- me preguntaste.
- Tan sólo estoy huyendo.-
Me abrazaste sin más, ni una explicación ni una palabra, tan sólo la expresión de mis ojos y mientras me abrías el corazón para que yo pudiera esconderme en él me hiciste feliz sin saberlo; aquella noche trabajé en el local hasta media noche, después de cerrar, paseamos por Lisboa, por el puerto oliendo a pescado, tomamos café en un parque...
-Dónde dormirás hoy?
-No lo sé, da igual, demasiado has hecho ya por mí.
Me cogiste la mano y la apretaste contra tu pecho, seguimos paseando hasta tu casa, el calor abrumaba. Mientras me preparabas la ducha yo miraba las fotos del salón, la noche siguió. Conseguí dormir, pero pronto volvieron, las pesadillas, aquellas de las que huía, y en medio del fragor de la batalla, tú piel. Sentí tú piel, fina y suave, el calor de tu piel abrazándome con ternura, su pierna encima de la mía, el sudor de sus muslos y el olor a mujer me descompusieron el alma.
De qué huyes?-
Sólo busco paz- Le contesté entre suspiros.
Encuéntrala en mi boca-
Encuéntrala en mi boca me dijo, y así lo hice, encontré la paz y la vida. Ahí me encontraba frente a la ventana, Lisboa a mis pies y pensando que todo era un sueño pero una voz me sacó del naufragio, la misma canción, la misma voz, corrí hacia la cocina y allí la encontré preparando el desayuno, mi paz, mi felicidad.
-Deja eso- le dije.-Ven aquí, ven a la cama.
Y allí permanecimos, quietos, invencibles, mirándonos a los ojos casi sin respirar y con el ansía de buscar el amor en dos almas desconocidas. Pasaron los días y quedaron las noches, cada una mejor que la anterior, cada beso más intenso que el anterior, las noches de amor se sucedían y Lisboa nos contemplaba como la luna contempla el mundo desde su trono imperecedero. Quedaron nuestras marcas en las sábanas del colchón y el amor en la paradoja de nuestra necesidad, quedó nuestro cariño como una bandera en terreno virgen, quedó mi soledad allí como su saliva en mis labios, como el recuerdo de su canción en mi oído, como mi huída se quedó en mi querida Lisboa.
sábado, febrero 21, 2009
Querida Lisboa
Estos últimos días no he podido escribir, llevo varios días sin encontrar algo que me motive, llevo varios días dándole vueltas a la cabeza, pensando y recordando, organizando el desván de mis recuerdos, porque ya va siendo hora de ir quitando varios que no merece la pena tener. Hablando con una amiga encontré un recuerdo que tenía ya olvidado. Recordé mi Lisboa, mi querida Lisboa, la casa de fados donde tanto reí y bebí, recuerdo mi plaza de la libertad, mi puerto, el barrio de alfhama donde se podía oír el canto de una mujer desde cualquier rincón; admirar el cielo azul en la universidad de Coimbra, casi tan parecido como el azul plateado de
Ahora todo ha cambiado, mi vida volvió a la normalidad, no volví a amar de nuevo, ahora el cielo no es azul ni claro ni transparente, ahora se ha vuelto gris y opaco, ahora me vuelvo a perder dentro de mi cama y cada noche vuelvo a sentirme sólo, tanto que ya se me ha borrado el cántico de aquella mujer, sus ojos, su rostro, y sus vestidos elegantes, se me fue el sabor del oporto en mi lengua y mis labios están ajados y cortados, porque he perdido la práctica de besar a media noche. No sé por qué, siempre que no puedo escribir, que no encuentro la musa que necesito, una parte de mí vuelve a Lisboa, a sus noches frescas, a sus luces y sus olores, a su cultura ancestral, a sus paredes viejas y las historias de amor que corretean por sus callejuelas; pero, siempre acabo volviendo aquí, siempre vuelvo a escribir, siempre vuelvo a mi soledad y a mi rutina, olvidando que una vez estuve allí, que una vez viví, que una vez, por unos días, renací.