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domingo, diciembre 29, 2013

Volver a llegar tarde

Estás serán las últimas palabras que escribiré este año. Romperé la regla de hacer balance y resumir todo aquello que aconteció este año, prefiero quemar con fuegos azules sobre el papel mi último recuerdo, para decir adiós a este año que ha convertido en costumbre que la vida no mejoré.

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Abrí la ventana despacio, ya era muy tarde, para que el ruido no despertara a nadie. Hacía frío a pesar de no sentirlo, me apoyé en el quicio de la ventana y encendí un cigarro. La noche estaba tan clara, llena de purpurina azul brillando a lo lejos, tan hermosa que me sentí muy pequeño. No quería recordar o analizar aquella noche, solo olvidar. Miraba como mi cigarro se iba consumiendo poco a poco y como avanzaba el ámbar, tan lento, tan suave, volví a pensar en tantas cosas. Años hacía que no me sentía así. Mucho tiempo, no contabilizado, en el que no lloraba. Volvió a mí, calada a calada, aquella inseguridad, esos 15 o 16 años, cuando el mundo me aterraba, volví a sentirme aquella persona solitaria y mientras el humo se desvanecía grisáceo por la ventana todos mis logros y mi experiencia, mis fracasos y mis dolencias no sirvieron de nada.

Asumía por momentos que me gustaría ser esa ventana, estar allí contemplando el mundo pasar, siempre con vistas a aquel cielo hermoso y grande, pero respirar me hacia aquello imposible. Acabé mi cigarro y regresé a mi cama, el lugar donde siempre acabo. Continuaba sintiéndome aquel crío, impaciente y tierno, que empañaba los cristales para no reflejarse en ellos y se escudaba en las canciones de los cantautores de turno. Me cubrí con el edredón y pensé que llegar tarde a todos los sitios podría ser no ya mi culpa, ni culpa de la vida, más bien que hay personas que están destinadas a llegar tarde siempre.

Cerré los ojos y me imaginé unos ojos grandes dentro de una luna inmensa con una sonrisa que no tenía fin, y pensé que importa llegar tarde o a tiempo, si siempre que llego no hay nada en el lugar al que voy. Robé unos versos de una canción: “Si yo fuera una ventana y tu la lluvia que lavara mi dolor” y de verdad que quise ser aquella ventana, pero acabe por ser el dolor.

Y entre tanta tristeza, mirando el reloj, ya sabía que volvería a llegar tarde, intenté con todas mis fuerzas ir hacia aquel sitio en donde con observar me bastaba, en que una melena rizada era todo mi deseo pero no resultó. Y como siempre sospeché, nunca supe retirarme a tiempo, pero cerrar recuerdos se me daba casi también como encontrar almas apenadas en las barras de los bares.

Y en el último intento, en ese justo instante en el que tantas veces tuve que pedir perdón, por sentir el amor que siento, tan obsoleto y anticuado, donde en cada disculpa se me iba un pedazo de corazón, sin llegar siquiera ese abrazo o el beso maldecido que me liberara del hastío incrédulo y de las noches solitarias, acababa por volver a las cicatrices que me persiguen disfrazándose de pasado, sin balcones de ojos de gata y sin flores de un día que no lloraban, que no dolían.


Conseguí dormir, creo. Intenté soñar, con aquellos brazos llenos de fuego, sabiendo que había perdido aquel alivio que nunca volveré a tener. Entre sueños, pensaría que soy el dramatismo en persona, y seguro que allí volví a escribir poemas, algunos con tu nombre, pero todos sobre ti, pasaría la noche lejos de tu regazo y llegaría el día, a sabiendas de que mañana volvería a llegar tarde.  

martes, diciembre 24, 2013

Ilusión, milagros y fantasmas

De cristal opaco, soplado con dulzura al más dulce de los fuegos, están hechas las ilusiones, llegan hasta el agujero donde se guardo las noches con etiqueta de olvido, puesta en rojo y anudadas con una cuerda de guitarra hecho de cabellos negros. Es esa ilusión que guardo en el fondo del corazón con el color oscuro de mis lágrimas que serpentean y retuercen mis palabras, tanta luz en mi cabeza, tanta poesía en mis labios y no sé por qué sigo bebiendo de los atardeceres sombríos. Será mi corazón ese agujero donde arrojo todo aquello que ya no necesito esperando que un milagro ocurra algún día, que la noche cambie de opinión y mi alma se haga diurna o mis lágrimas diáfanas.

Son todos esos fantasmas, los que viven y los que no, dentro de mi armario, algunos perdidos bajo mi cama, otros viven dentro de ella, pero los que asustan son los que tengo bajo la piel, sintiendo en cada latido mis oscuridades, pesadillas, miedos y fracasos. De ellos aprendí a ocultar mis cicatrices, aprendí a huir en amores fracasados, y a veces, siento, que todavía, amor mío, tengo ese demonio en el hombro.

A medias, sé que vivo entre ese mundo de fantasmas y cicatrices, inseparable el uno del otro. Alimentados unos por ilusión, los otros por el amor, todo el que desperdicio, todo el que se escapa en el vertedero al que una vez llamé corazón. Siendo especial, de vez en cuando, amante algunas noches y otras simplemente la carnaza para mis tropiezos.


Siempre anochece, y mientras sea así, siempre tendré un lugar donde volver, siempre estará ese mundo donde puedo cerrar los ojos y todo es especial. Al pasar el dedo, noto el surco que dejan las cicatrices, las hendiduras sobre mi piel. Siempre habrá donde volver, siempre habrá fondo de armario, siempre habrá una cama y siempre existirá un demonio sobre mi hombro.  

viernes, noviembre 01, 2013

Falta de Talento

   No existe aquello que yo pueda escribir que no esté escrito ya, no hay letras, silabas, palabras, oraciones o versos que yo pueda inventar que no hayan sido inventados ya ni existen los compases o las melodías que no hayan sido compuestas o permanezcan sin descubrir dentro de un folio en blanco. No soy capaz de hacer aparecer de la nada y escribir, mejor dicho describir, las imágenes que transcurren por mi mente ahora mismo: la impotencia cubriéndome como una sombra tardía que me abraza en la sobremesa de una tarde soleada o este noviembre sin hojas en el suelo que me atenaza las articulaciones, la mirada perdida de un recuerdo devastador o la sonrisa inmensa de una noche de invierno. Son aquellas cosas que se pierden en mis escritos, en mis letras inútiles y desordenadas, hasta en las historias cotidianas que me dan forma y me unen.

   No puedo, sea por la falta de talento, sea por perder esa conexión que siempre tuve tan presente en el triángulo alma – mente – corazón, pero no puedo dejar plasmado aquello que siento en la punta de mis dedos cuando esa esencia está presente, cuando ese aroma a infancia y encanto me desarma por completo y me deja sin argumentos hasta el punto de ahogarme en un deseo que ni es bueno ni es recomendable. Sea por la falta de talento que mi mente ya no distingue entre cuartetos ni tercetos y los sonetos se quedaron vacíos ante la belleza y los sentimientos. Cuando la mente grita escapa y mi corazón (más de una vez reconstruido como un puzzle) me empuja a golpe de latido hacia un precipicio, una y otra vez, cuando miro a ese vacío indescriptible al filo del acantilado cuando más noto la ausencia de talento.

   No ceso en los intentos por conseguir aquello que me fue negado, si las musas ya no sirven, si el amor nunca fue suficiente. Primero he de reconocer que nunca tuve musas, y segundo, si ahora cuando cierro los ojos solo veo una mirada que me ahonda el alma y cuando respiro solo encuentro aroma a sonrisa y regalo, si ahora cuando escribo no puedo dejar atrás esa melena de color castaño es porque tengo en la retina cada rizo, cada onda, cada cabello, todo en imágenes grabado a desencanto en mis pupilas.

   No se trata del amor tampoco, de ese ente misterioso, desconocido, dañino y necesario. Siempre pensé que amar es como confesar un pecado y al mismo tiempo traicionar al mejor de los amigos, te alivia por completo pero te carga con el mayor de los pesares, destejer durante la noche lo tejido durante el día, anochecer sonriendo para amanecer entre lágrimas.

   No creo que lo consiga, puede que la edad me tenga enseñado, puede que mis errores sean la espina que hiere o que el peso a mis espaldas sea aquello que cortó mis alas o simplemente que mi obsesión sea más fuerte y yo más débil cada segundo, pero lo intento cada día.



martes, septiembre 03, 2013

Nana de Sirena


- A la nanita nana, nanita ea,
mi niño tiene sueño, bendito sea-.

Cantaba el anochecer con música de estrella,
adormecida                             adormecía
a la noche inquieta en el hueco de su pecho
un niño de arena y espuma nacido de la resaca
que sonriente jugaba con su techo de luna;
y palabra por palabra
 sus ojos eriazos
vírgenes del mundo
somnolientos se aturdían:
mi niño tiene sueño,
 bendito sea
mi niño tiene sueño,
 bendito sea.

Cantaba el anochecer a la inmensidad
de un mar naufrago de padre
a la nanita nana, nanita ea”
resonando en su regazo la paz completa
y tras su espalda todo el cierzo
atrapado en estelas de frío
(para su cuerpo: el hielo, para su niño: el calor).

Cantaba el anochecer con música de estrella,
mecida                                     mecía
al fruto de su vientre con su canto de sirena,
titilaba el cielo:
 bendito sea.

Titilaba el cielo y azuzaba el mar
en noche de nana y caricias de marea
entre olas de llamaradas y tallo de sargazo.
“No temas mi niño” y el niño no temía.
Arropado por el manto de su abrazo
sonaba el mar sobre el faro encendido
mientras su piel hecha de playa
recordaba la viudez en el oleaje:
A la nana nanita ea…                                               
- Mi niño chiquito no tiene cuna
Su padre que es carpintero

 le va a hacer una-.

jueves, agosto 01, 2013

Mecida por el Viento

Oigo las hojas bailar
mecidas por el viento,
si cierro los ojos
casi puedo sentir
el aroma a recuerdo.

Veo caer su ramaje
para volver a levantar
su alma verde y brillante.
Sin encomio ni recompensa
solo equilibrio incesante.

Oigo las hojas bailar
para permanecer quietas
un solo instante,
y entre medias,
en su dulce vaivén
resuena, leve, la caricia
de una brisa itinerante.

Siento paz y al desastre
                   alejarse.



viernes, abril 26, 2013

Rabia


Pasa algunas veces, no siempre, pero algunas sí. Pasa algunas veces  que el corazón es como un lienzo donde plasmamos todo aquello que transcurre desde que somos conscientes de nuestra propia existencia. Suele ocurrir que algunas veces tejemos un lazo tan fuerte como la vida misma, algunas veces ese lazo es puro y blanco, otras…

Cuando generas un vínculo tan grande y tras el tiempo, divino tiempo, la realidad te golpea con sabiduría absoluta, advirtiendo que todo aquello que fueron los cimientos de una opción elegida tan sólo es el capricho de un corazón egoísta. Es entonces cuando tus cimientos se derrumban y descubres que aquello a lo que una vez llamaste amor se queda en una rabia incontenible, poderosa rabia pero inútil rabia.

Entonces quisieras pensar que alguna vez :

"Se alineen todos los planetas, un eclipse lunar, hechizos de brujas y deseos a hadas, pedir cantos de sirena, una profecía maya que te alivie el peso que llevas en los hombros. Que de una vez por todas al mirar al horizonte se junten la tierra y el cielo en algún lugar, impotente, creciendo oníricamente, buscando la maldición de una gitana, incluso vendiendo tu alma al diablo para que todo aquello que una vez fue volviera sin saber cómo, tan sólo mirar  hacia un lado y que estuviera ahí"


Supongo, que la rabia (fase del duelo, más conocida como ira) acabará pasando, llegarán épocas en que Abril no sea tan lluvioso, y que al mirar la luna lo único que puedas hacer sea aullar melancólicamente y con nostalgia en aquel lugar donde todo fue. Mientras, el mar siempre volverá a golpear con sus olas inconscientes. La Luna siempre dirigirá con mano firme sus mareas y siempre quedará en mi corazón el aroma a olivo, el amarillo incesante que murió para volver a la vida encarnada en otra alma. Supongo que la rabia acabará pasando pero mientras ese hecho no ocurre la muesca reciente en mi corazón seguirá doliendo. 

martes, abril 23, 2013

Mentiras


    Al final todo se resume en una cosa, mentiras. Aquellas palabras que a lo largo de la vida (dice uno mismo, no lo olvidemos) te dicen al oído como si el tiempo parara cual película romántica americana. Las promesas que se hacen en el fragor de una noche amorosa con sabanas sudadas como campo de batalla, la luna de testigo y el corazón abierto de par en par buscando un resquicio (destello que diría Ismael) de felicidad. Buscando un refugio donde escapar de tanta miseria y dolor almacenado, al final, todo se resume en soledad.

Cuando la Luna está siempre de testigo. –Te amaré toda la vida.

Cuando un Beso sella el pacto. –Te quiero más que a nada.

Cuando la Felicidad es una aliada. –Eres mi vida entera.

   Frases que al pasar el tiempo pierden su sentido,  aunque siempre hay alguien que las padece, al final todo se resume en una cosas, astillas. Aquellas palabras de amor, aquellos sentimientos de fe absoluta (absurda), se tornan astillas clavadas una a una en el corazón, un corazón que sangra tinta, a veces hasta sangra  lágrimas. Un corazón que se queda atrás esperando que aquellas frases no terminen de perder todo el sentido que una vez tuvieron. Palabras que cuando son mentiras crees que todo es mentira. ¿La luz del día? ¿La Luna?¿El Mar?¿Incluso los olivos? Todo aquello que una vez fue algo…será todo mentira.

   ¿La verdad es sólo válida para un momento determinado de la vida, un lapsus de tiempo en el que todo fluye místicamente y extrañamente al mismo son? ¿Fluyen las vibraciones de dos almas en un mismo tono y eso da derecho a disparar con palabras eternas, hacer que quien tengas enfrente las crea, las adore, las idolatre y, por ende, se enamore?

   Al final todo se resume en una cosa, mentiras. Al final las usamos, las manipulamos como si fueran parte de nosotros, decimos lo que creemos que sentimos en cada momento pensando que es para siempre sin pensar en nunca será para siempre. El precio a pagar un corazón destrozado, unas veces será el tuyo (lo prefiero) otras veces será el de otra persona. 

martes, septiembre 29, 2009

El otoño de un guerrero


El otoño ha entrado como un vendaval, como un puñal que se alza cortando el mismo cielo; y mi corazón en horas bajas. Las tardes se hacen oscuras, los días grises y opacos, y la lluvia, que tanta tranquilidad me dio en antaño, ahora, me deja el corazón en cueros y el alma calada hasta los huesos. La soledad me vuelve a abrazar con la fuerza de una pitón retorciéndose sobre mi cuerpo cansado y exhausto de luchar en la noche contra los fantasmas que amenazan mi paz.

El otoño ha vuelto y esta vez es más poderoso que nunca y por mucho que me abrigue cuando duermo un frío aterrador me recorre la espalda; y por mucho que me cubra la cabeza y me sumerja en la oscuridad infinita me siguen acechando esas extrañas siluetas en la penumbra. Siluetas con forma de mujer que cuando me tocan no las puedo reconocer, quizás fantasmas del pasado que vienen a atormentarme, pero… por más que esgrimo mi espada con toda la fuerza de mi alma no logro volver a descubrir mi cabeza hasta encontrar esa luz candida y hermosa que me llenaba de quietud, así continuo en la oscuridad, mirando de reojo las puertas del abismo, una ventana a los infiernos que con toda su crudeza me empuja hacía lo más profundo del averno.

A veces, mientras dura la lucha y en medio del fragor de la batalla, una voz tan viva y pura como era mi alma antes de ennegrecerse me llama susurrando mi nombre y siento una neblina, un leve rocío que me llena de esperanza, y de vez en cuando alguna de las siluetas se vuelve blanca como un ángel que desciende al centro de mi imaginación, descubriendo unos ojos que miran a lo lejos, unos grandes y marrones, mejor dicho, unos grandes y otoñales ojos que me miran mientras extiende su mano. Intento llegar, intento encontrar sus finos dedos en la oscuridad, esquivando golpes, siendo un buen soldado, como un guerrero feroz pero cuando más camino recorro, más lejos parece estar, hasta que su figura blanquecina se pierde en la luz a lo lejos llevándose su dulce susurro con ella.

Y todo termina de repente, todo acaba en un momento, la oscuridad se pierde, las siluetas se dispersan, el frío se vuelve calor, el mundo sigue rotando y a mí sólo me queda un alarido atronador que nace de mi alma, otra vez derrotada que se pierde en la noche como el humo de un cigarro. Me vuelvo a sentir solo, vuelvo a sentirme como el ciervo que no encuentra una corriente de agua en la espesura del bosque, sediento en un desierto oscuro, mirando a los lados sin encontrar a mi alrededor unos ojos grandes y otoñales a los que mirar, a los que dedicarles un simple te quiero; no hay una mano a la que aferrarme, unos brazos a los que pueda agarrar para no volver a caer en el abismo del olvido, tan sólo la duda de si esta noche tendré una nueva batalla, a sabiendas de que ya está perdida…

sábado, septiembre 12, 2009

Un año más...

Ya pasó, ya se fue, ya se marchó ese día en el que todo se hace posible simplemente porque se conmemora algo tan hermoso como un nacimiento, y si miro atrás y veo lo que el mundo, tan opaco y tan extraño para mí, me ha deparado pienso que la belleza, la grandeza de vivir a veces se hace tan dura que es mejor no celebrar nada, aunque siempre hay gente que lo hace por uno mismo. Si cuento las veces que mi corazón se sintió un extraño en este mundo de locos o el número de mujeres con el cabello lacio y los ojos de un gris tan profundo como la oscuridad de mi alma me usaron como un pañuelo que cura casi instantáneamente los dolores del corazón o las ocasiones en que yo me he servido de noches desconocidas para salvar la soledad que habita en mi cama, me da por pensar que este mundo, sobre todo de noche, es un lugar inhóspito y tedioso. Y cuando las caricias ya no funcionan y los besos empiezan a saberte a un amargo triste y gélido todo cambia de color.

En este día siempre sigo el mismo ritual, intento aislarme todo lo que puedo, quizás releer algún libro de García (siempre opto por “Cien años de soledad”), media botella de un brugal de quince años y una ventana sucia por donde mirar el mundo que hay fuera sin que me produzca urticaria tocarlo. Pero no todo es malo. Hay cosas buenas.

Siempre suelo recordar a una mujer, cómo no, sino fuera por el amor nada tendría valor y el yugo de vivir se haría tan pesado para mí que la cuesta sería demasiado empinada para subirla sin desfallecer en el intento. Como iba diciendo, tengo el recuerdo de una mujer, yo era todavía un chiquillo y ella una mujer, muchas tardes estaba en un parque que hay detrás de mi casa, sentada en el césped, descalza. Ese simple hecho me fascinaba, tenía unos pies pequeños con unos deditos casi diminutos pero que me resultaban hermosos; no recuero que leía pero sí que lo hacía muy lento, siempre llevaba el cabello recogido y con unas gafitas de color negro que le daban el toque morboso de bibliotecaria atractiva, las mejillas sonrosadas y azul intenso en los ojos que me enseñó a amar el mar y desear el océano, sólo la vi un par de veces pero fue mi primer amor (yo fui muy precoz) y aún hoy perdura su recuerdo en mí.

Es una historia sin más y no sé porque la recuerdo siempre que cumplo años, quizás se hizo costumbre sin darme cuenta, quizás se hizo amor sin quererlo pero recordar esto me da la ilusión para afrontar un nuevo año, porque en mi interior está el deseo ferviente, el anhelo o la esperanza de que por ahí anda una mujer que se descalza para leer o que pasea por una playa o que se para en todas las floristerías olisqueando los lirios que se encuentra a su paso o que baila en una fiesta con un vestido blanco o está tocando una guitarra en una manifestación o comprando detergente en un supermercado o simplemente que está viviendo esperando a que yo llegue a su encuentre, porque a veces el hado es inteligente y nos prepara antes para nuestro destino, y por ende, el sino del ser humano es amar y cuando encuentre esa otra parte de mí ya veremos que ocurre, pero mientras, seguiré esperando y para no desaprovechar el tiempo seguiré creciendo (esa es mi promesa) seguiré intentando ser mejor persona, con mis mil y un defectos y mis seiscientas cualidades, seguiré luchando por ser un poquito mejor mientras ando este camino hasta que encuentre la luz y el gris se pierda, y entonces, me doy cuenta de que el día se ha acabado y la vida seguirá su curso, inamovible, con la determinación de un reloj suizo, con su lógica y sus leyes, con sus milagros y sus tristezas y es cuando pienso que para todo lo demás Feliz Cumpleaños…

domingo, mayo 31, 2009

Primero fue...

Puta canción.


Primero fue el amor o parte de él, después, quizás, no sé lo que vino, no aún, no de momento. Hace una semana todo era la gloria de un mundo mejor, la esperanza de un futuro mucho mejor, quizás el sueño de que por una vez, de que por un instante todo sería diferente, pobre de mí, pobre iluso dentro de la idiotez que se llama felicidad. 

Rulo cantaba hace una semana. Nando tocaba como un ángel que emerge desde los mismísimos infiernos y tú bailabas para mí con tu camiseta vieja de Los Héores, descosida, raída y ocultando uno de tus hombros, dejando al descubierto el otro como un oasis en medio del desierto. La camiseta te quedaba corta, otra vez (y yan van dos) puta canción!, y tus caderas quedaban al aire, tu pelo enmarañado entre mis dedos, tus ojos como dos rubíes sedientos de sangre brillando entre la luz y el humo, tu mano en mi pecho balanceando tus caderas de un lado a otro, meciéndose al ritmo de mi corazón, empujándome hasta la pared. Rulo seguía cantando: por verte sonreír he vuelto yo a perder (oh oh oh oh oh oh no no no no), debí imaginarlo, debí prever, debí, simplemente debí, pero que se hace frente al amor, que se hace frente a una mujer que te empuja contra la pared y te besa mientras uno de tus grupos favoritos está cantando a un metro de ti, fue una noche perfecta, fue la noche perfecta, siempre será la noche perfecta, aunque ahora me duela el corazón.

Primero fue la felicidad, después fue la historia, la vida, el destino que siempre se entromete como una vieja cotilla, que siempre maneja a su antojo los hilos cambiando el tejido de nuestra vida, apuntalando los cimientos de una caída, de una debacle tan grande que nunca lo esperas. Yo tenía cerrado el corazón, tenía presos a mis sentimientos y con dolor se vivía bien, una vez te desprendes de él todo va bien por un momento. Primero fuel el amor, otra vez, después fue una semana que pasó rauda y tranquila, y casi a la misma hora de aquel beso mágico el móvil sonó. 
-Mmm. Ya es tarde, Quién será?
-Soy yo, tenemos que hablar.

Primero fue... no sé lo que fue primero, pero sí sé lo que vendrá después, por hoy no tengo ganas de seguir, prefiero tapar al mundo con la manta y dormir, porque no es momento de escribir, no es la hora de los poemas, de las putas palabras que sólo sirven para demostrar que me gusta la lluvia porque refleja lo que llevo por dentro, no es hora de escribir, no es la hora de sentir, no es la hora de pensar, tan solo es el momento de guardar el zapato de cristal en el desván, tomar aire, respirar y de dormir...

Continuará...

P.D.   hoy más que nunca kemando recuerdos.

jueves, mayo 21, 2009

Dolor, Odio, Tristeza, Amor

El dolor es antinatural, el dolor no mueve montañas ni hace que el mundo se detenga, el dolor es "como el océano, profundo, oscuro y más grande que nosotros, es como un ladrón en la noche, callado, perseverante, injusto, bienvenido por el tiempo, el destino y el amor", el dolor es la mentira del infiel y la trampa del tramposo, es dejar marchar a la persona amada, el dolor es una espina que se clava lentamente, el dolor es una cama vacía, un llanto de madrugada, días sin esperanza, "el dolor es como el océano, profundo, oscuro y más grande que nosotros".

Amar, es como sentir dolor, amar es ser egoísta y cuando dejas de serlo sufres el más intenso de los dolores, dejas marchar a la persona amada y el rencor te invade, te impregna, te sumerge en el dolor más negro y áspero, se te mete en las entrañas pudriéndolo todo a su paso, arrasando cada sentimiento, cada buen pensamiento, uno tras otro sin dejar nada sano a su paso, agrietando el corazón. Amar es doler, amar es olvidar en lo más profundo del olvido, ocultado entre la desesperación y el odio, alimentándose de la ira más ardiente se encuentra el dolor, odiamos porque estamos heridos, olvidamos porque nos duele, que no se puede sentir sin el sufrimiento, que una sonrisa siempre acabará en un llanto y que un beso se acaba perdiendo en lo infinito del tiempo, que los abrazos solo son un roce entre dos personas y que en una mirada no hay un mundo. 

Amor, dolor, odio todo es parte de nuestro de mundo, todo es parte de nuestra alma, tengo suerte por estar dolido, por odiar la luz del sol, por amar la lluvia y vivir sumergido en la tristeza y la apatía, porque eso significa que he amado. Ahora que el amor me dejó atrás, que se marchó para emprender una nueva vida sin mí, ahora que sólo me queda el sufrimiento y los recuerdos, sigo pensando que odiar es mejor que no amar, porque el que ama una vez puede amar toda la vida. "El amor es como el océano, profundo, oscuro y más grande que nosotros, es como un ladrón en la noche".

domingo, mayo 10, 2009

La Noria

Cuánto puede doler un sueño? Dónde se pueden perder los recuerdos para que no afecten al corazón, y cuando la noche se cierne encima de nosotros, un simple apretón de manos y una mirada sirve para ver que el cielo es inocuo, que el horizonte sólo es una mancha en la lejanía y que el lugar donde el mar y el cielo se juntan sólo es un símbolo, algo en lo que me gusta pensar sabiendo siempre que no es real. Subido en las alturas, en el ojo que todo lo ve girando como lo hace el mundo, y por una vez no oigo música, por un momento me olvido de mis palabras que tanto necesito para sentirme bien, pasan los minutos y en medio del vacío tu sonrisa cura mis heridas cerrando las brechas de mi corazón maltrecho, y entre tanta gloria, dos alas doradas me izan en el cielo eterno como en un sueño, como en el amor que es ese ojo de huracán que espera para desolar todo al instante, y entre tanta perdida, tú clara y cristalina, como en el sueño que no deja de repetirse. 

Ahora, tú sigues en aquel lugar, donde se juntan el cielo y la tierra, tan irreal y tan lejano, y yo, aquí de nuevo con mis palabras, buscando un alma que me llene de locura y de pasión, viendo como marcha la gloria a otro sitio, sin salvación y sin poemas que pueda gritar a la cara oscura de la luna, maldita Selene! si pudiera saltar más alto. Si pudiera ser como un Dios una sola vez para agarrarte con mis manos cansadas y ajadas y no soltarte nunca, muriendo en un abrazo que perdure toda la vida. Iluminando. Creciendo. Bendiciendo el camino que recorrimos para separarnos y con la luz de tu vientre en mis manos, con tu regazo inmenso en mis pensamientos y con la sensación de algún día volveremos a aquella noria y con sólo asirnos las manos y una mirada el mundo seguirá girando y unas alas doradas y cegadoras nos auparan de nuevo al cielo, para perdernos allá donde se juntan el cielo y el mar, allí donde me olvide de mis palabras, allí donde te pueda encontrar.


domingo, abril 19, 2009

Pelo Rojo, Esperanza Roja


Las noches trascurrían vivas, llenas e infinitas, todo parecía eterno, todo era etéreo, cristalino, tu pelo teñía con su rojo el cielo constipado de estrellas luminosas y grandes, sonaba Elvis en el coche, y con su Love Me Tender nos metíamos mano con la indecencia de quinceañeros, el verano nos abrasaba la piel y la desnudez nos hacía vibrar en el río, todo era perfecto, tus ojos gritando al cielo y tu risa recorriendo las calles vacías, yo me sentía inmortal al tocarte y parecía volar en espiral con cada beso, tú, tremenda y guapa, tan bella que a cada momento que pasaba me parecía verte levitar, alzándote hacia tu olimpo como una diosa griega. Eran días que ahora recuerdo sin poder evitar llorar de amargura, verte sonreír era el oxigeno y los paseos, las noches tumbados en la hierba era el agua, no hacia falta comer sólo vivir en tus caricias, mirarte desde lejos y sentir que el mundo giraba en la palma de mi mano, y a cada lágrima se le unía un suspiro, una esperanza de que todo era posible, de que la esperanza existe más allá de lo que nuestra mente podía imaginar. Y cuando nuestra piel se hacía una, el cielo y la tierra se disolvían en uno con el cántaro mágico de Iris y sus alas doradas, veíamos el océano en la panza de una piedra y el amor en cada esquina y los besos en cualquier sitio, retozar en la playa y la arena en los bolsillos, todo valía, todo era posible, después llegó el nubarrón y todo se fue con la lluvia. 

Ahora el tiempo ha pasado, la desidia a hecho estragos y todo es gris, ahora que ya he perdido el pelo y que mi corazón pasa sus días en el inem, ahora que sé que mi alma también puede llorar y que lo que es uno siempre puede volver a ser dos, ahora que ya no tengo tu cabellos rojizos, el caoba perfumado a hierba y a risas, al azahar de los naranjos y al rosa del melocotón, ahora que no me quedan versos y que agotaste toda la poesía que había en mí, ahora que el alcohol ya no me puede enseñar nada y que la noche se volvió mi enemiga, ahora que tú ya no estás, ahora que sé todo eso, ahora, que sé, que ya no hay esperanza, que en realidad, la esperanza nunca existió, que todo fue como un sueño, algo onírico, que nada existe y lo real nunca lo es, y que la esperanza sólo fue a lo que me agarré para sobrevivir, sólo fue roja esperanza.   




Desde que llovió la nube nunca se fue, sigue sobre mí y sólo me queda recordar las cosas buenas porque las malas las sigo viviendo una y otra vez, una y otra vez, como una pesadilla incansable en la que nunca despierto, y sólo despierto cuando vienes a verme, descolgándote del techo por las cortinas como un fantasma, con tu vestido rojo a juego con tu pelo y con el marrón de tus ojos invadiendo mi cama como un ejercito rabioso, te acuestas a mi lado y me vuelves a acariciar con tus manos gélidas, me estremezco y te vuelvo a añorar, te pasas la mano por el pelo y veo la cinta que te regalé, aquella cinta roja que siempre llevaba atada a mi guitarra, te recoges el pelo con ella como lo hacías antes y me vuelves a seducir, porque dejaba tu cuello al descubierto y siempre sonreías cuando yo te miraba, y entonces dejas tu caer tu cabeza en mi pecho y ríes y cuando soy más feliz despierto y empieza a llover de nuevo en mi habitación, empapado, con el corazón calado hasta los huesos y el alma en cueros vivos ya no te encuentro, miro la guitarra y la cinta roja no está, entiendo que te fuiste y mi esperanza, mi roja esperanza se fue contigo. 

sábado, abril 11, 2009

El Andén

Siempre hay días para sentirse bien, siempre hay días para ser feliz y siempre hay días para estar triste, sin motivo, sin nada que indique, sin un por qué o quizás si hay un motivo pero es mejor dejarlo en el fondo donde la oscuridad lo tapa todo y donde siempre hace frío. Hoy es uno de esos días, el cielo está gris, un gris tan hermoso, un perfecto día de lluvia, pero hoy hubiera preferido sol, hoy me pone triste ver el tintineo del agua en las ventanas y empiezo a sentirme como una gota que cae al océano y se pierde en la multitud del agua salada. Así me siento,  así vivo, unos días bien y otros cansado de ver el mundo pasar, invisible e imperceptible como una gota de lluvia en un mar salado, y cuanto más personas veo y con cuanta más gente estoy más solo me encuentro, a veces pienso en saltar y coger todo aquello que necesito de este mundo pero entonces viene el vacío, la nada imperecedera y casi cuando rozo con mis dedos aquello que quiero empiezo a caer una y otra vez. Despierto de nuevo en mi habitación e intento acallar las voces con mi guitarra pero no resulta. Con cada canción viene la paz a mi orilla pero al terminar el mar vuelve a su sentido originario y la soledad vuelve a mí dejándome sólo el olor a sal. Muchas veces canto una canción sobre un andén de tren, un andén que lleva cien años viendo pasar un tren tras otro y él siempre queda quieto, inmóvil e inmutable día tras día, conociendo gente que nunca vuelve y otra que ve de vez en cuando, pero nadie se queda con él, nadie piensa en él, algunas veces da cobijo a quien pierde su tren pero siempre acaban marchándose en el próximo. Ese soy yo, soy el andén que ve pasar su tren todos los días pero cuando lo cojo siempre está vacío, después de unas horas viene mi parada pero siempre es el punto de partida. Y cuando esto pasa. Cuando todo esto ocurre la lluvia me pone triste, la gente me abraza y yo me pongo a llorar y quiero estar solo sin comprender que aunque no estoy solo siempre me siento así. Invisible, imperceptible e inexistente. A veces como una sombra, a veces como un andén de tren que ve como la vida coje un tren tras otro dejándome a mí atrás.

miércoles, marzo 18, 2009

Junto a las oliveras,

Era una de nuestras primeras noches, entre caricias y besos, calores y una pasión desatada, ya buscábamos nuestro sitio en el mundo, un lugar nuestro, para nosotros, donde el tiempo no pasara y la luna nos acunara en su regazo mientras nos amábamos con ardor y violencia. Hartos de corretear por las calles persiguiéndonos como enfermos, buscando la droga que sólo encontrábamos en la piel del otro. Cansado de mirarte y no poder tocarte, cansado de desearte como quien desea un tesoro. Buscamos nuestro sitio bajo las oliveras, aún recuerdo con paciencia febril y deseo carnal nuestras noches allí, el sabor de tu vientre cálido, tu boca sinuosa y triste y tus labios ardientes como el averno. Es como si te estuviera viendo ahora mismo tendida en aquella manta con el olor de la oliva madurando aún en mi retina y tú tan hermosa como una diosa griega, acurrucada entre mis brazos, deshaciéndote en cada caricia, derramando tu cariño en cada sonrisa, con la mirada tierna y la piel tan suave como un abrazo. Hartos de buscarnos una noche de primavera encontramos nuestro sitio, para ti y para mí, sólo nuestro. Al fin lo teníamos, pero todo quedó atrás, se nos olvidó el amor, se nos pasó seguir besándonos, se nos olvidó ir a nuestro lugar secreto con la manta, las oliveras, la luna y su regazo y los cariños de enamorados, todo se perdió.
Hoy he vuelto a pasar por allí, resulta que todo lo van a quitar, tirarán las casas, arrancarán las oliveras y construirán algo, quizás un parque, quizás un bloque de pisos, quizás no lo sé, pero me he alegrado de que ese lugar desaparezca, si ya no voy a volver contigo, escuchando tus carcajadas, si ya no queda amor en aquellas oliveras prefiero que mueran y se pierdan, como se perdió todo lo demás, prefiero que todo se quede en un recuerdo, recuerdo que se quemará a su debido momento. Ahora busco también mi lugar, un lugar para mí sólo, donde el amor no llegue y nadie me defraude, donde todo sea bonito cuando cierre los ojos y el cielo cambie de color cada media hora, donde piense en una flor y aparezca de repente, donde haga calor si tengo frío y haga frío si tengo calor, donde llueva constantemente una lluvia de sabores, a chocolate y sal, a limón y naranja; un sitio que esté lejos de ti y lo más cerca de mí que pueda, y no es rencor se llama olvido…

viernes, marzo 06, 2009

Mi Querida Lisboa II

Sólo había pasado una noche en la ciudad pero era como si sintiera que hubiera vivido allí toda la vida, como si hubiera vivido en ti toda la vida. El alba comenzaba a despuntar y el vestigio de los olores de la noche lusa se infiltraban en la habitación como un torrente de sensaciones inesperadas. Desperté. Entre sudor y pesadillas, creyendo que todo era un sueño, que mi cama estaba vacía, que mi corazón estaba parado, que el día no existía y la noche se había marchado junto a tu recuerdo. Al abrir la ventana todo se hizo realidad, Lisboa aparecía ante mí majestuosa, solemne y bella como la flor que se abre en la primavera desconsolada, aspiré fuerte y absorbí lo embriagador del momento, pero ¿dónde estaba ella? Mientras fruncía el ceño por el sol escuché la voz y el “Flash Back” fue instantáneo; las paredes eran rojas y hacían juego con las flores del local, la barra era de madera y muy pequeña, y unas ocho o nueve mesas con una vela orientadas hacía el pequeño escenario. Tu voz, aterciopelada y sensible fue como un taladro en la sien, tu vestido azul y la forma de mover las manos…
- De dónde vienes?- me preguntaste.
- Tan sólo estoy huyendo.-
Me abrazaste sin más, ni una explicación ni una palabra, tan sólo la expresión de mis ojos y mientras me abrías el corazón para que yo pudiera esconderme en él me hiciste feliz sin saberlo; aquella noche trabajé en el local hasta media noche, después de cerrar, paseamos por Lisboa, por el puerto oliendo a pescado, tomamos café en un parque...

-Dónde dormirás hoy?
-No lo sé, da igual, demasiado has hecho ya por mí.

Me cogiste la mano y la apretaste contra tu pecho, seguimos paseando hasta tu casa, el calor abrumaba. Mientras me preparabas la ducha yo miraba las fotos del salón, la noche siguió. Conseguí dormir, pero pronto volvieron, las pesadillas, aquellas de las que huía, y en medio del fragor de la batalla, tú piel. Sentí tú piel, fina y suave, el calor de tu piel abrazándome con ternura, su pierna encima de la mía, el sudor de sus muslos y el olor a mujer me descompusieron el alma.

De qué huyes?-
Sólo busco paz- Le contesté entre suspiros.
Encuéntrala en mi boca-

Encuéntrala en mi boca me dijo, y así lo hice, encontré la paz y la vida. Ahí me encontraba frente a la ventana, Lisboa a mis pies y pensando que todo era un sueño pero una voz me sacó del naufragio, la misma canción, la misma voz, corrí hacia la cocina y allí la encontré preparando el desayuno, mi paz, mi felicidad.
-Deja eso- le dije.-Ven aquí, ven a la cama.

Y allí permanecimos, quietos, invencibles, mirándonos a los ojos casi sin respirar y con el ansía de buscar el amor en dos almas desconocidas. Pasaron los días y quedaron las noches, cada una mejor que la anterior, cada beso más intenso que el anterior, las noches de amor se sucedían y Lisboa nos contemplaba como la luna contempla el mundo desde su trono imperecedero. Quedaron nuestras marcas en las sábanas del colchón y el amor en la paradoja de nuestra necesidad, quedó nuestro cariño como una bandera en terreno virgen, quedó mi soledad allí como su saliva en mis labios, como el recuerdo de su canción en mi oído, como mi huída se quedó en mi querida Lisboa.

sábado, febrero 21, 2009

Querida Lisboa

Estos últimos días no he podido escribir, llevo varios días sin encontrar algo que me motive, llevo varios días dándole vueltas a la cabeza, pensando y recordando, organizando el desván de mis recuerdos, porque ya va siendo hora de ir quitando varios que no merece la pena tener. Hablando con una amiga encontré un recuerdo que tenía ya olvidado. Recordé mi Lisboa, mi querida Lisboa, la casa de fados donde tanto reí y bebí, recuerdo mi plaza de la libertad, mi puerto, el barrio de alfhama donde se podía oír el canto de una mujer desde cualquier rincón; admirar el cielo azul en la universidad de Coimbra, casi tan parecido como el azul plateado de la Atalaya (ni en broma). Tanto amor tuve allí, tanto disfruté, en la bahía de Nazareth, jugué con las gaviotas en la playa, besé a una bella mujer en la puerta de una iglesia en Belén, vi tumbas y amé con un corazón muerto. Pero Lisboa, el romanticismo, la noche, las luces, la mañana limpia, la quietud y el nervio, como mi Lisboa no existe otro lugar.



Ahora todo ha cambiado, mi vida volvió a la normalidad, no volví a amar de nuevo, ahora el cielo no es azul ni claro ni transparente, ahora se ha vuelto gris y opaco, ahora me vuelvo a perder dentro de mi cama y cada noche vuelvo a sentirme sólo, tanto que ya se me ha borrado el cántico de aquella mujer, sus ojos, su rostro, y sus vestidos elegantes, se me fue el sabor del oporto en mi lengua y mis labios están ajados y cortados, porque he perdido la práctica de besar a media noche. No sé por qué, siempre que no puedo escribir, que no encuentro la musa que necesito, una parte de mí vuelve a Lisboa, a sus noches frescas, a sus luces y sus olores, a su cultura ancestral, a sus paredes viejas y las historias de amor que corretean por sus callejuelas; pero, siempre acabo volviendo aquí, siempre vuelvo a escribir, siempre vuelvo a mi soledad y a mi rutina, olvidando que una vez estuve allí, que una vez viví, que una vez, por unos días, renací.

viernes, enero 23, 2009

La mujer del piano

Llego a casa y el dolor del día me desarma, aguanto todo, pero al finalizar la jornada una fuerza incontrolable me oprime el pecho, es como un tiro a quemarropa en el fondo de mi alma, que me desgarra con fiereza las fibras de mis sentimientos. Cierro la puerta, me quito el abrigo y aún de espaldas oigo la música, mi, fa sol, y la magia me contagia, el dolor sale. Empiezo a vaciarme como se vacía el cielo cuando escampa, me agito como un perro quitándome la escarcha, avanzo por el pasillo y la melodía se hace más sonora, más armoniosa. Adiós al trabajo. Ya no recuerdo nada, ya todo está en blanco, y esa voz me transporta a un cielo azulado, con el calor que nunca he tenido, luna de sal, tumbas sin lápidas en un cementerio vacío. Cruzo al salón, y una mujer, con su espalda al aire, tocando el piano de mi desconsuelo con sus manos finas y dedos alargados, suenan las teclas con un aire celestial, aspiro hondo y mis pulmones se llenan. La miro, la busco y la encuentro, con el pelo en la cara, y cantando con la dulzura de su voz rota por las notas, corcheas de desamor, me mira y sonríe, mientras mis latidos se unen en un mismo son, brillan sus ojos azules sobre su azabache cabello, agitando su melena al compás de la canción, blanqueando la sala con su dentadura perfecta. Y más enamorado, cojo mi guitarra ajada por el tiempo, y golpeó con fuerza cantando: vuelve a mí. Toco y toco con rabia de niño, al son del piano, y siento y deseo, vuelvo a la tierra, a ser humano, a sentirme persona, y ella canta y yo con mis acordes, la luz entra por la ventana y se refleja en el piano, y los ojos azules, y la canción que termina par volver a mi miseria, para volver a la vida gris, hasta que suena otra nota, y vuelve la música, vuelve la ilusión vestida con una melena negra sobre un rostro blanco, con dos puntos azules y una espalda desnuda que canta como un ángel hermoso y blanco.

sábado, enero 10, 2009

Un momento antes.

Hace ya tanto tiempo que casi no lo recuerdo, hace ya tanto que no lo sentía que me cuesta horrores dibujar con palabras la imagen que quiero representar, hace tanto que no lo vivo que creo estar en un estado de catalepsia crónica. Ese momento antes, aquel momento cara a cara en el que dos labios se mantienen a unos milímetros, ingiriendo el vaho, conectando por un fino hilo casi invisible, por unos lazos tan hermosos que el beso en sí tan solo es la finalización de este rito casi milenario, o millonario¿ no sé muy bien si es así como se dice. Hace tanto que no siento ésto, hace tanto que mi corazón se cerró... Hace tanto que no vivo ese momento antes, que respiro el aliento ardiente de ninguna mujer desconocida, que a veces me pregunto si estoy en la tierra hace tiempo que fallecí y estoy en un infierno dantesco lleno de ironía y crueldad. Hace una eternidad ya, o a mí me lo parece, hace ya tanto, que no recuerdo los días de invierno, refugiarse en la oscurecida, debajo de alguna farola fundida, y sentir la caricia que precede a este tesoro carnal y mental. Hace tanto que siento un abrazo, otra piel humana, acaso estaré solo? No puedo responder, pero espero que no sea así. La verdad es que te añoro, a ti no mujer, sino al sentimiento superficial y vanal, por que soy humano, no olvidarse de eso nunca, que somos humanos y funcionamos por instintos humanos, y el más primario es el deseo de antisoledad, de amor vanal y triste, de una caricia, de un polvo a media noche, de besos al amanecer, y de un te quiero que la mayoría de veces suele ser más falso que la nieve de un belén. Pero que no se pierda la esperanza, que no se tire nadie desde un tejado, por que a veces, entre tanta falsedad, entre tanto miedo, entre tanto sentimiento inútil, una noche conoces a alguién, que lo más probable no vuelvas a ver nunca, pero por esa noche, y con ese momento antes, te hace sentir querido y humano, para luego volver a tu vida cutre y corriente, pero ese recuerdo te llenará para siempre, y no olvidar que en esta tierra sólo quedará de vosotros los recuerdos que les dejeís a los demás. Por eso cuidar los recuerdos, ellos son un yo estuve aquí...

miércoles, diciembre 03, 2008

Soneto

Protituta del tiempo y de lo impuro,
que a morir vienes a tierras perdidas,
juegas, reina y bruja, a abrirme heridas,
en la alcoba de mi cuerpo inmaduro.

Plañidera de tu llanto oscuro, 
que enlazas a mis manos malheridas,
tiernas de abrazarte una mil vidas.
nocturna y bella empapada en cianuro.

Prostituta del devenir cansado,
de hielo eres si tus labios enciendo
con ósculos de loco enajenado.

Mala niña, tu ríes y yo muriendo,
con ojos de odio y triste enamorado,
con mi querer terco, seguiré sufriendo.