martes, abril 28, 2009

El Guardián de tus recuerdos.

Soy el guardián de tus recuerdos, el vigía de tus sueños, soy el que vela tu noche, guardando la puerta de los desvelos, de tu letanía, acariciando a la madrugada para que la nocturnidad de tu lecho te abrace con dulzura y cariño. Soy el guardián de tus sueños, cancerbero de lo onírico, siempre vagando entre lo real y lo irreal para guardarte de los monstruos que amenazan en el fondo del armario, siempre miro debajo de la cama y aguardo a que duermas mirándote incansable. Soy el centinela en tus sábanas, quien te abraza cuando tienes frío y abre la ventana si padeces calor, soy el creador de tus fantasías con el polvo de las musas de la imaginación creando bellos mundos azules y verdes donde puedas descansar tu mente cuando duermes, soy el primer aliento cuando despiertas, el que cierra la puerta de los países extraños a los que viajas. 

Yo, soy el guardián de tus recuerdos, me enfrento a grandes dragones y poderosos enemigos cada noche para que nada perturbe tu descanso, soy el que enciende la luna y las estrellas para que te iluminen en el viaje. Yo, soy el vigía de tus sueños, vivo en la penumbra y te beso en la frente justo antes de despertar para salir por la ventana cuando el alba asoma la cabeza. Yo soy el guardián de tus noches, y con mi espada defiendo tu corazón de cualquier dolor noctámbulo. Yo soy el príncipe que siempre te rescata en el último momento, soy Romeo saltando a tu balcón con bellas palabras, soy el bohemio artista que te dibuja desnuda a la orilla del Sena, soy el alegre argentino que te seduce bailando un tango en una playa desconocida, soy el caballero que sobrevive a un fiero duelo por tu amor, soy el guardián de tus recuerdos

domingo, abril 19, 2009

Pelo Rojo, Esperanza Roja


Las noches trascurrían vivas, llenas e infinitas, todo parecía eterno, todo era etéreo, cristalino, tu pelo teñía con su rojo el cielo constipado de estrellas luminosas y grandes, sonaba Elvis en el coche, y con su Love Me Tender nos metíamos mano con la indecencia de quinceañeros, el verano nos abrasaba la piel y la desnudez nos hacía vibrar en el río, todo era perfecto, tus ojos gritando al cielo y tu risa recorriendo las calles vacías, yo me sentía inmortal al tocarte y parecía volar en espiral con cada beso, tú, tremenda y guapa, tan bella que a cada momento que pasaba me parecía verte levitar, alzándote hacia tu olimpo como una diosa griega. Eran días que ahora recuerdo sin poder evitar llorar de amargura, verte sonreír era el oxigeno y los paseos, las noches tumbados en la hierba era el agua, no hacia falta comer sólo vivir en tus caricias, mirarte desde lejos y sentir que el mundo giraba en la palma de mi mano, y a cada lágrima se le unía un suspiro, una esperanza de que todo era posible, de que la esperanza existe más allá de lo que nuestra mente podía imaginar. Y cuando nuestra piel se hacía una, el cielo y la tierra se disolvían en uno con el cántaro mágico de Iris y sus alas doradas, veíamos el océano en la panza de una piedra y el amor en cada esquina y los besos en cualquier sitio, retozar en la playa y la arena en los bolsillos, todo valía, todo era posible, después llegó el nubarrón y todo se fue con la lluvia. 

Ahora el tiempo ha pasado, la desidia a hecho estragos y todo es gris, ahora que ya he perdido el pelo y que mi corazón pasa sus días en el inem, ahora que sé que mi alma también puede llorar y que lo que es uno siempre puede volver a ser dos, ahora que ya no tengo tu cabellos rojizos, el caoba perfumado a hierba y a risas, al azahar de los naranjos y al rosa del melocotón, ahora que no me quedan versos y que agotaste toda la poesía que había en mí, ahora que el alcohol ya no me puede enseñar nada y que la noche se volvió mi enemiga, ahora que tú ya no estás, ahora que sé todo eso, ahora, que sé, que ya no hay esperanza, que en realidad, la esperanza nunca existió, que todo fue como un sueño, algo onírico, que nada existe y lo real nunca lo es, y que la esperanza sólo fue a lo que me agarré para sobrevivir, sólo fue roja esperanza.   




Desde que llovió la nube nunca se fue, sigue sobre mí y sólo me queda recordar las cosas buenas porque las malas las sigo viviendo una y otra vez, una y otra vez, como una pesadilla incansable en la que nunca despierto, y sólo despierto cuando vienes a verme, descolgándote del techo por las cortinas como un fantasma, con tu vestido rojo a juego con tu pelo y con el marrón de tus ojos invadiendo mi cama como un ejercito rabioso, te acuestas a mi lado y me vuelves a acariciar con tus manos gélidas, me estremezco y te vuelvo a añorar, te pasas la mano por el pelo y veo la cinta que te regalé, aquella cinta roja que siempre llevaba atada a mi guitarra, te recoges el pelo con ella como lo hacías antes y me vuelves a seducir, porque dejaba tu cuello al descubierto y siempre sonreías cuando yo te miraba, y entonces dejas tu caer tu cabeza en mi pecho y ríes y cuando soy más feliz despierto y empieza a llover de nuevo en mi habitación, empapado, con el corazón calado hasta los huesos y el alma en cueros vivos ya no te encuentro, miro la guitarra y la cinta roja no está, entiendo que te fuiste y mi esperanza, mi roja esperanza se fue contigo. 

miércoles, abril 15, 2009

Adios Chache.

Hoy se ha ido Pascual, hoy se ha ido mi chache Pascual, es duro decir que a mí no me duele porque soy de los que piensan que ha ido a un sitio mucho mejor. Pero mucha gente, porque era muy querido, lloraba sin parar, las rostros eran desgarradores, retorcidos de dolor pensando en la ausencia que ahora se hará mucho más pesada. Durante todo el día he intentado mantener la calma, guardar el dolor pero ha sido muy díficil y cuando he roto a llorar en la omilía me he acordado de él, no como estaba en el hospital, ni siquiera ahí tendido en esa fría caja de madera sino como era él, con una sonrisa tan contajiosa que hasta los sordos se reían a su lado, pasará lo que pasará te recibía sonriendo incluso estando enfermo enconjía sus hombros y te sonreía. No era un santo, pero si era buena persona. Y hasta a la hora de irse me ha contagiado su sonrisa, incluso cuando le daban sepultura, el cielo negro y el sol se han juntado para que el arco iris asomara por la puerta de su panteón, y eso solo lo podía hacer mi tío, y no me quedaba otra que reirme y sonreir y ahora recordar como era y como me hacía sentir cuando sonreía. 


Pascual Saorín Saorín.   Descanse en Paz. 

sábado, abril 11, 2009

El Andén

Siempre hay días para sentirse bien, siempre hay días para ser feliz y siempre hay días para estar triste, sin motivo, sin nada que indique, sin un por qué o quizás si hay un motivo pero es mejor dejarlo en el fondo donde la oscuridad lo tapa todo y donde siempre hace frío. Hoy es uno de esos días, el cielo está gris, un gris tan hermoso, un perfecto día de lluvia, pero hoy hubiera preferido sol, hoy me pone triste ver el tintineo del agua en las ventanas y empiezo a sentirme como una gota que cae al océano y se pierde en la multitud del agua salada. Así me siento,  así vivo, unos días bien y otros cansado de ver el mundo pasar, invisible e imperceptible como una gota de lluvia en un mar salado, y cuanto más personas veo y con cuanta más gente estoy más solo me encuentro, a veces pienso en saltar y coger todo aquello que necesito de este mundo pero entonces viene el vacío, la nada imperecedera y casi cuando rozo con mis dedos aquello que quiero empiezo a caer una y otra vez. Despierto de nuevo en mi habitación e intento acallar las voces con mi guitarra pero no resulta. Con cada canción viene la paz a mi orilla pero al terminar el mar vuelve a su sentido originario y la soledad vuelve a mí dejándome sólo el olor a sal. Muchas veces canto una canción sobre un andén de tren, un andén que lleva cien años viendo pasar un tren tras otro y él siempre queda quieto, inmóvil e inmutable día tras día, conociendo gente que nunca vuelve y otra que ve de vez en cuando, pero nadie se queda con él, nadie piensa en él, algunas veces da cobijo a quien pierde su tren pero siempre acaban marchándose en el próximo. Ese soy yo, soy el andén que ve pasar su tren todos los días pero cuando lo cojo siempre está vacío, después de unas horas viene mi parada pero siempre es el punto de partida. Y cuando esto pasa. Cuando todo esto ocurre la lluvia me pone triste, la gente me abraza y yo me pongo a llorar y quiero estar solo sin comprender que aunque no estoy solo siempre me siento así. Invisible, imperceptible e inexistente. A veces como una sombra, a veces como un andén de tren que ve como la vida coje un tren tras otro dejándome a mí atrás.

miércoles, abril 08, 2009

Llegó Abril.

Dos frases: “llega Abril” y “llámame, te quiero escuchar”. La primera pertenece a Don Miguel Ángel Ortega Lucas, un gran amigo y un gran escritor. La segunda pertenece a una canción de La Fuga que se titula “Por Verte Sonreír”. Si juntamos todo queda algo como llega abril, llámame, te quiero escuchar. Leí en la vela y el vendaval un post que me llenó de optimismo. A Elton se le ha ido la vena melancólica, a mí aún me queda para rato. A los pocos que me leéis y a los muchos que entráis miráis dos frases y pasáis a otra cosa, estamos en Abril. A mí hace tiempo que me robaron este mes a vosotros aún os queda esperanza, a mí aún me suena el despertador con una melodía triste y odiosa, pero es Abril con mayúsculas y a medida que me hago más mayor, que no más adulto, este mes se me hace más sombrío. 



Es primavera y parece que veo el mundo de otra manera, me paro en el verde, huele a flores y las mujeres despiden un olor diferente, será la química del organismo o será que yo quiero pensar que toda la magia de primavera es cierta, que el amor anda escondido por las esquinas buscando adolescentes despistados a los que abordar de una manera incontrolable. La primavera, tiempo de sol, tiempo de hermosas mujeres que sacan a relucir el brillo de sus piernas, tiempo para ir al parque a leer, tiempo para susurrar poemas al oído, de hacer el amor debajo de un olivo con la luna de testigo, de llenarse el ombligo de arena en una playa con la madrugada de carabina. 

Pero la primavera termina por irse y ¿el amor con ella? Qué pasa con los adolescentes, qué pasa con el calor insufrible en la sangre, qué ocurre con esa mujer que pasa por tu lado y te deja ese aroma de diosa griega en tu olfato necesitado de aromas en la almohada. Yo prefiero el invierno, prefiero las noches largas y los días cortos, prefiero que una mujer pase frío porque así puedo abusar de mis abrazos, aquellos que cada vez me cuesta más dar a cambio de nada, prefiero las mantas en la cama que el sudor de las sábanas. Prefiero Enero o Febrero antes que Abril. El invierno tiene la lluvia en los cristales y la nieve en los tejados, el chocolate caliente, la cocina de leña y el frío en los pies, te puedes perder en las noches de invierno, puedes querer y olvidar en invierno, que te pongan las manos frías en la cara y jugar con el vaho de la respiración, prefiero el invierno porque nada ocurre en invierno si tú no quieres que ocurra, en primavera el amor viene pero pronto se va, pero claro yo qué puedo saber sobre estos temas. 

Recuerda

Lo que diferencia al ser humano de cualquier otra especie son los recuerdos, el ser humano es el único que tiene en cuenta el pasado, lo utiliza para mejorar, lo conmemora, lo venera y hasta lo ama:

"Recuerda, recuerda aquellas noches de verano en las que saltaba tu balcón para dormir a tu lado, cuando la noche se volvía de un color malva y rosado y enterrábamos nuestros recuerdos bajo el mar cristalino y salado, y se reflejaba la luna en tus ojos tan negros con mi alma. Recuerda aquel paseo y aquella despedida, recuerda tu mano apretando la mía y la lágrima oscura que cayó recorriendo tu mejilla como tantas veces lo hicieron mis dedos durante aquel verano. Recuerda tu mirada detrás de aquella ventanilla, recuerda todo y nada, recuerda tu regazo caliente y como le levantamos la falda al cielo en una noche tan gris y tan opaca que ni nuestra respiración se transparentaba entre el aire cargado de sal, recuerda los acordes de mi guitarra y la armonía de tu voz cuando me cantabas aquello de al alba, amor mío al alba. Recuerda, tus manos blancas y aquel piano que no sonaba sino que hablaba, que nos hablaba de amor y de caprichos, de futuro y de presente. Recuerda cuando me dijiste adiós, cuando me diste el último beso, recuerda cuando dijiste que me querías y cuando yo sonreí por última vez, recuerda los versos de Neruda y las canciones de extremoduro, las cervezas al medio día y el brugal en la noche. Recuerda. Y ahora, después de tanto sin recordar apareces, para cantarme de nuevo aquello de al alba, para que te llene tus noches de cielos malvas y de versos de Neruda, ahora después de olvidar pretendes que recuerde pero el piando hace mucho que dejó de hablar y ahora sólo suena canciones de olvido, mi guitarra ya no toca acordes de verano y mi corazón hace ya mucho que no coge vacaciones porque hace mucho que se quedó en un invierno eterno. Y ahora pretendes que salte de nuevo tu balcón cuando te olvidaste de abrir la ventana para que entrara el aire con olor a sal. E enfrió tu regazo y se murió el capricho del amor y aunque aún suenan las canciones de extremo ya no suenan contigo. Pero siempre  puedes recordar, porque nada está perdido, siempre hay una puerta, una esperanza y un remedio, siempre puedes seguir recordando y dar un portazo a la verdad, porque puede ser que un día la realidad llame a tu puerta y te encuentre en camisón, con la cama desecha y el café en el fuego, y quizás la despedida deje de ser un error, el adiós deje de existir y todo fuera como si nunca hubiera pasado. 

domingo, abril 05, 2009

Ana


Hay muchos días en los que no puedo escribir, hay días que no sale nada de mí, que no ocurre nada o que simplemente la rutina me adormece la mente, la inspiración o cómo quiera que se llame el sitio de donde salen mis letras; pero entonces ocurre, ese momento mágico en el que sales del sopor, mejor dicho, en el que alguien inesperado te saca de él.

Ahí me encontraba, casi sólo, ensimismado en mi mundo, quizás pensaba en por qué no podía escribir o en lo aburrido que estaba y lo cansadas que habían sido estas últimas semanas, no distinguía las caras, solo unas luces, una mancha de colorido indescriptible y unas pupilas dilatadas que navegaban por mi mundo intrincado y a veces maravilloso, pero siempre solitario, y entonces la magia. En un segundo todo cambia y alguien se mete en tu mundo donde vas a olvidar para agarrarte bien fuerte y llevarte al suyo.

Entró como un huracán, devastándolo todo a su paso, arrasando mis defensas fortificadas a base de dolor y soledad, derribando muros impenetrables sin el menor esfuerzo y dentro de mi asombro veo su mechón de pelo ocultando uno de sus ojos y el otro visible, clavándose en mi subconsciente como una antorcha ardiendo, caliente y dolorosa, derrochando más belleza por aquel ojo de la que había en todo el lugar. Me vio, triste, sólo, casi derrumbado y me rescató, me acercó su mano, lo justo para poder oler a mezclas de tabaco y ron, el perfume del amor (para mí, claro). Alcé la mirada y me encontré con ella como quien se encuentra un cometa sobrevolando el cielo en una noche de verano calurosa y eterna, el mundo giró más deprisa y más deprisa, o quizás fue mi corazón el que se aceleró y de repente me dio la última estocada, me sonrío, sonrío como quien ve nacer a alguien, como quien se enamora por primera vez, como quien se despierta con el calor de un minúsculo rayito de sol en la mejilla, como quien abraza a alguien de madrugada, como quien roba un beso debajo de una farola en un día de lluvia, como quien… Los destellos de su sonrisa me encandilaron, y el brillo de sus ojos me calmaron y por primera vez en mucho tiempo no tuve nervios, el candor que emanaba me calmaban como un lexatín con vodka (esto va por ti pequeña), y me sentí feliz, con ella, por dos minutos de conversación, por unas risas que me devolvieron a la vida, por un chupito de Matusalén estupendo, por verte bailar y por un recuerdo que me acompañará durante mucho tiempo… Y ahora…Ahora como siempre a escribir, y a cada letra dolor… dolor de no haber preguntado más… de saber sólo un nombre en un mundo tan grande… y a seguir escribiendo pedacitos de mí… y a seguir buscando que alguien como tú aparezca… y que nunca más se valla… Y ahora a seguir escribiendo… tan solo con un nombre en un mundo tan grande…

sábado, marzo 28, 2009

Sueños.


Trabajar de noche tiene estas cosas, que duermes de día, fácilmente pueden ser las seis de la tarde y seguir durmiendo, yo acabo de despertar. Despierto con una sensación que hacía tiempo que no sentía, bienestar en todo mi cuerpo, con una sonrisa tan dulce como agradable y empapado en sudor. Por un segundo todo se había hecho tan real que casi lo podía sentir, justo en el momento que uno abre los ojos y recuerda el sueño, que a veces se confunde con la realidad, estabas ahí, en mi cama abrazada a mí como hiciste tantas veces hace tiempo, podía oler tu pelo de una manera tan realista que aún tengo tu aroma en mi nariz, acariciar tu piel en la zona baja de la espalda donde tienes el tatuaje, porque ahí la sensación de tu piel es diferente, es única. Sentir como se eriza todo mi cuerpo al surcar una pequeña parte de tu cuerpo, como todos mis puntos nerviosos se descontrolan y me elevan a un nirvana desconocido y extraño pero cariñoso. No sé si estaba dormido o despierto, quizás ni lo uno ni lo otro, puede ser que perdido en la zona que vagas entre lo onírico y lo real, done aún puedes ver el sueño con claridad a sabiendas de que un minuto más tarde no recordarás nada o casi nada, lo cierto es que a la hora de describir esto me dejo muchas cosas atrás que no recuerdo del sueño. Es posible que ahora ande algo confundido por el sueño, pero lo que puedo decir es que este sueño me ha trasportado a tiempos pasados en que me sentía especial, en que era alguien, muy diferente a como soy ahora sí, pero alguien que era muy feliz pese a todo. Ahí estabas tú, con lencería negra tendida en mi cama y sonriente, sudorosa, habíamos hecho el amor como lo habíamos hecho tantas veces y yo te pedía que me cantaras al oído como lo hice aquella vez en aquel pequeño trastero en las alturas del cielo; en esa época con quererse bastaba, ahora todo es diferente, ahora no basta el amor, ahora se necesitan muchas más cosas que yo carezco. Al rato, nos quedábamos en silencio, bajo la penumbra de la tarde y yo te decía que todo había sido por ti, que el cambio fue por ti, que quien soy ahora fue por ti y tú renegabas, yo te decía que callases, calla peque, cállate, porque todo fue por ti pero tu amor por mí duró dos meses y todo cambió, entonces todo fue por mí, cambié por mí, ahora soy mejor persona, aunque siempre algo de eso fue por ti. Quizás si te hubieras molestado en conocerme, quizás si le hubieras dado una oportunidad a mi pobre corazón, quizás estarías orgullosa de quién soy y en quien me he convertido. Después de decirte esto me besas, con tanto amor que casi me haces daño, medio llorando me dices lo mucho que me quieres y por fin despierto. Vuelvo a lo real y aunque sé que el sueño continúa no consigo recordar nada.

Después vuelvo a la realidad, me despejo y en el espejo me pregunto qué ha pasado, por qué ese sueño y por qué ahora, quizás porque eche de menos el sentirme tan especial como era en antaño, o quizás por qué recordar un viejo un amor siempre es gratificante, o quizás, simplemente porque sí. Pasados unos minutos vuelvo a la cama y me quedo unos minutos recordando viejos momentos que me llenaron de juventud y gloria, recordé el tatuaje, recordé el olor de su pelo, su risa atípica pero contagiosa, su manera de estornudar, sus pies tan pequeños, sus ojos de gata y lo que le gustaba que le rascaran la espalda, su forma de mirarse en el espejo y lo preciosa que estaba cada vez que se enfadaba, pero después volví a la realidad, a que no esperó, a que me recordó durante dos meses, a que me cambió como quien cambia una camisa vieja, quizás no me quiso nunca, quizás simplemente fui un pañuelo cura fracasos que duró mucho tiempo, quizás hay personas que se olvidan del amor como quien se olvida las llaves, no lo sé. Yo lo que sé, es que una parte de mí se fue con ella aquel día de aquel piso y que sólo vuelvo a tenerla cuando me visita en estos sueños.

miércoles, marzo 25, 2009

Adiós

Adiós. Así sonó. Simplemente adiós. Siguió sonando una y otra vez sobre la acústica de aquel lugar. La estación de tren estaba casi vacía. No llegué al aeropuerto, me quedé en semifinales porque no daría la talla, casi nunca la doy. Adiós. Sigue sonando como miles de destellos reflejándose en un espejo dentro de mi cabeza. Adiós, sonó después de un beso que duró más de quince minutos y un abrazo que creo aún dura; y después, sólo quedan mis palabras escritas en este papel. Pasó un día y aullé a la luna como un loco pidiéndole que me envolviera entre sus brazos de luz y me acunará como a un bebe mientras conciliaba el sueño, pero mis pies nunca se movieron del suelo. Después de una botella del ron mágico creí verla paseando entre los árboles del bosque como el primer día, con su pelo rizado y sus ojos mirándome fijamente mientras se apretaba el labio con sus dientes; ¿y ahora qué? El tirante le caía del hombro y su pelo lleno de bucles ardía sobre la madrugada, atados con la cinta roja que me robó una noche del mástil de mi guitarra. Se paró el tiempo y sonó un adiós. ¡Maldita sea! Sal de mi cabeza. Seguía caminando descalza entre las brozas y la maleza sin hacer ruido, las pupilas se me dilataban y todo era tan real, sus piernas brillaban, reflejaban la luz de la luna mientras mis compañeros seguían aullando como lobos enfermos y enajenados, yo comencé a perseguirte pero nunca te alcanzaba, siempre a punto, no lo logré. Volvió a sonar el último adiós y te desvaneciste como un fantasma y yo me puse a llorar como un crío, borracho, pero como un niño que se ha hecho mayor de golpe.

Han pasado varios días y no sé cómo ando tan sereno, han pasado muchos minutos sin ti a mi lado, y qué quieres mi mundo no se ha paralizado, el corazón no me oprime y mis pulmones cogen todo el aire que pueden. Pero. El pero es, que te echo de menos, más de lo que nunca hubiera imaginado, que no estoy echo polvo pero veo tu cara cuando cierro los ojos, que pienso en ti a cada instante y que mi estomago se llena de nervios cuando suena el móvil y mi corazón de tristeza cuando veo que no eres tú. Lo cierto es que a tu almohada ya se le ha ido tu olor de tanto abrazarla, la verdad es que la cafetería está oscura y tenebrosa sin ti detrás de la barra, e incluso el brugal sabe menos dulce si no lo sirves tú con la eterna sonrisa y con la luminiscencia de tus ojos cautivándolo todo. Lo único cierto y verdadero es que no estamos juntos pero estamos unidos. Y vuelve a sonar un adiós, y cada cierto tiempo vuelve a sonar, palabra que ya me acompaña en mi día a día: no estamos juntos pero estamos unidos.

viernes, marzo 20, 2009

El sol se pone

El sol se pone, llegaba la noche y con ella la sospecha de que todo no había sido un sueño, de que todo había sido real, de que el adiós resonó por todas las calles y su tono de voz vibró pared por pared recorriendo aceras, subiendo escaleras hasta lo más profundo del cielo y, en lo alto, se volvió a perder como un suspiro estridente y atronador adormeciendo la noche en una calma infinita e ilegítima. Carlos paseaba por la ciudad, veía la televisión e intentaba estudiar. María seguía sonriendo, seguía viviendo. Carlos soñaba, recordaba las promesas de amor que se hicieron para siempre. María olvidaba y encontraba en otra piel lo que Carlos le dio una vez, calmaba su soledad, simplemente vivía. Carlos sobrevivía anclado en las promesas, en todo lo que fue, y ya nada es lo que era, mientras el color del día cambiaba y volvía a cambiar se perdía intentando ponerle una palabra a lo que sentía, intentando poner su cara y su corazón a los brazos que ahora abrazaban a María.

Ya nada es lo que era, todo era para siempre y el siempre pasó a ser un adiós inverosímil, una idea remota que se hizo posible con una sonrisa, un beso en la mejilla y los brazos de otro hombre. Qué clase de sortilegio, qué conjuro horrible, pensó Carlos mientras la imaginaba sintiendo los besos, el roce de unas manos que no eran suyas, y aún no lo podía creer, que el amor fuera finito, que su historia tuviera fin si nunca tuvo principio. Acostado, mirando al techo pensaba, volvía a recordar que en esa misma cama, en aquel mismo lecho que vio tanto amor se hicieron promesas que el viento rompió como rompe la calma. Apagó la luz, se tapó con la manta y se durmió, y en su sueño siguió sin creer que lo que estaba pasando, impotente, rabioso y dolido, y sabiendo que al día siguiente, cuando despertara, seguiría sin creer…


Gracias a Carlos por una historia tan bella como triste.

miércoles, marzo 18, 2009

Junto a las oliveras,

Era una de nuestras primeras noches, entre caricias y besos, calores y una pasión desatada, ya buscábamos nuestro sitio en el mundo, un lugar nuestro, para nosotros, donde el tiempo no pasara y la luna nos acunara en su regazo mientras nos amábamos con ardor y violencia. Hartos de corretear por las calles persiguiéndonos como enfermos, buscando la droga que sólo encontrábamos en la piel del otro. Cansado de mirarte y no poder tocarte, cansado de desearte como quien desea un tesoro. Buscamos nuestro sitio bajo las oliveras, aún recuerdo con paciencia febril y deseo carnal nuestras noches allí, el sabor de tu vientre cálido, tu boca sinuosa y triste y tus labios ardientes como el averno. Es como si te estuviera viendo ahora mismo tendida en aquella manta con el olor de la oliva madurando aún en mi retina y tú tan hermosa como una diosa griega, acurrucada entre mis brazos, deshaciéndote en cada caricia, derramando tu cariño en cada sonrisa, con la mirada tierna y la piel tan suave como un abrazo. Hartos de buscarnos una noche de primavera encontramos nuestro sitio, para ti y para mí, sólo nuestro. Al fin lo teníamos, pero todo quedó atrás, se nos olvidó el amor, se nos pasó seguir besándonos, se nos olvidó ir a nuestro lugar secreto con la manta, las oliveras, la luna y su regazo y los cariños de enamorados, todo se perdió.
Hoy he vuelto a pasar por allí, resulta que todo lo van a quitar, tirarán las casas, arrancarán las oliveras y construirán algo, quizás un parque, quizás un bloque de pisos, quizás no lo sé, pero me he alegrado de que ese lugar desaparezca, si ya no voy a volver contigo, escuchando tus carcajadas, si ya no queda amor en aquellas oliveras prefiero que mueran y se pierdan, como se perdió todo lo demás, prefiero que todo se quede en un recuerdo, recuerdo que se quemará a su debido momento. Ahora busco también mi lugar, un lugar para mí sólo, donde el amor no llegue y nadie me defraude, donde todo sea bonito cuando cierre los ojos y el cielo cambie de color cada media hora, donde piense en una flor y aparezca de repente, donde haga calor si tengo frío y haga frío si tengo calor, donde llueva constantemente una lluvia de sabores, a chocolate y sal, a limón y naranja; un sitio que esté lejos de ti y lo más cerca de mí que pueda, y no es rencor se llama olvido…

lunes, marzo 16, 2009

Una imagen del pasado


Hace poco te volví a sentir, hace muy poco que te volví a ver, no quería escribir sobre ti, no lo mereces, y la mayoría de cosas las detesto porque ya casi no te soporto, soy sincero, no es un delito olvidar y menos olvidarte a ti, pero yo no elijo lo que escribo, mis letras son tan independientes que casi ocupan todo mi ser, son tan libres que me dominan y no tengo más remedio que someterme a ellas, pero no estoy conforme por escribir ni una coma sobre ti.

Te volví a ver, o eso creo, parecías tú ¿o no? Ya casi ni te reconozco, ya casi ni te recuerdo o no te quiero recordar (las gallinas que entran por las que van saliendo). Tenías el pelo cambiado, el castaño te sienta bien, sabes bandida que siempre me gustaron las mujeres de pelo castaño, pero aunque odio a las rubias contigo nunca me importó. No era tu cara, tu rostro estaba cambiado para tan poco tiempo, pero eran tus gestos, esa forma de andar era la tuya, siempre captando mis ojos con tu contoneo serio y desatado al mismo tiempo, me hizo recordar muchas cosas buenas, días en los que creía en otras cosas y pensaba que el amor era diferente, días en los que tu cuerpo era como un templo y mis besos una oración, tiempos en los que el dolor no importaba si tu curabas mis heridas, una época en la que sólo importaba quererse y después llegó la gran oscuridad. Seguías caminando, del brazo de otro por supuesto, pero no me importó. Estornudaste, ese estornudo te delató, supe al instante que eras tú porque esas cosas nunca se olvidan, suena mal, pero al estornudar siempre te ponías preciosa con una belleza increíble y ese día volvió a pasar.

Después seguiste tu camino y yo el mío, no sentí dolor, mi corazón permaneció inmutable y el mundo siguió girando, sólo me trajiste recuerdos de una época que, pese a todo, guardo en una caja con mucho cariño; pero, también hay que decir que después de una gran oscuridad, o mejor dicho, cuando te envuelve una gran oscuridad, si sigues, si caminas hacia delante, si no te anclas y avanzas con todas tus fuerzas al final terminas por encontrar una luz, que será pequeña pero termina por ser muy grande. Ahora mi vida es el Rock and Roll (es coña), ahora mi vida son muchas cosas de las que no tienes idea ni quiero que tengas, cosas que me hacen feliz y ser la persona que no pude ser a tu lado, sólo espero que tú seas también la persona que fuiste una vez y no en quien te convertiste a mi lado, tequila bebe el barquero pequeña.

lunes, marzo 09, 2009

Soñar, despertar y desear olvidar.


Nace el día, se muere la noche y con ella el sueño. Queda el recuerdo de lo vivido en la nocturnidad de mi cama, me desperezo, la sed me aprieta la garganta y al dar la vuelta el olor de otro cuerpo en el colchón atenaza mi olfato. Toco la almohada y anda sudada, me incorporo y un suave mareo me hace girar en sentido contrario al mundo y, entonces, aparece como un rayo, un impulso eléctrico que azota mis neuronas con violencia y vuelve el recuerdo de un sueño tenido. Se unen mi consciencia con mi subconsciente, mi mente se hace una con la realidad y lo irreal, y mi corazón se desangra como si le hubieran clavado miles de agujas una detrás de otra. Soñé contigo, con tus pequeños ojos marrones mirándome en lo alto de una montaña, vi tus manos rozándome el cuello en un desierto donde no hacía calor, y la arena era fría. Me besaste en un glaciar con nieve azul y verde, y que olía chocolate; vagaba por el sueño corriendo detrás de ti pero siempre escapabas de mí, pasabas de bosques amarillos a océanos salados de agua roja, saltabas por la luna de un lado a otro susurrando mi nombre mientras yo sentía como me ahogaba sin aire. De pronto aparecíamos en Roma sin coliseo, en París sin su torre o en Venecia con carreteras, sin agua, sin canales. Veía a través de ti, la trasparencia de tu vestido, y mientras mi amor se desagarraba de mi piel con un dolor insoportable te quedaste quieta. Inmóvil, imperecedera, hermosa, bella, inagotable y linda, y en un segundo dijiste adiós. Un adiós que fue como un alud de sentimientos que me sepultaron bajo una capa de nieve ardiente y dolorosa; y desperté.
Reconocí el olor en mi cama era el tuyo; reconocí tus ojos en el sueño eran los tuyos; reconocí todo lo que me llevaba a ti, y al terminar de recordar quise olvidar, porque sabía que todo había terminado sin tan siquiera empezar; quise olvidar que no quemar, el recuerdo de aquel sueño tan triste como hermoso, quise borrarte del mundo y encerrarte en mis sueños, así quizás ya no me volvería a sentir tan sólo, quizás le hubieras dado una triste oportunidad a mi viejo y magullado corazón, quizás te hubiera enseñado a sentir cosas que sólo yo puedo ver, cosas que yo sólo puedo sentir, quizás te hubiera enseñado a volar sin caerte o, quizás, te hubiera enseñado mi lugar secreto, te hubiera mostrado mi playa y las rocas donde viven los cangrejos y cuando golpea el mar es como si las nubes dijeran tu nombre. Pero. Siempre pero. Pero no habrá playa, ni habrá oportunidad, ni madrugadas en tus labios, ni ojos pequeños, ni olor en mi colchón ni habrá nada, tan sólo quedará éste sueño y el deseo de querer olvidarlo.


"El amor es la piedra que Sisifo empuja, el mundo el cascabel de un gato asustado, nadie nos avisó que amar es doler que crecer es aprender que para regresar y para casi todo es tarde y aquello que no fue nuestro más leal amante..."

viernes, marzo 06, 2009

Mi Querida Lisboa II

Sólo había pasado una noche en la ciudad pero era como si sintiera que hubiera vivido allí toda la vida, como si hubiera vivido en ti toda la vida. El alba comenzaba a despuntar y el vestigio de los olores de la noche lusa se infiltraban en la habitación como un torrente de sensaciones inesperadas. Desperté. Entre sudor y pesadillas, creyendo que todo era un sueño, que mi cama estaba vacía, que mi corazón estaba parado, que el día no existía y la noche se había marchado junto a tu recuerdo. Al abrir la ventana todo se hizo realidad, Lisboa aparecía ante mí majestuosa, solemne y bella como la flor que se abre en la primavera desconsolada, aspiré fuerte y absorbí lo embriagador del momento, pero ¿dónde estaba ella? Mientras fruncía el ceño por el sol escuché la voz y el “Flash Back” fue instantáneo; las paredes eran rojas y hacían juego con las flores del local, la barra era de madera y muy pequeña, y unas ocho o nueve mesas con una vela orientadas hacía el pequeño escenario. Tu voz, aterciopelada y sensible fue como un taladro en la sien, tu vestido azul y la forma de mover las manos…
- De dónde vienes?- me preguntaste.
- Tan sólo estoy huyendo.-
Me abrazaste sin más, ni una explicación ni una palabra, tan sólo la expresión de mis ojos y mientras me abrías el corazón para que yo pudiera esconderme en él me hiciste feliz sin saberlo; aquella noche trabajé en el local hasta media noche, después de cerrar, paseamos por Lisboa, por el puerto oliendo a pescado, tomamos café en un parque...

-Dónde dormirás hoy?
-No lo sé, da igual, demasiado has hecho ya por mí.

Me cogiste la mano y la apretaste contra tu pecho, seguimos paseando hasta tu casa, el calor abrumaba. Mientras me preparabas la ducha yo miraba las fotos del salón, la noche siguió. Conseguí dormir, pero pronto volvieron, las pesadillas, aquellas de las que huía, y en medio del fragor de la batalla, tú piel. Sentí tú piel, fina y suave, el calor de tu piel abrazándome con ternura, su pierna encima de la mía, el sudor de sus muslos y el olor a mujer me descompusieron el alma.

De qué huyes?-
Sólo busco paz- Le contesté entre suspiros.
Encuéntrala en mi boca-

Encuéntrala en mi boca me dijo, y así lo hice, encontré la paz y la vida. Ahí me encontraba frente a la ventana, Lisboa a mis pies y pensando que todo era un sueño pero una voz me sacó del naufragio, la misma canción, la misma voz, corrí hacia la cocina y allí la encontré preparando el desayuno, mi paz, mi felicidad.
-Deja eso- le dije.-Ven aquí, ven a la cama.

Y allí permanecimos, quietos, invencibles, mirándonos a los ojos casi sin respirar y con el ansía de buscar el amor en dos almas desconocidas. Pasaron los días y quedaron las noches, cada una mejor que la anterior, cada beso más intenso que el anterior, las noches de amor se sucedían y Lisboa nos contemplaba como la luna contempla el mundo desde su trono imperecedero. Quedaron nuestras marcas en las sábanas del colchón y el amor en la paradoja de nuestra necesidad, quedó nuestro cariño como una bandera en terreno virgen, quedó mi soledad allí como su saliva en mis labios, como el recuerdo de su canción en mi oído, como mi huída se quedó en mi querida Lisboa.

martes, marzo 03, 2009

Principio de Incertidumbre

Hoy pretendía hacer algo distinto, escribir sobre otra cosa que no fueran mis temas habituales. Esta observando la lluvia caer, viendo como se manchaban los cristales con el fino estertor que lo está cubriendo todo, y me acordé de Heisenberg, es raro que yo piense en un hombre como este, luego recordé una canción de Ismael que se llama el principio de incertidumbre; como ya sabréis fue Heisenberg quien descubrió este principio:



De manera muy resumida, este principio viene a decir que no se puede determinar, simultáneamente y con precisión arbitraria, ciertos pares de variables físicas, como son, por ejemplo, la posición y el momento lineal (cantidad de movimiento) de un objeto dado. En otras palabras, cuanta mayor certeza se busca en determinar la posición de una partícula, menos se conoce su cantidad de movimiento lineal. Yo no tengo ni idea de esto, la verdad es que lo he copiado impunemente de la wikipedia, pero al leer las consecuencias vi algo que si me ha llamado la atención: , lo que a mis ojos parece decir que todo es posible.

Todo es posible, nada es calculable, ésto lo descubrí yo la primera vez que hablé con una mujer, me di cuenta que no se podía calcular nada de lo que me iba a decir porque era indeterminable, y aún más, supe que hablar con una mujer era una incertidumbre constante; es probable que si Heisemberh levantará la cabeza me demandaría por usar su teoría para explicar ésto, pero lo cierto es que si todo es posible, tal vez, sea posible desentrelazar los hilos que manejan las relaciones humanas; como buen filosofo que soy, he meditado esto un rato para llegar a la conclusión de que todo de lo que estoy hablando es una tontería que no merece la pena ni hablar de ello, porque a lo largo de los siglos en lo que se refiere a las relaciones humanas nos ha ido muy bien, sobre todo desde que se inventó el divorcio, yo de momento seguiré hablando con las mujeres, porque a pesar de que no suelo entenderlas nunca me resultan fascinantes, por el momento lo único que puedo hacer es dejar a Isma con su principio de incertidumbre, y a quien lea esto que lo olvide y piense en otras cosas porque todo ha sido una gran tonteria.

lunes, marzo 02, 2009

El rito, unos ojos azules y la chica de anoche.

Hay una especie de ritual, un protocolo no escrito a seguir cuando entras en un bar. Entras, te sientas, pides algo y mientras te lo tomas charlas con los amigos, observas de un lado a otro sin destino fijo, hay que tener claro que las miradas son imanes cuando dos se encuentran siempre terminan por unirse, así comienza la liturgia. Sentado con la mirada muy perdida hasta que el magnetismo de unos ojos a unos diez metros de mí atrapan mi mirada sin destino. Ahí estaba yo, sentado, a mi izquierda mi brugal con coca-cola, a mi derecha el maestro José Tomas haciendo el sudoku del periódico, y justo a las doce en punto otra mirada perdida que choca con la mía y como es natural, se unen para converger en unos ojos azules grandes como el cielo mismo, levanto los míos y ahí estaba ella, sonriente, con una falda vaquera y una camiseta roja o chaqueta o algo rojo, no me fijo demasiado en la ropa de las mujeres. Por un segundo vacilo, pienso ¿sonrío?; ella se acaricia el pelo, joder eso significa algo ¿no?, entonces me decido a sonreír y ella me devuelve la sonrisa, uno a cero pienso en mis adentros. Una amiga le habla, ella con elegancia asiente a su compañera pero sin apartar la vista de mí; yo, muy nervioso, dubitativo, cavilando mis opciones y barajando posibilidades porque una mujer puede llegar a ser muy confusa, miro al maestro José Tomas en busca de consejo, después de unos segundos de deliberación asiente con la cabeza, termina la primera fase del ritual. Con la bendición del maestro lo normal es que hubiera dado paso a la segunda fase del ritual y digo lo normal porque no llegué a la segunda fase. La segunda fase trata del acercamiento, decir hola, entablar una conversación, decir algo gracioso y mientras ella ríe pedir su número de móvil y acabar el día con una cena y quizás unos besos, pero no olvidar que soy yo, y a mí algo siempre me perturba la mente.

En efecto, algo me perturbó la mente, ella, cómo no, mi chica de anoche, la eterna chica de anoche, esa mujer que nunca veo, que no quiso tomar café conmigo, esa mujer que seguramente nunca querrá saber como soy, esa mujer por la que desespero y que no sabe cuál es el motivo de mi obsesión por ella. Mientras miraba a la chica de rojo ella volvió a aparecer y con ella la calma, la paz y la quietud, volvieron sus ojos pequeños y las metáforas de amor que surgían de mi mente como un torrente, la vi tan cristalina como un manantial, hice un inciso: un sorbo a mi brugal y sentí sus labios en mi cuello, como se me ruborizaba el vello, sentí las venas de mi brazos contraerse y sentí soñar, soñar despierto, un abrazo, joder, tenerla entre mis brazos y que todo desaparezca y sólo quede su ternura, sólo permanezca ella, inmutable, caliente y suave, acariciar uno de sus muslos por debajo de su vestido, y empiezo a ser lascivo y lujurioso, pero más allá del deseo carnal, tenerla a mi lado porque mi corazón parece que late más despacio, porque mi mente parece que se vuelve algo más normal, porque todo deja de ser gris y puedo ver los colores y oler el mundo, oler su belleza. Y en medio de tanto sopor imaginario desapareció como hace siempre que me viene a la mente, me deja con la miel en los labios y se marcha. Unos segundos más tarde recordé esos ojos azules que me miraban y esa sonrisa que me llamaba, volví a sonreír y me despedí de sus ojos y de los labios que probablemente me hubieran arropado toda la noche, pero preferí esperar; me di la vuelta miré al maestro José Tomas y suspiré con resignación, esperando a que el tiempo me dé la oportunidad de enamorar a la eterna chica de anoche, o al menos, de tener la ocasión de desahogarme y abrirle la caja de Pandora para que ella decida. No sé por qué, pero presiento que esta historia tendrá más capítulos………..

Continuará?

Para Bel B.

Continuo hablando de las palabras porque hecho de menos tus palabras, pequeña Bel B, hecho de menos ese numerito entre paréntesis en mi Messenger que me avisa y me llama de que ya has llegado, abro la página, y la boca se reseca junto con mi ansia. Mientras leo, mejor dicho, devoro lo que has escrito, tú te haces presente en mi habitación, todo lo demás se marcha. Palabra a palabra te haces corpórea y etérea al mismo tiempo, silaba a silaba estás en mí, cada tono de mi voz se convierte en ti y, entonces, te siento cerca. La luz se apaga y quedamos a oscuras, todo muy casto, todo muy pulcro, todo es limpio y puritano, siento tu piel, sí, tu piel pequeña Bel B, y mi mundo se desarma como se desarman los árboles en otoño. Vuelvo a releer y escarbo entre tus cabellos buscando un valle donde poder perderme por una eternidad y el mensaje se vuelve a acabar, giras y giras y vuelves a girar, sonriendo, mientras el sonido de tu risa me va apuñalando el corazón como un deseo que nunca llega a cumplirse. Entonces escribo, contesto tu mensaje, con tu imagen aún en la retina, con el mundo en penumbra y con mi deseo en la lengua de mi imaginación, pronto la luz se enciende, rápido todo vuelve a la normalidad y espero con ansia un nuevo mensaje, nuevas palabras que son como caricias para mi alma vagabunda y besos para mi mente bohemia, y lo que parece irreal se convierte en real, y el planeta cambia de color, y la vida se torna más alegre mientras los correos llegan, y yo puedo ser yo con la seguridad que da el no verte nunca.

Gracias pequeña Bel B y gracias a tus palabras.

Un poco más de Mí

Después de unos días sin escribir me vuelve la inspiración como un golpe de mar, que se aleja y vuelve a la orilla con espuma salada y mojada en arena. Aún no sé reaccionar a los días de bloqueo, cuando no puedo escribir es como si me trasladaran a una isla desierta como un naufrago perdido, sin nadie con quien hablar, sin nadie a quien mirar, sin nadie a quien escuchar; en cambio, cuando escribo se abre un mundo de eternas e infinitas posibilidades ante mis ojos; cuando escribo puedo ser un pescado de la nieve en lo alto del mundo, puedo ser un animal que vive libre en alguna selva lejana o, simplemente, puedo ser quien soy: un triste hombre que algunas veces y, casi siempre, sin motivo se siente feliz tan sólo mirando tras el cristal. Intento describir que es lo que siento, porque e hecho de mi vida un sentimiento y de mis recuerdos una forma de vida y del amor un sueño encarnado en ideas y momentos que he vivido o que desearía vivir.

A pesar de que me costó mucho alejarme de mi pasado y que su sombra oscura me sigue persiguiendo, vigilando mi futuro, esperando el momento oportuno para aparecer y surgir de la nada, rodeándome con sus manos negras y lúgubres y volver a arrastrarme a ese mundo de desidia y desesperación, odio y maldad que tanto me costó dejar, ahora me siento seguro, me siento bien, pero llegan los días de bloqueo, llegan los días en que las palabras desaparecen y mi mundo se va desvaneciendo poco a poco, llegan los días de pesadillas y jaquecas, y aunque los recuerdos no pueden hacerme nada porque los malos ya ardieron hace tiempo, me siento desnudo y desprotegido sin mis palabras, ellas que tanto han hecho por mí. Cuando vuelven es como un éxtasis, un desenfreno dentro del onanismo pasional de mis sentimientos. Soy demasiado mayor para supeditar mi bienestar emocional a las palabras, a pintar imágenes con letras y silabas, pero es como mi droga particular, es mi escudo, mi debilidad, simplemente, son mis palabras.

Ahora sabéis algo más sobre mí, ahora podéis ver el mundo con mis ojos, cerrad los vuestros e intentar describir todo lo que veis, no usad los ojos porque la vista suele mentir, suele hacer creer lo que uno quiere creer, usad las palabras, usad un lápiz y un papel y veréis como es el mundo en realidad, veréis que todo es un cúmulo de tonos grises y apagados a los que las personas les vamos poniendo color a nuestra forma y manera. Usad las letras, veréis que todo es distinto, luego leedlo y hallaréis la dulzura y la belleza, describid una mesa y dejará de serlo, será otra cosa vista con la mayor de las hermosuras, id lejos, a una montaña y divisad el paisaje una vez, cerrad los ojos y escribid, al volver a verlo comparar el resultado y os daréis cuenta de cómo veo yo el mundo, sino, siempre podéis seguir leyendo mi blog.

miércoles, febrero 25, 2009

Te hubiera dicho

Si la vida nos hubiera unido en otro momento, si el caprichoso fulano que maneja los hilos del destino a su puñetero antojo, sí, siempre si hubiera sido de otra manera, tal vez te hubiera dicho cosas diferentes, todo hubiera sido muy diferente, quizás mi mano no habría estado temblorosa y tu risa no hubiera sido forzada, tal vez si te hubiera dicho que mi mente es una tormenta eléctrica de palabras y de acordes que nunca formarán una canción sino no me miras, que soy muy pesado con Ismael, pero no quiero existir si no me miras tú, ya ves, me canso de perderte y de saber... te hubiera dicho que no hay noche si no estás a mi lado, sino tengo tus ojos pequeños cerca de mi mirada distraída y enamorada, te hubiera dicho que es mejor que me vaya lejos si te cansaras de mí, te hubiera dicho que necesito tu aliento en mi nuca, que necesito ver tus labios a pocos segundos de los míos; te hubiera dicho que si la tierra gira es por ti, que si la luna brilla es porque tiene envidia de tu luz, te hubiera dicho simplemente que te amo, desde el primer día, desde que dejaste mi mente en blanco por primera vez.

Tengo miedo,
al funeral de tus besos,
al aroma a ceniza
que trae el cierzo y su viento,
a olores de rezos.

A oscuros ósculos del ama
donde se entierran labios
en dulces sepelios
con el dolor de amar:
a pensar,
a mirar,
apenas olvidar
(a recordar).

Tengo miedo
a la caricia que llega tarde,
a la metáfora inexpresiva,
al soneto:
al cantar de tu recelo,
al adiós que se va
y contigo arde.

domingo, febrero 22, 2009

Dos palabras, Ismael y la chica del vestido marrón

.

Van casi dos horas encerrado con mi guitarra, la pobre cada vez suena peor o soy yo que cada vez la manejo peor. Aquí estoy con Ismael de fondo diciéndome que ya ves, a veces se cansa de ser hombre y también le agota escuchar que todo va bien, y yo casi llorando, creo ambiente con la luz apagada y unas velas que iluminen la penumbra de mi corazón, intentando sanar la herida de mi burbuja particular, de mi sala vip imaginaria, pero el cristal invisible que uso de barrera no sana como la carne. Con la mirada perdida y sin hacer caso a la música recuerdo la noche de ayer y me causa un profundo dolor, un dolor amnésico, un dolor calmado inherente a una sensación tan olvidada, que ahora me duele tanto, que ahora significa tanto, pero sigo con mi guitarra y la mirada perdida intentando transportarme de nuevo a ayer noche, cierro los ojos y en cuestión de segundos las paredes desaparecen, la música cambia, el ambiente, todo gira y todo se trastorna, hasta que retrocedo en el tiempo y vuelvo a la noche anterior, vuelvo a ayer noche.

Ella estaba allí, ya sé como se llama pero no revelaré su nombre. Allí estaba ella, la chica de anoche, la chica del vestido marrón, durante dos horas la estuve mirando con ardor, con avidez, tan hermosa, derrochando beldad, su cabello, sus ojos mirando hacia un lado y otro, sus labios, me deshacía en mi interior, me perdía imaginando conversaciones, imaginando situaciones, paseos por la orilla de mi playa, decirle: -quieta ahí, ¿los labios o la vida?-, rozar su mejilla con el dorso de mi mano y sentir el calor, mirarla directamente a la puerta de su alma y decirle: te escribiré poemas el resto de mi vida, pero deja de oprimirme el corazón que me duele como a un guerrero herido en su última batalla.

Pasadas dos horas me acerqué, poco a poco, paso a paso, mientras me iba a cercando yo me iba empequeñeciendo y ella, cada vez, más grande y más bella y más linda y más lejos de mis manos, tomé aire y grité (vértigo que el mundo paré); con su mirada despistada. Me tenía atrapado, frente a mí sus ojos pequeños, su boca, su nariz, su escote, sus piernas que no terminan, su vestido hasta las rodillas, todas sus facciones perfectas, todo donde debe estar, tan deseable, sublime, pero aún así, me desgarró como una apuñalada; con un corte limpio y sano en el centro de mi burbuja de cristal. Fue tan doloroso, volver a pisar tierra, el aire olía diferente, no tan viciado, tanto tiempo con mi armadura de hojalata que me sentí desnudo, y al tenerla delante, fue como un tiro. Sentir el proyectil girando y girando mientras avanza dentro de mi carne, de mi corazón en cueros vivos, y con el temblor de rodillas, los nervios de mi estomago dije hola.

Sólo fueron varias palabras que no tienen importancia, sé que fui un inútil, sé que pudo ser mejor, sé que no cubrió las expectativas, pero en aquel momento supe también que, esta historia no terminaría ahí, aún quedaba mucho por hacer, mucho por hablar, mucho por escribir, mucho por imaginar. Vuelvo a mi habitación, con el olor a cera deshecha de las velas, con las lágrimas en mis ojos, y con la canción por terminar a falta de un acorde, acorde que no voy a tocar, porque esto no ha acabado aún, porque Ismael tiene que cantar mucho aún, por que dos palabras no es suficiente, porque sigo buscando a la chica de anoche…