viernes, marzo 26, 2010

Primavera



Ya está aquí, llegó hace unos días, malvada, soleada y sonriente. La primavera entra por esa puerta grande con un letrero en el quicio que pone ALMA. El parte de daños ya es muy largo, aunque nada en comparación a lo que terminará siendo. Los cielos acabarán por despejarse, el sol tomará su trono en lo alto de un cielo azul (añoraré mi cielo plata) y el calor empezará a sofocar a los pobres seres humanos, ignorantes de la trampa que supone… El amor brillará, ya se ven parejas buscando en la nocturnidad de sus hormonas una farola rota, un portal, la callejuela oscura que les sirva de escudo para poder abrazarse y besarse con total impunidad amorosa.

Cada vez que llega esta época mi alma se sumerge en un sin fin de dilemas, un baile incongruente de sentimientos forjados en la fragua de la soledad más posesiva y violenta; siempre acabo por cometer los mismo errores, primavera tras primavera (dolor tras dolor, diría José Hierro) veo desde la ventana a mi dulce Carola deseando que el tiempo se quedara en la floración y los frutos nunca llegaran, pero nunca pasa eso.

Ahora, mi error está por ahí, seguramente con el corazón en carne viva, deseosa de unos brazos que la mantengan caliente mientras el siniestro frío de la primavera nos azota; yo, permanezco tras mi ventana vigilando, observando, admirando a esa pequeña mujer pasar un día tras otro tras el cristal de mis pupilas desgarradas y apretando, más y más, mi corazón en un puño: Oh! Triste desamor/ tristes penurias las del corazón… Ignorante ella de que mi corazón está dispuesto a cuidarla, a dar ese cariño que tanto ha luchado, a ser esclavo de una pasión que a perdido ya mil batallas, que está dispuesto, simplemente a ser un hombre enamorado de su sonrisa grande y blanca, de sus ojos que profundizan hasta la eternidad o de su mano ardiente y sincera. ¿Cómo pueden mentir unas manos? O cómo podría mentir el aroma de su cuello, a mezclas de viento y espuma de sal, a blanco azahar y regaliz que me lleva a mi niñez más febril y amorosa.

Dentro de tres meses, el amor se irá de mí… volveré a cerrar las puertas, a cubrir los muebles de mi alma con las viejas sábanas que una vez cubrieron mi cama y volveré a mi otoño con un verano de antelación… pensando en aquello que pudo ser y no fue, en aquellas manos, aquella mujer… en la sensación de sentirse enamorado y no correspondido, en la verdad universal de que el amor siempre te vence por mucho que quieras engañarlo… por mucho que quieras ser el apuntador de esta obra de teatro que se llama vida, más tarde o más temprano todos acabamos siendo actores.

jueves, marzo 11, 2010

Veleta

Era la tarde soleada. Algo de frío con mucho sol. Al mismo entrar el olor a café ya amenazaba mi nariz y la sensación de que algo iba a ocurrir era tan cierta como que el mundo gira y gira (gira corazón, gira corazón). En mi mente, tan sólo, la imagen de la primera luna de Marzo, aquella a la que tanto le cantó Lorca (gira corazón, gira corazón), hasta ahora no entendía su poema, nunca me había considerado una veleta mirando a un punto cardinal según el viento me deseara la buena nueva y lo cierto, es que nuca se trató de eso. “Viento del sur, / moreno, ardiente,” Al entrar entendí, a oscuras llamaba la melancolía a mis puertas, el pasado se hacía presente y la primavera me inundaba los pulmones, viento del sur...

Estabas tú, en un fondo bruno y hermoso, cambié de año, a una semana santa, en un garito muy recordado, donde solía encontrarme con Elton y cantar por Isma en las noches en las que andaba enamorado. La luna se escapaba de mis retinas mentales y la mi vista era para tus ojos, casi imperceptibles, las canciones surgen, los versos siguen y no basta tu tez morena y el cabello lleno de bucles para calmar el ansía de un alma que busca compañera en las noches de aguacero y camas vacías.

“Llegas sobre mi carne, / trayéndome semilla/ de brillantes” ay de tu luna, ay de mí, pensé. Al acercarte, la mano en mi espalda sin el corazón de Sabina pero con tus ojos de gata y la alcoba en la vista de un deseo irremediable. El escalofrío de un niño de quince años que recorre el cuerpo como un rayo y la luna cada vez más lejos y el amor cada vez más cerca, y yo, y tú, y tú y yo; todo enrevesado, todo rotando, todo girando frente a mí; frente a mí tu sonrisa que más vale un cielo tapado de negro que no ver tu sonrisa, tan amplia, tan azul, tan mar, y dice Isma: me duermo en tus ojos; yo me derrito en deseos vanos que se pierden en una boca tan bella como una “veleta”, y al tocarme, recordé, aquella mujer, aquella Santa Verónica con su manto a rastras y su eterna belleza que aún palpita en mis recuerdos, tanto me recuerdas; “aquella manos, aquella mujer, aquel invierno no paraba de llover…” y vértigo (me dije) que el mundo pare que ya estás sobre mi carne. “Miradas, empapado/ de azahares.” Y al irte, mantén las distancias, pequeño Ismael, sé cuervo por una vez, pero al cruzarte pensar que mas da, una mirada no hace daño (aunque si duele) para ver tu figura alejarse, tan dulce, tan hermosa, tan bella, tan…

Llegó la primavera y la sangre hierve, ahora entiendo a Lorca y comprendo el amor a su Luna, ahora entiendo que somos veletas, que cuando el escalofrío te golpea no se puede escapar, sólo señalar la dirección correcta y esperar a que todo lo intrincado se vuelva una línea que desdibuje maravillas en un cielo azul e inmenso, y que la espuma que llega a mi orilla sea salada y blanca, y mientras tanto “!Hazme caso! /gira, corazón; /gira, corazón.”

In Springtime

Y mientras se ilumina mi cabeza
ruego por el que he sido en la tristeza
a las divinidades de la vida.


José Hierro

Primavera es mi año nuevo, con ella viene lo nuevo, arrastrado por el polen que se esparce aparecen las novedades, nuevas personas, nuevas ilusiones, nuevo… quizás el amor llame a mi puerta como en otras ocasiones, pero seguramente tendré la música a todo lo que da de sí o el corazón insonorizado con veinte capas de dolor y odio.

Normalmente hago balance siempre en Diciembre, pero esta vez es diferente, quería hacer balance global, observar quien era y quien soy, y me he dado cuenta de algo que no me esperaba.

Que cambiamos, estamos todos de acuerdo, pero no reconocerte es muy duro. Tengo la misma mirada, la mirada soñadora, idealizada de que todo es posible, de que el amor todo lo puede, y ese pensamiento, quizás, fue lo que me salvo de una muerte terrible, a lo mejor, hubiera sido mejor la muerte (para los que se alarmen, la muerte es una metáfora sobre el amor), hubiera sido mejor morir que la cirugía a corazón abierto a la que me he tenido que someter, teniendo que dejar dentro de mi cuerpo un marcapasos frío y vacío para que me dirija el ritmo y el compás de un latido que antes era salvaje y fresco como una mañana de Octubre.

Ya no me reconozco, no sé si ahora soy mejor (más viejo seguro), no sé si ahora tengo más capacidades o entiendo mejor la vida (que estoy mucho más feo, también), pero lo cierto es que no me veo en aquella persona que cogió el sufrimiento como dogma y a los demás como estandarte de una vida insignificante.

Nada de aquél queda en mí. Casi nada. Sólo esos ojos pequeños, que se cierran al estornudar y que ninguna cámara fotográfica es capaz de captar, esa mirada cansada desde el primer día por observar al mundo girar, vibrar por desgracia y recomponerse gracias al amor incondicionable. Quizás eso es lo que me mantiene vivo, quizás por eso no me veo en aquella persona egoísta y ambiciosa, quizás por eso ahora soy feliz siendo yo y sólo yo. Quizás por eso ahora entiendo el mundo, y sigo teniendo esa mirada limpia y enamoradiza.

Será por eso que aún me hierve la sangre cuando la primavera llega.

lunes, marzo 08, 2010

Primera Luna


Marzo llegó y con él su primera luna. Es señal, indicio de que Abril está a las puertas, Marzo sólo es la vigilia, un centinela, el arcángel que viene anunciando con trompetas celestiales que Abril asoma la nariz entre las rendijas que la lluvia y el frío va dejando. Pronto vendrá el sol, las noches frescas y apetecibles, se llenarán las calles de parejitas agarradas de las manos, habrán besos buscando metros cuadrados de oscuridad para ocultarse dentro de su propia intimidad, amores que cuando vuelva el frío se apagarán como el sol de Agosto, el cariño y el aroma a vientre ardiendo se fundirán en abrazos que durarán unos segundos eternos; y Marzo viene a avisar como un pregonero veraniego de que esa electricidad que surge en nuestro cerebro cuando la mezcla entre apetito y visión se hace sana, está apunto de nacer.

Marzo ya está aquí y con él su luna. Esa luna tan hermosa, grande, de la que siempre he estado enamorado, impasible y alta con su luz tangente y cálida, y a pesar de que todos esperan a que llega Abril, yo me deleito en Marzo, la época en la que gané siendo pequeño y en la que perdí siendo tan grande, años en los que amé y dejé de amar. Treinta días de una cuaresma particular en la que preparar el corazón para la primavera, para el sol, el calor pueril y la fiebre enamoradiza que siempre me ataca en estas fechas. Ya estamos en Marzo y su luna nos ilumina, la Luna de Lorca: gira corazón, gira corazón.

sábado, enero 30, 2010

Pausa.

Hace tanto que la vida no me da un respiro, tanto hacía que cenicienta no se saltaba el toque de queda para quedarse a mi lado mirando las estrellas bajo el frío de enero. Tanto hace que no caminaba bajo la lluvia intentando coger gotitas con la yema de los dedos mientras el aguacero me calaba el corazón con alegría en forma líquida. Tanto ha pasado, tantos días en los que nunca me ha dejado de preocupar si la ventana estaba sucia o si los cristales en mis retinas eran de la graduación adecuada, muchas semanas, meses, incluso años podría decir en los que empañar el espejo era una costumbre y no la necesidad de estar caliente; hacía tanto que no escuchaba latir mi corazón a un ritmo normal, a un son normal. A sabiendas de que pronto la vida entrará en otra caótica espiral de subidas y bajadas, porque eso es vivir, y consciente en todo momento de que mi destino no es vivir si no naufragar en el mar del tiempo y el espacio sin una dirección o remite claro, y ahora que tengo un hogar, ahora que todo anda pausado, que la rutina forma parte de mi vida echo de menos ser un vagabundo.

Había olvidado lo hermoso que era echar el freno, la grandeza de cerrar los ojos y escuchar como te habla el mundo con sus ruidos, sus murmullos, toda su parafernalia intensa y anodina. Había olvidado el olor a hierba fresca del parque, el ladrido de un perro a medianoche, el escándalo de unos niños en la sobremesa. Había olvidado lo que era escribir en un cuaderno con el sol golpeándote el rostro o como es el canto de la luna al mar en una noche despejada, la sensación de llevar arena en los zapatos o el picor de un jersey de lana, cosas nimias, cosas vulgares que nadie tiene en cuenta, pero que a mí me dan la vida, me recuerdan que no soy Dani, que no soy hombre, que no soy escritor, vigilante, hijo, hermano, que no soy nada de las cosas que me definen, simplemente, me recuerdan que soy un ser humano, y a veces, recordar que sólo soy un ser vivo más, me da la paz que tanto añora mi corazón.

Queda lejos Lisboa, sus noches de fado, tapas y vino, y a pesar de que aún esbozo una sonrisa cuando lo recuerdo, dejo encerrados aquellos momentos con una lágrima en el corazón y un leve síntoma de felicidad en la memoria. Arrinconados en un algún lugar de mi mente guardo como en un desván los fines de semana en Londres. La lluvia, el rojo de los teléfonos y los besos a la hora del té, escribir en un hotelito de la campiña francesa asomado a la ventana y un cuerpo desnudo al tras luz que, a veces, tapaba las goteras de mi corazón. Atrás se quedó las risas en los cafés de Ámsterdam, atrás quedó todo, al menos, por ahora.

Y volviendo al ahora, al día de hoy en el que veo amanecer y me siento vivo, en el que al dar las doce te veo a mi lado sin carroza pero con la diadema de princesa en la mirada; ahora que el vaho de mi respiración huele a vivo y siento el aire frío corretear por mis pulmones no siento despecho, no siento cabezazos en la pared ni inquietud por contar las horas que faltan para volver a ladearte el pelo de tu rostro inmaculado, ahora que el sabor de un beso sólo sabe a ti y que con un apretón de manos eres capaz de disipar todos los fantasmas que hay en el fondo de mi armario, ahora que el día es luz y la noche oscuridad siento tranquilidad, siento vida, siento amor.

domingo, diciembre 27, 2009

Di mi nombre...

Di mi nombre, tan sólo di mi nombre como en un susurro que monta a lomos de un caballo hecho de viento; di mi nombre y tal vez mis secretos dejen de ser secretos, grita mi nombre, aúlla a la luna, llámame; y quizás deje de ser tan oscuro, y quizás deje de negar todo lo que soy, y quizás me puedas querer. Di mi nombre pequeño mar…que llega la hora bruja y vuelvo a la cama, piensa… piensa en alguien y que ese alguien sea yo y resuenen mis letras en tu boca; di mi nombre, como dulce poema, como verso en boca del viejo Márquez, y tal vez, mi cristal sea menos oscuro, y tal vez, cuando pases frente a mi ventana no sea sólo por un segundo, quizás si piensas un poco en mí se convierta en un mundo, en una vida, en la eternidad a tu lado, en un pequeño mar… en una pequeña Carola… pequeña y dulce…

Di mi nombre y seré feliz, dilo y entonces yo te haré feliz a ti, por el resto de tus días, despertaré un día tras otro, beso tras beso, abrazo tras abrazo miraré tu sonrisa y me volveré a enamorar como el día que te vi pasar por la ventana, una y mil veces me enamoraré de ti… pasaré el resto de mi vida escribiendo versos de amor sin rima, cantaré canciones sin armonía y guardaré mi vieja guitarra en el desván que hay entre tu pecho y tu ombligo, porque no habrán más placeres, no habrá nada más que no seas tú, no existe mujer más hermosa, recogeré los trastos que hay tirados por mi corazón enfermo, limpiaré todo para dejarte sitio dentro de él, enredaré mis dedos en tu pelo y te susurraré al oído que eres puro amor, que en el cielo de mi mundo interior tu eres la luna, si dijeras, ay!… si lo hicieras… pequeña mar…

martes, diciembre 15, 2009

Sonrisa de Luna.



He vuelto a tener ese sueño, otra vez, el mismo sueño. Todo empieza en mi cama y dura tan sólo un segundo. Si tuviera que definirlo diría que este sueño es el aforismo de los sueños, o al menos, la versión simple de lo que debe un ser un sueño. Todo empieza en mi cama, oscuro, triste, así es mi imperio, un mundo vacío y que casi siempre me queda grande para gobernarlo sin consorte, y una voz, aterciopelada, tan dulce como la ternura de un niño, resonaba en las fronteras de mi reino. Quedé toda la noche escuchando aquella canción que se convirtió en un susurro cuando amaneció; abrí la ventana y el olor a lluvia me atacó el corazón con golpes de nostalgia, y de nuevo aquella voz, que se hacía más fuerte, me sanaba las heridas como un milagro, volví a mirar por la ventana y otra vez era de noche, el atardecer cayó como un rayo y la noche se cerró. Intenté volver a mi lecho pero mi reino estaba invadido por la voz, florecían los jardines y el castillo se iluminaba entre las sábanas, y un cuerpo apareció de la nada, desnudo, bello, diáfano y espléndido, el milagro se hizo mujer y un aroma a flores me desgarro el olfato al tiempo que deshizo mi armadura, y a medida que los trozos de mi coraza caían al suelo mi corazón empezaba a latir. Me sentía tan raro, aquella sensación, sentirse vivo, libertad en mi cuerpo, como si flotara. Extendió una mano y me sonrió, con la sonrisa de la luna, “pobre mujer” pensé, pero al tocarme todo desapareció de golpe, se fue el miedo acumulado durante tantos años, se escapo por las rendijas de mi piel el dolor de años pasados, y por las grietas de mi cuerpo emanaba el veneno inyectado por las mujeres que han pasado por mi vida, y mi corazón latía cada vez con más fuerza

Mientras dormía sentía su calor, su mano apretando la mía y una luz blanca de luna llena iluminaba la habitación, paseaba mi mano por su espalda y en los surcos de su torso no encontré ni una sola cicatriz. “Ves mi cruz” le dije sin pensar, “ésta eres tú, y te llevo a cuestas”, volvió a sonreír, me besó y se levantó como se levantan los dioses, con el aura alrededor, y la sensación de que todo iba a ir bien, miró hacia arriba y clavó sus ojos en los míos, extendió sus alas y me sonrío otra vez, con su sonrisa, como sonríe la luna, “espera, no te vayas, yo no puedo volar sólo, no podré, agarra mi mano” Ella cogió mi mano, me dio con su aliento en el rostro y me volvió a besar, me acarició como acaricia una amante, y se fue. Mientras corría hacia la ventana sentía, que mi corazón se volvía a parar, que el veneno volvía a mí pero no fue así. Miré hacia arriba y allí estaba ella grande, impasible y majestuosa, al lado de sus estrellas, la luna hecha ángel, la luna hecha milagro, el milagro hecho mujer sólo para mí. Pero todo fue un sueño.

lunes, diciembre 07, 2009

Balance un amor que no fue


Termina el año, y estoy casi como lo empecé, con tristeza en el corazón. Ahora mi alma se llena de oscuridad, de pensamientos que prevalecen y acaban siempre con una canción de Sabina llorando alguna mujer que encontró en algún momento de su vida, y yo pretendo izar la mayor y poner rumbo a la felicidad con un corazón roto por cuatro partes, y con dudoso tratamiento. Ahora que todo el mundo hace balance de lo que este pobre 2009 ha dado de si, yo solo puedo pensar en ese rostro que veo cuando cierro los ojos, en esos pequeños ojos que me observan desde la oscuridad, el otoño hecho mirada enamorándome cada vez más, poquito a poco, tan paulatinamente que casi se considera una tortura, porque me hace sangrar, en cada cruce, en cada choque de miradas se me escapa el alma entre las manos y la vida en suspiros que me deshacen a pedacitos pequeños como un espejo roto que parece nieve reflectante al caer desde lo alto de un cielo que por más que intento no puedo agarrar porque siempre se me acaban agrietando las yemas de los dedos por la frialdad que hay al final de esos ojos.

Sé que no soy la misma persona que era antes, decir lo contrario sería negar la evidencia, en otra época seguramente te hubiera perseguido hasta la extenuidad, hubiera pintado el cielo de rojo si hubiera hecho falta. Quizás me he vuelto viejo para perseguir un sentimiento, pero lo que si es cierto es, que me he vuelto demasiado viejo o precavido para perseguir a una mujer. No me malinterpretes, tú mereces que te persigan, tú mereces que drene los océanos y te los regale en un frasquito de cristal, tú mereces que ate la luna a tu balcón como si fuera un globo de niño, mereces un valle verde y frondoso en un ramo de novia. Mereces todo, pero yo no puedo seguir jugándome el culo por mujeres que siempre acaban por absorberme. He pensando muchas veces en cortejarte, muchas veces al pasar por tu vera susurrarte en la oscuridad lo hermosa que eres, quizás algún poema del difunto Benedetti, he pensado alguna vez que otra en trepar a tu balcón y decirte la ternura que hay mí, contarte mis secretos, mis viajes, mis inquietudes, pedirte que me dejes ensañarte quien soy, dejarme que te abrace, que te bese con la dulzura que me haces sentir.

Ahora que termina este año no dejo de pensar en ti, y sé que estos pensamientos sólo duraran hasta primeros de año, porque cada año nazco de nuevo, cada año me reinvento y cada año sigo cambiando, pero ahora… ahora pienso sobre todo en aquella conversación que no tuvimos, en aquella conversación que no quisiste tener. La hemos tenido muchas veces en mi mente, muchas veces te habré dicho “que cuando te miro me calmas, que sólo tú haces que mi corazón esté en paz y no inundado de desidia e ira, que cuando te veo el cuerpo me tiembla, que unos ojos tan pequeños nunca fueron tan bellos”, y tú sonríes, algo nerviosa, yo te acaricio el pelo, tu cabello rojizo y, vuelves a sonreír, mi sangre ya febril se para y el corazón se vacía de nuevo. Después, de camino a tu casa vamos en silencio, yo pensando que por una vez el cielo ha sido bueno conmigo, quizás tú pensando que no era lo que te habías imaginado y por un momento, nuestras manos se rozan, sin querer, uno de esos momentos que el destino tiene con un pobre enamorado, y todo pasa a cámara lenta como en las pelis, te miro mientras te vuelves, tu cabello casi rojo flota en el aire y tu rostro tan bello como un atardecer se me clava en lo más hondo de mi ser, esbozas una sonrisa y yo vuelvo a nacer una y otra vez… Claro que todo esto es ficción y que sólo pasa en mi mente, pero tú sólo por existir lo has hecho posible, claro que esto nunca ocurrirá, pero solo por ser tú ya ha ocurrido en mi mente.

Termina el año, y tú has sido mi hogar durante todo el 2009, necesito agradecer, o quizás, todo esto sea un último intento, por si lo lees, por si quisieras hablar conmigo alguna vez, o no, o quizás esto solo sea lo que es, otra divagación, otra historia más, o simplemente lo use para decir lo hermosa que eres, con tus ojos pequeños, tu cabello caoba y tu cara tan bella como un atardecer.

domingo, noviembre 29, 2009

Yo sólo busco...

Yo sólo busco que esta noche sea nuestra, que mientras el mundo permanezca a oscuras todo sea nuestro, que el cielo me obedezca y el mar se arrodille ante mí para gobernar una Luna, una Luna grande, enorme y blanca para ponerla a tus pies mientras el viento te besa en la mejilla. Yo sólo quiero que una noche sea nuestra, que a nuestro paso desaparezcan las farolas y en medio de una caricia mi corazón se derrita en agua salada, que por una vez seamos la lluvia y no las gotas que caen. Sólo quiero que tu sonrisa ilumine un paisaje mientras lo pinto con mis palabras, que una noche sea de amor sin amor, y que tus ojos tan pequeñitos se vuelvan grandes en lo más hondo de mi alma. Sólo busco que Dios me dé una noche, que sea amo y señor del tiempo y el espacio, que tú seas la dama de mi corte, y que la oscuridad perduré durante unas horas.

Yo sólo pido que esta noche sea mía, que si tengo frío lo calme el calor de tus manos, que si tirito tus brazos me rodeen como un abrigo de belleza, y que si despierto empapado en sudor, me cuides, si tengo pesadillas me consueles, si lloro tú a mi lado y si sonrío seas feliz…. Yo sólo busco que esta noche sea nuestra, sólo quiero un milagro para que el sol me obedezca y tarde un poco en salir, que ya viene el rojo amanecer y sigo sin sentir que esta noche ha sido nuestra, sigo sin escribir cuando te sueño, sigo sin sentir el corazón latir al desnudo, sigo sin necesitar nada de ti, sólo quisiera que esta noche sea nuestra…

martes, noviembre 17, 2009

Amarillo


El viento me susurraba al oído que algo especial iba a pasar, el parque estaba precioso y mis zapatos hacían un leve sonido a crujido al pisar las hojas que caían a mí alrededor. Llegó noviembre y con él nuestro aniversario, llegó el frío que me dejaste en los huesos cuando te dije adiós; no quise, no deseaba pensar en ti, pero lo inevitable se hizo carne en una milésima. Las hojas revoloteaban a mi alrededor, y el cielo estaba rojo como tus labios, no quise pensar en ti pero pensé. Te vi, te vi sentada en aquel banco, absorta en tu libro de hojas arrugadas y con tu flor amarilla en el pelo. Todo era tormenta y sólo un halo de luz en tu cara, pero ahí permanecías quieta y majestuosa. Mi corazón se encendió, mis ojos se iluminaron y se fue el frío, dudé pero me acerqué, pero poco a poco todo se disipaba, y no quise pero seguí pensando en ti, recordé como iba a verte día tras día, siempre a distancia observando como nada te perturbaba, como te rizabas el cabello y te humedecías los labios, y no quise pero…

No quería, pero lo tuve que hacer, no lo deseaba pero el corazón me apretaba con tristeza y odio, pensé en ti, quién me lo iba a decir después de diez años. Recordé tu primeras palabras, viví de nuevo los besos por los pasillos, sentí otra vez las huidas buscando una farola rota, una noche de aguacero y una excusa para abrazarnos; volví a ser un niño en los brazos del amor más ardiente, con la inocencia tan intacta como el corte de tu falda. Volví a ser feliz y olvidé lo que vendría más tarde, se me olvidó que luego te irías y que mi vida se retorcería como una serpiente en un desierto, se borró de mi mente que vendría la rubia sin corazón, se me olvidó Portugal y se me fue Lisboa, mi querida Lisboa, se me olvido María y el reloj de la Gran Bretaña, y por un momento, sólo fuiste tú, sentada en tu banco, tan bella y tan hermosa que parecías una canción de Gardel, con tu flor amarilla en el pelo y tus ojos clavados en el libro ya desecho de tanto releerlo.

Y cuando me dejé llevar al deseo, cuando empecé a querer, cuando quise, me dí cuenta de que no eras tú, siquiera dije hola, se extrañó la chica seguro, pero no eras tú, y otra vez volví a mi corazón hecho trizas y se me escapó tu imagen serena, tu sonrisa y tus rizos, el aroma de tu piel a tango argentino y a playa del levante, y mientras volvía a mi mente el reloj, la Gran Bretaña, la Mari y la pepa, Lisboa y el corazón de la rubia, esbocé una sonrisa y la guardé en lo que pudo y no fue, a sabiendas de que el amor me debe una muy grande, conociendo a la hija del desamor que se llama Esperanza, y mientras no se caiga el cielo de vez en cuando iré al parque esperando encontrar una flor amarilla a lo lejos y un dolor en el corazón…

martes, octubre 27, 2009

Que llegue la noche

Deja esta noche tu ventana abierta, deja entornada la puerta de tu balcón para que suba de madrugada, para que pueda trepar por la pared de mis anhelos hasta tu alcoba, déjame entrar en la habitación de tus sueños y me acurruque en tu regazo mientras me acaricias la frente, y por fin poder dormir. Esta noche deja abierta la puerta de los paraísos más ocultos y yo me colaré sin que nadie me vea, oculto en la noche tan sólo para abrazarte mientras me tiendo en tu lecho, te leeré cuentos de amor para que encauces tu sueño y velaré como un vigía celestial para que nada perturbe tu sueño; si dejas abierto el balcón, al entrar te besaré el cabello y me quedaré a tu lado, apretaré tu mano hasta que se pierda el frío de los pies, te miraré mientras duermes y lucharé contra tus pesadillas, me transformaré en un caballero de resplandeciente armadura, mataré dragones y te salvaré de castillos tan altos como el cielo, y al alba, amor mío al alba (esto es de Aute), al alba desapareceré, antes de que abras los ojos, tus hermosos ojos, y cuando el amanecer te despierte con la dulzura con la que sonríes, verás un lirio en la almohada, la ventana abierta con las cortinas ondeando al aire y el aroma en el aire de un beso que se pierde lentamente a lo lejos…

lunes, octubre 19, 2009

El callejón de los sueños

Hay un callejón al que suelo ir cuando algo me turba, es una calle mágica que vi una vez. No recuerdo el nombre de la calle, está en Córdoba y sólo he estado una vez siendo niño, pero recuerdo muchas cosas de aquella vez, y siempre que algo me inquieta mi mente se va hasta allí:

“Existe un lugar, un lugar tan bello que siempre es de día o siempre es de noche; un lugar que cuando se pasea por él se puede elegir el color, el aroma del viento, el clima, todo lo que puedas imaginar. A veces, el callejón está oscuro para mí, a veces la calle se ilumina, llenándose de flores de colores etéreos y abigarrados, hace frío y calor; y otras, las calles desaparecen y un valle hermoso aparece de la nada, con un trigo aún verde y un olor a esas castañas asadas del invierno. Pero casi siempre, encuentro un pequeño taburete y flotando en el aire una guitarra brillante y luminosa que suena sola, cada cuerda que vibra es una letra que me dice que la agarre y cante, yo nunca canto, yo nunca compongo, son las normas de mi alma, ni canciones de amor ni partituras de amor, sólo palabras de amor. Pero hay algunas veces que en mi mente, en el callejón de los deseos todo lo imposible se torna claro, lo gris se pierde en la luz y el color me envuelve, la alegría nace de mi triste vida, desparece esta eterna soledad que tanto tiempo me acompaña y el dolor empieza a desaparecer a medida que la madera del mástil se funde con mi mano, y el cuerpo de la guitarra se asienta en mi rodilla, y entre traste y traste siento besos y besos que me llenan de la salud necesaria para cantar.
Canto, y a medida que canto todo toma diferentes formas, y según salen las palabras siento amor, amor y desengaño, porque todo es lo mismo, alegría y tristeza, al final todo es pasión, no hay agua sin fuego ni tierra sin cielo; y empiezo con un do mayor y mi mano cambia en perfecta simbiosis, dando gracias porque el amor me llena, y la luz me sacia, y pienso… quiero vivir en tus manos, quiero vivir en lo dulce que se desprende de tu mirada… siempre perdida, quiero mirarte, porque mirarte es como regresar a casa en un día de lluvia, es el ansia del inquieto, es la paz de la quietud, es el oleaje del mar, que a veces está rabioso y otras en perfecta calma; canto porque estás en mi mente y mi callejón me lleva a ti, me lleva a amar, me lleva al amor, y mi canción me lleva a sentirte, sentir los colores de tus ojos, el azúcar de tu vientre, el calor de tu pelo en mis dedos como las cuerdas de mi guitarra… hasta que comprendo que tú eres mi callejón, que cuando algo me turba vuelvo a ti, que tú eres el fuego y el alma, la pasión, el todo y que tú cuerpo es mi guitarra y tú alma mi canción…”

martes, septiembre 29, 2009

El otoño de un guerrero


El otoño ha entrado como un vendaval, como un puñal que se alza cortando el mismo cielo; y mi corazón en horas bajas. Las tardes se hacen oscuras, los días grises y opacos, y la lluvia, que tanta tranquilidad me dio en antaño, ahora, me deja el corazón en cueros y el alma calada hasta los huesos. La soledad me vuelve a abrazar con la fuerza de una pitón retorciéndose sobre mi cuerpo cansado y exhausto de luchar en la noche contra los fantasmas que amenazan mi paz.

El otoño ha vuelto y esta vez es más poderoso que nunca y por mucho que me abrigue cuando duermo un frío aterrador me recorre la espalda; y por mucho que me cubra la cabeza y me sumerja en la oscuridad infinita me siguen acechando esas extrañas siluetas en la penumbra. Siluetas con forma de mujer que cuando me tocan no las puedo reconocer, quizás fantasmas del pasado que vienen a atormentarme, pero… por más que esgrimo mi espada con toda la fuerza de mi alma no logro volver a descubrir mi cabeza hasta encontrar esa luz candida y hermosa que me llenaba de quietud, así continuo en la oscuridad, mirando de reojo las puertas del abismo, una ventana a los infiernos que con toda su crudeza me empuja hacía lo más profundo del averno.

A veces, mientras dura la lucha y en medio del fragor de la batalla, una voz tan viva y pura como era mi alma antes de ennegrecerse me llama susurrando mi nombre y siento una neblina, un leve rocío que me llena de esperanza, y de vez en cuando alguna de las siluetas se vuelve blanca como un ángel que desciende al centro de mi imaginación, descubriendo unos ojos que miran a lo lejos, unos grandes y marrones, mejor dicho, unos grandes y otoñales ojos que me miran mientras extiende su mano. Intento llegar, intento encontrar sus finos dedos en la oscuridad, esquivando golpes, siendo un buen soldado, como un guerrero feroz pero cuando más camino recorro, más lejos parece estar, hasta que su figura blanquecina se pierde en la luz a lo lejos llevándose su dulce susurro con ella.

Y todo termina de repente, todo acaba en un momento, la oscuridad se pierde, las siluetas se dispersan, el frío se vuelve calor, el mundo sigue rotando y a mí sólo me queda un alarido atronador que nace de mi alma, otra vez derrotada que se pierde en la noche como el humo de un cigarro. Me vuelvo a sentir solo, vuelvo a sentirme como el ciervo que no encuentra una corriente de agua en la espesura del bosque, sediento en un desierto oscuro, mirando a los lados sin encontrar a mi alrededor unos ojos grandes y otoñales a los que mirar, a los que dedicarles un simple te quiero; no hay una mano a la que aferrarme, unos brazos a los que pueda agarrar para no volver a caer en el abismo del olvido, tan sólo la duda de si esta noche tendré una nueva batalla, a sabiendas de que ya está perdida…

sábado, septiembre 12, 2009

Un año más...

Ya pasó, ya se fue, ya se marchó ese día en el que todo se hace posible simplemente porque se conmemora algo tan hermoso como un nacimiento, y si miro atrás y veo lo que el mundo, tan opaco y tan extraño para mí, me ha deparado pienso que la belleza, la grandeza de vivir a veces se hace tan dura que es mejor no celebrar nada, aunque siempre hay gente que lo hace por uno mismo. Si cuento las veces que mi corazón se sintió un extraño en este mundo de locos o el número de mujeres con el cabello lacio y los ojos de un gris tan profundo como la oscuridad de mi alma me usaron como un pañuelo que cura casi instantáneamente los dolores del corazón o las ocasiones en que yo me he servido de noches desconocidas para salvar la soledad que habita en mi cama, me da por pensar que este mundo, sobre todo de noche, es un lugar inhóspito y tedioso. Y cuando las caricias ya no funcionan y los besos empiezan a saberte a un amargo triste y gélido todo cambia de color.

En este día siempre sigo el mismo ritual, intento aislarme todo lo que puedo, quizás releer algún libro de García (siempre opto por “Cien años de soledad”), media botella de un brugal de quince años y una ventana sucia por donde mirar el mundo que hay fuera sin que me produzca urticaria tocarlo. Pero no todo es malo. Hay cosas buenas.

Siempre suelo recordar a una mujer, cómo no, sino fuera por el amor nada tendría valor y el yugo de vivir se haría tan pesado para mí que la cuesta sería demasiado empinada para subirla sin desfallecer en el intento. Como iba diciendo, tengo el recuerdo de una mujer, yo era todavía un chiquillo y ella una mujer, muchas tardes estaba en un parque que hay detrás de mi casa, sentada en el césped, descalza. Ese simple hecho me fascinaba, tenía unos pies pequeños con unos deditos casi diminutos pero que me resultaban hermosos; no recuero que leía pero sí que lo hacía muy lento, siempre llevaba el cabello recogido y con unas gafitas de color negro que le daban el toque morboso de bibliotecaria atractiva, las mejillas sonrosadas y azul intenso en los ojos que me enseñó a amar el mar y desear el océano, sólo la vi un par de veces pero fue mi primer amor (yo fui muy precoz) y aún hoy perdura su recuerdo en mí.

Es una historia sin más y no sé porque la recuerdo siempre que cumplo años, quizás se hizo costumbre sin darme cuenta, quizás se hizo amor sin quererlo pero recordar esto me da la ilusión para afrontar un nuevo año, porque en mi interior está el deseo ferviente, el anhelo o la esperanza de que por ahí anda una mujer que se descalza para leer o que pasea por una playa o que se para en todas las floristerías olisqueando los lirios que se encuentra a su paso o que baila en una fiesta con un vestido blanco o está tocando una guitarra en una manifestación o comprando detergente en un supermercado o simplemente que está viviendo esperando a que yo llegue a su encuentre, porque a veces el hado es inteligente y nos prepara antes para nuestro destino, y por ende, el sino del ser humano es amar y cuando encuentre esa otra parte de mí ya veremos que ocurre, pero mientras, seguiré esperando y para no desaprovechar el tiempo seguiré creciendo (esa es mi promesa) seguiré intentando ser mejor persona, con mis mil y un defectos y mis seiscientas cualidades, seguiré luchando por ser un poquito mejor mientras ando este camino hasta que encuentre la luz y el gris se pierda, y entonces, me doy cuenta de que el día se ha acabado y la vida seguirá su curso, inamovible, con la determinación de un reloj suizo, con su lógica y sus leyes, con sus milagros y sus tristezas y es cuando pienso que para todo lo demás Feliz Cumpleaños…

miércoles, septiembre 09, 2009

Al día siguiente (continuación) Por Eva.

Eva:
Parece que pasó la época en que te daba miedo vivir, se acabaron aquellos días en los que vivías encerrado en tu casa de cristal mirando la vida pasar, siendo pasajero de un tren que nunca iba a ninguna parte sólo daba vueltas de un lado para otro, siendo espectador de una película en la que el final estaba por escribir.
Dani:
No es para tanto, y ahora duérmete
Eva:
¿Sola?
Dani:
(Titubeaste por un segundo) De momento sí.

Pasaron los días y cada vez me sentía más orgullosa de ti, te veía ir a trabajar, madrugabas y me hacías el desayuno, me lo dejabas todo hecho y una rosa diferente cada día al lado de mi almohada junto con un beso ardiente en mi frente. Me sentí tan orgullosa, tan feliz de ver la clase de hombre en la que te habías convertido. Mantenías esa mirada de niño triste, esa carga melancólica aún no se había ido de tus ojos, y a pesar (perdona por esto) de no ser muy guapo resultabas tan atractivo, tan magnético que si quisieras podrías atrapar a cualquier mujer con una fuerza desgarradora, y a la vez, tan inocente que toda señal se te escapa entre esos ojos achinados.

Pasó una semana y dejaste de trabajar. Durante algunas noches te quedaste a mi lado esperando a que el sueño me venciera y, a veces, en mitad de la madrugada te sentía desde la puerta velando para que nada me perturbara, después de rogártelo dejaste de dormir en el sofá con la condición de que saliera de tu castillo de cristal particular. Aquella mañana el sol relucía con la misma vitalidad con la que despertaste, al verte vestirte me di cuenta de que ya no eras aquel niño dolorido del que casi me enamoro en Lisboa, de que te habías convertido en un hombre capaz de soportar el sino de la vida y de cargar a tus espaldas el peso de un mundo que nunca es justo para nadie y eso te hacía más interesante todavía.

Al poco de despertar me llevaste a un valle precioso, lleno de flores, de arboleda y de olor a hierba fresca, me diste una corona de flores y me dijiste que por un día imaginara que era una princesa y que aquél era mi reino, que por un día todo aquello era mío, desde mis pies hasta donde la vista me alcanzara. Tomamos asiento a la orilla de un lago precioso y allí permanecimos, en silencio, tú escribías en tu cuaderno y yo te miraba, embelesada y embriagada, quizás porque lo necesitaba, quizás porque aquel día me terminé de enamorar de ti, de tus poemas sin sentido, de tus ojos tristes y tu boca pequeña, pero sobre todo de tu ternura, de esa cualidad que muy pocas personas poseen y que casi nunca la aplican a la vida como lo haces tú, a tus gestos tiernos, a tus besos aún más tiernos, a tus caricias y a la forma de mirar que tienes.

Cuando me pediste que escribiera esto, sabía perfectamente que querías saber que sentía, y sé que omitirás algunas partes, pero lo que siento aún me queda por decírtelo… El resto de la historia termínala tú.


Fmdo. Eva

¿Continuará…?


martes, agosto 25, 2009

Vámonos (Continuación)

Vámonos” me dijiste con la mano extendida tocando con la punta de los dedos mi corazón, notaba el aire que giraba entorno a tu brazo con una fuerza invisible y desgarradora que me golpeaba el pecho como si latiera el corazón por fuera, “qué, cómo, estás loca” repliqué con asombro.

Sonrisa, ojos, cara todo era igual que en las noches de Portugal, llevabas el pelo cambiado, tu flequillo casi no dejaba ver tu frente, aquella que tanto besé en las noches de abril, tus ojos grandes serpenteaban mientras se clavaban en mí paralizándome con tu veneno de tarántula, tu figura seguía siendo un poco delgada pero la belleza en ti era innata, rebosaba en cada átomo, por cada poro, por cada recodo de tu maravilloso cuerpo, cada resquicio de tu alma. “Dije que volveríamos a vernos ¿no?” sin parar de sonreír cogí tu mano, me aferré a ella como el alma se aferra a la vida, como las estrellas se aferran al cielo para no caer en el abismo oscuro, más que andar me arrastrabas hacia la puerta, el sol ya asomaba despuntando al alba anunciando que la luna debía de terminar su turno e irse a dormir al otro lado del planeta “un largo viaje para descansar” pensé.

Caminabas un paso por delante de mí, atoándome de la mano, incrédulo aún, suspirando como un perro que se aburre pero lleno de felicidad: “¿qué haces aquí?, te hacía en Coimbra o en algún otro sitio extraño” El sol ya me alumbraba, la hierba de aquel parque relucía por las gotas del rocío y un extraño olor a playa me invadía el olfato.
“Te lo prometí o al menos te dije que nos veríamos”. Volví a suspirar y por fin vi la debilidad que tanto buscaba, vi sus nervios. Agarraba el café con las dos manos supongo que para sentir calor en las manos, meneaba el pie sin cesar y un pequeño temblor la delataba:
-Te acuerdas, recuerdas cuándo nos conocimos- me dijo con la voz igual de temblorosa que los dedos con los que apretaba su café. –Dime que lo recuerdas- repitió.
-Si, claro que lo recuerdo.- Si existe la felicidad, esos días llegué a rozarla (claro que eso no se lo dije).
-Recuerdas que estabas mal, estabas muy mal.
-Si.
-Y sin decirme nada yo entendí que me necesitabas, y yo permanecí a tu lado- Se volvió hacia mí con los ojos llenos de lágrimas, me siento mal por pensar así, pero benditas lágrimas que te trajeron a mí, bendiga Dios ese dolor que sentías porque tu necesidad era mi necesidad y tu desgracia mi fortuna.
-Pues ahora yo no te digo nada a ti.

Terminó la conversación ahí, yo entendí. Te abracé y terminó el alba de asomar la testa entre las nubes hechas de algodón rosadas. Aquella noche dormiste en mi cama, yo en mi sofá, aún lo recuerda mi espalda. Aquella noche mi cama estaba feliz, tanto hacía que no tenía visita, tanto que no poseía un olor ajeno y al día siguiente….


Continuará…..

domingo, agosto 09, 2009

Historia de un reencuentro....1ª Parte


Como un Flash que te deslumbra, una luz cegadora que te nubla la vista y, a pesar de la luz, te sumerge en las más oscuras tinieblas por unos segundos, verte allí fue como el tintineo de la mañana, el estertor armonioso de una hoja calada por el rocío imperecedero de la mañana insidiosa. Tardé unos segundos en reconocerte, en mirar dentro de ti para reconocer tu alma, me acerqué para sentir ese calor que hace unos años me diste. Tu mirada permanecía clavada en mí: “Con estos ojos puedo parar el mundo” me dijiste una vez, y yo te creí. Avanzaba entre la gente y nadie parecía darse cuenta de nada, nadie se imaginaba que dos almas separadas se estaban volviendo a unir, y a falta de unos metros sentí el latido de tu corazón y lo reconocí, reconocí el amor que irradiaba, puro amor, puro deseo; te apartaste el pelo de cara, esa era tu marca, esa era la señal y entonces estuve seguro, mientras tú reías y yo me desesperaba, mientras tú me mirabas y yo me deshacía como un pedazo de hielo. Esa sensación que recorría mi cuerpo, impulsos eléctricos que me aturden una y otra vez, esa angustia antes de tocarte, la quemazón en el pecho, la presión en la sien y las hormigas recorriendo mi estomago devorando mi alma sin piedad. Quedé inmóvil, imperecedero ante ti a escasos dos metros, casi dos años y una miríada de kilómetros, de los que me arrepiento uno a uno, y después de acordarme de la puñetera cobardía, lloré. Lloré como un perro que pierde a su amo, como un niño que no encuentra un juguete, como un amante cuando se da cuenta que es feliz…. Ella se movió, no lo vi pero lo sentí, sentía todo, cada paso, cada momento, cada latido, cada todo… Te vi venir, te vi andar, incrédulo y a un paso de mí me volviste a coger de la barbilla, como hiciste hace casi dos años en aquel banco de la avenida de la libertad, querida Lisboa que nostalgia de ti….. “siempre que nos vemos te encuentro llorando, nenaza” me dijiste con esa voz que tanto me calmó aquellas noches de abril. Sin un segundo para recordar, sin minuto para pensar que hacías allí, a qué habías venido o por qué llevabas aquel vestido blanco que se te trasparentaba al trasluz y que llevaste aquella última noche, aquella noche en que cerraste la casa de fados para mí, aquella noche que oí tu voz como si fuera un pecado, aquella noche en la que me tuve que marchar con tu canción en mi tímpano resonando como los truenos en la oscuridad de la tormenta, aquella noche que me regalaste el calor de tu cuerpo, la noche en la que me fui con tu imagen clara machacándome la mente y con el aroma de las flores que dejé en tu cama mientras dormías, el miedo a no verte más y el sentimiento de contrición por no quedarme a tú lado como me suplicaste.

No quise pensar, no quise reaccionar pero mis brazos se movieron solos, mi cuerpo aún eléctrico se movió sin pensar y te abracé con toda la fuerza que me dio el encontrarte de nuevo, con todo el amor que surgió al ver un fantasma que regresa del infierno de Dante para verme y cuando tus brazos me rodearon convirtiéndose en la más cálida y sedosa bufanda del mundo mi corazón se paró… “Eres igual de hermosa que tu canción” sólo le pude decir eso y mientras me atacaba a la boca con sus labios mi corazón volvió a latir, me cogiste la mano y me dijiste “vámonos” y… te volví a seguir….

Continuará...

lunes, julio 20, 2009

Rojo, Negro y Amarillo

No siempre es una puerta la que se abre, a veces, el tiempo, bendito tiempo o puto tiempo que dice “la Belén”, te da más oportunidades de las que puedes sobrellevar. A veces, el tiempo es hermoso, te abre ventanas antaño cerradas, te enseña caminos entre la hierba alta, frondosa y fresca, que siempre habían estado cerrados pero por donde se puede divisar una inocua senda que te lleve a la felicidad mas tremenda, esa felicidad de la que hablan los libros, las historias de amor donde todo sale bien y los finales son felices, a esa felicidad que para la gente normal no existe en la vida real. A veces, no una ni dos sino varias ventanas son las que se abren ante ti con una sinuosa fragancia alrededor pintada de hastío y embriagada de fina esperanza. Son tantas las posibilidades, que un corazón sombrío como el mío no sabe que probar primeo, si el rojo de la pasión inimaginable en una noche de alcohol incesante, la fría calma de unas piernas que recorren mi tediosa imaginación esperando a encontrar unas escaleras por el camino para poder mirar por debajo de la falda de mi melancolía y mientras sube al cielo de mi cama, ya vacía por tantos años; o en cambio, esa melena rubia, tan prohibida como deseosa, tan esmerada y tan bella que solo pensar en ella me hace daño, que sólo imaginarla me produce una fiebre tan pueril que me transporta a los años en los que una mujer sólo era un mero entretenimiento y no como ahora, que se ha convertido en una forma frívola de llenar mi vacío pensamiento, carente de imaginación y, a la vez, de pasión.

Rojo, negro y amarillo, el rojo de un atardecer en el invierno, el negro de la noche que se cierne en mis entrañas y el amarillo de un sol que renace un día tras otro, se abre un arcoíris de preguntas, gracias al tiempo, cuestiones que me sobrepasan de una manera atronadora y estridente. Se forma en el horizonte un cúmulo de estratos intransigentes en el que seguramente yo saldré perdiendo y donde la razón, mi razón, tendrá poco que decir. El tiempo elegirá por mí.

domingo, julio 12, 2009

Sombras y Fantasmas.

Vuelvo a ser yo, vuelvo a mis palabras, pasa el tiempo y me vuelvo a encontrar. Ahora creo de nuevo en la magia, creo en los ojos que me hechizan en una noche de brugal, vuelvo a creer en armaduras y corceles blancos galopando en el horizonte en busca de dragones. Vuelven los demonios entre las sombras y a no conciliar el sueño y a quien no le guste la tristeza que se pierda en este mundo gris, vuelvo a mi nostalgia, a mis años pasados y a buscar en la sombra esa vocecita que está tan lejos y que siento tan cerca, siempre diciéndome que la vida tal y la vida cual. Y mientras brilla mi espada en la oscuridad dando palos de ciego vuelvo a ser yo, a ser el héroe de mi historia y, al mismo tiempo, mi propio villano.

Volveré a enamorarme de la primera mujer con mirada enigmática, de vuelta a buscar en unos labios morbosos el misterio y el latido que le falta a mi vida, ahora vuelvo con mi dolor crónico, con mi noche siempre estropeada y el calor de una cama vacía por la que cada noche pasan demasiadas pasajeras, aunque ninguna lleva equipaje. Y mientras siga brillando mi espada, jugaré al escondite con mis demonios, y mientras cabellos negros y ojos verdes bailen para mí le podré poner algo de luz a las sombras de mi habitación.

Rulo dice que no invierte en amores de una noche, yo tampoco, pero joder como me calman los nervios, como apaciguan mis putas y eternas pesadillas, miserias de fantasmas y ascos de sombras, y cuando me encierro entre mi papel y mis letras y la nostalgia se convierte en un tesoro tan grande me vuelvo a encontrar tan perdido que sólo dentro de este caos localizo mi propio orden, ahora vuelvo a ser yo, ahora vuelvo a vivir como siempre he vivido, desidia, gris, dolor y la capacidad de imaginar, la fluidez de metáforas, palabras e imágenes que solo cobran sentido cuando las pinto en el papel. Villano, héroe, sombras, fantasmas, todo da igual cuando soy yo mismo porque la tristeza es tan poderosa que todo lo puedo cambiar, cerrando los ojos e imaginando y mañana cuando salga el sol será un día más, carretera y a cantar…

viernes, julio 03, 2009

Miro

Mirarte,
a veces, es como mirar una gran luna blanca,
como ver una gran media luna que,
a veces, por un lado muestra su esplendor claro y su belleza iluminada, luna creciente, tan diáfana y esplendida; es como mirar tu rostro, es como imaginar tu sonrisa antes de que sonrías, soñar con una mirada tuya antes de que me mires con los ojos afables que nunca me pertenecerán, tu gesto con el labio que me emboba sin quererlo hasta que por un momento, incluso, espero que aparezcan dos enormes alas blancas de tu espalda como un ángel hermoso que escapa por la ventana dejando un silencio tranquilizador en el ambiente.

Mirarte, casi siempre, es como mirar la otra parte de la media luna, luna menguante, oscura y misteriosa, rodeada de tu cabello negro, sedoso e indomable, adormecido sobre tu seno ardiente y tu regazo acogedor. A veces, te miro y me siento seguro, y otras, te miro y me siento perdido, pero siempre vuelvo a ti. Es mirarte y escuchar a Gardel al son de tu latido, tu andar, tu serenidad y verte bailar, como una estrella en el universo que siempre destaca.

Mirarte, siempre, es como mirar la noche estrellada con sus miles de lunas y sus contadas estrellas, como encontrar una nube blanca en un cielo negro, y a pesar de no escuchar tu voz, de no compartir mi tiempo me basta con mirarte, me sobra con el milagro de contemplarte de vez en cuando, porque contigo la vida tiene otro sentido, cada aliento, cada segundo que paso admirando tu enorme belleza es felicidad que se adhiere a mi ser y a mi piel.

Mirarte, a veces, casi siempre y siempre, es como la voz de mudo o la mirada del ciego, es como si el imposible se hiciera presente, es como si la poesía cobrará vida en ti, simplemente es como mirar una luna grande y hermosa.