domingo, septiembre 15, 2013

Una Mirada Hecha Viento

Esta historia empieza como todas las demás. Puede que inventada, puede que soñada, puede que sea algún rescoldo de una llamada ya extinta o puede que solo sea…

Oscuridad. Repentina oscuridad, desorientado, perdido en algún lugar. Me encontraba auxiliado al azar, transportado del mundo real hacia algún lugar sin nombre, a solas, sin entorno ni paisajes, solo oscuridad. En un segundo el ostracismo cambió a luz, abrió un claro sobre el techo negro y un halo de luz brillante y diáfana atravesó como un puñal la estancia hasta iluminar un pequeño círculo delante de mí. La luz era tan clara que me cegó por unos instantes y cuando cesaron los destellos ahí estabas.

Una música comenzó a sonar y levemente comenzaste a bailar acompañando acordes como el mundo acompaña a la vida, tu mirada estaba en mí. El cabello más negro que había visto nunca te caía sobre los hombros, tu rostro permanecía inmaculado, blanco y los labios que el diablo te dio empezaron a moverse. Rojos, como el infierno envuelto en llamas dibujando un corazón, labios que cantaban en una batalla entre ángeles y caídos, tu mirada de un azul atronador se hizo viento y me envolvió con frío y calor, aire abigarrado, violento y cariñoso; se hizo viento y todo se volvió nítido.

La música sonaba y el tiempo jugueteaba con tus pestañas, cantabas y yo… estaba parado vestido de blanco, había flores, el cielo se creó de luces, girabas y girabas agarrando tu vestido, desnudándote en cada mirada con la dulzura que no existe en las palabras. Dejaste de girar y te acercaste hasta mí, tan cerca que tu boca me volvió a cegar y tu mirada se volvió a hacer viento, un cierzo apasionado y candente que soltó la cinta de tu pelo y la oscuridad volvió a caer hasta lo más hondo de mi corazón. Tu cinta ató mi alma a tu cuerpo y la música seguía sonando, me abrazabas y tu cintura me abrasaba la piel. Bailábamos entre la guerra y una tormenta llena de flores, aromas, y luces. Alma de colores. Tus ojos eran el cielo y  tus labios el abismo, tu cabello la oscuridad de tanta noche y mi incredulidad era el día al que no deseaba volver, entonces, tu mirada se volvió viento una vez más.


El viento me rodeaba con sus brazos y todo fluía en un mundo donde no existían la luna o el sol. Exterminabas mis demonios solo con el aroma de tu nuca, expiaste mis pecados en un solo abrazo y mientras mi alma seguía atada a ti, casi palpando la felicidad, cesó el aire, sonreíste y el azul de tus ojos me dijo adiós, caminabas hacia el halo de luz tan hermosa como cuando apareciste, tus labios dejaron de cantar y tu cuerpo dejo de bailar. Mi piel ya te añoraba y solo estabas a unos metros, te quedaste inmóvil mirándome, la música dejo de sonar, mi alma regresó a mí y simplemente volvió la oscuridad.

viernes, septiembre 06, 2013

Sonetos de Recuerdos

Hallé, el lugar donde calla el viento,
encontré montañas de negra plata,
brunas las entrañas, carbón que mata.
Minerías de corazón mugriento.

No perdí la vida, creí en la brisa,
que antaño fue tempestad, un vendaval,
prescindí de mi alma sin dejar aval
para tu boca, cierzo en tu sonrisa.

Perecí y Amanda ya no me recuerda
cerca de la playa, una luz ciega
me enseñó un paisaje que no concuerda.

Regresé a mi montaña, solariega:
noble atalaya, no dejes que pierda
el descanso que tanto se me niega.

miércoles, septiembre 04, 2013

Autocompasión y enfrentamiento

Tan cierto como falso son aquellos momentos tan oscuros como claros. Es fácil decir que lo qué nos ocurre sucede por algún motivo, algún azar misterioso que juega con nosotros sin miramientos o algún dios descontrolado y algo cabrón que se entretiene utilizándonos como fichas de una partida que sólo encuentra descanso cuando dormimos. Pero lo cierto, a mi entender, es que no hay más dios que nuestra propia conciencia, nosotros creamos nuestros miedos, nuestros pesares, las dudas, la inseguridad y, por supuesto, nuestra infelicidad. Yo no sé cual es el camino a seguir, tampoco pretendo con estas palabras ser guía de nadie, tan sólo exponer una opinión que trasciende solamente más allá de mis hechos y en consecuencia de mi propia existencia.
Al final todo se resume en hechos, aquello que se puede controlar, a todos nos hubiera gustado ser más de otra manera, quizás más guapos, tener más dinero, un trabajo mejor, que la mujer perfecta se hubiera enamorado de nosotros, etc. En resumen todo aquello que no es controlable por nosotros mismos. He perdido gran parte de mi vida en aquellas cosas que no son controlables y he dado de lado aquellas que si puedo controlar y son éstas últimas las que en realidad me han hecho infeliz durante mucho tiempo. La idea básica está en que aquello que no puedes controlar simplemente ocurre, puedes hacer piruetas en el aire y seguirán ocurriendo, es lógico que te resulten motivo de infelicidad o tristeza pero siempre desde el punto de mira de los sentimientos, es decir, algo que se siente no algo que defina tu estado emocional. Por el contrario, si algo que es perfectamente controlable por nosotros, quizás un examen por poner un ejemplo, el peso que conlleva haber fracasado en algo en el que el éxito dependía de nuestra mano es sobrecogedor.
A lo largo de toda mi vida me he preguntado muchas veces cuál es el secreto de la felicidad y la única respuesta coherente que he encontrado es que no hay ninguno. Esta verdad absoluta es tan aplastante como que la mayoría de las personas suele confundir infelicidad con tristeza. Sentir tristeza no es malo es como sentir amor, odio, dolor, es un sentimiento, ni más ni menos. El problema es cuando la tristeza deja de ser un sentimiento para convertirse en la nota predominante de tu vida.
Cuando esto ocurre sólo hay dos soluciones: autocompasión y enfrentamiento. Si recurrimos a la primera podemos caer en un bucle sin fin con el riesgo de no salir nunca, la autocompasión nos da ese placer oculto de ver en el mundo cientos de culpables a nuestra situación dejando a un lado la idea verdadera de que lo único que es culpa nuestra es no controlar todo aquello que podemos controlar. El enfrentamiento, en cambio, requiere fuerza y valentía, dos palabras que no se deben tomar a la ligera. La idea del enfrentamiento consiste en afrontar todo aquello que nos da miedo, ya se que es un principio básico de la psicología, y ello aún le da más valor.
Si se quiere mejorar hay que enfrentar, asumir consecuencias, posiblemente tocar fondo, reconocer miedos, y después de todo esto hay que levantarse, cambiar todo aquello de las cosas que está en nuestra mano cambiar porque aquellas que no están nuestra mano sólo podemos aceptarlas tal y como son. La cuestión es ¿qué cosas puedes controlar y que cosas no?

martes, septiembre 03, 2013

Nana de Sirena


- A la nanita nana, nanita ea,
mi niño tiene sueño, bendito sea-.

Cantaba el anochecer con música de estrella,
adormecida                             adormecía
a la noche inquieta en el hueco de su pecho
un niño de arena y espuma nacido de la resaca
que sonriente jugaba con su techo de luna;
y palabra por palabra
 sus ojos eriazos
vírgenes del mundo
somnolientos se aturdían:
mi niño tiene sueño,
 bendito sea
mi niño tiene sueño,
 bendito sea.

Cantaba el anochecer a la inmensidad
de un mar naufrago de padre
a la nanita nana, nanita ea”
resonando en su regazo la paz completa
y tras su espalda todo el cierzo
atrapado en estelas de frío
(para su cuerpo: el hielo, para su niño: el calor).

Cantaba el anochecer con música de estrella,
mecida                                     mecía
al fruto de su vientre con su canto de sirena,
titilaba el cielo:
 bendito sea.

Titilaba el cielo y azuzaba el mar
en noche de nana y caricias de marea
entre olas de llamaradas y tallo de sargazo.
“No temas mi niño” y el niño no temía.
Arropado por el manto de su abrazo
sonaba el mar sobre el faro encendido
mientras su piel hecha de playa
recordaba la viudez en el oleaje:
A la nana nanita ea…                                               
- Mi niño chiquito no tiene cuna
Su padre que es carpintero

 le va a hacer una-.

jueves, agosto 01, 2013

Mecida por el Viento

Oigo las hojas bailar
mecidas por el viento,
si cierro los ojos
casi puedo sentir
el aroma a recuerdo.

Veo caer su ramaje
para volver a levantar
su alma verde y brillante.
Sin encomio ni recompensa
solo equilibrio incesante.

Oigo las hojas bailar
para permanecer quietas
un solo instante,
y entre medias,
en su dulce vaivén
resuena, leve, la caricia
de una brisa itinerante.

Siento paz y al desastre
                   alejarse.



martes, julio 09, 2013

La vida siempre te ofrece una Vero

Hace tiempo que lo estaba pensando, para no variar soy muy tardío a la hora de reconocer las cosas, y casi siempre, más si son una verdad clara y llana. Siempre presumo de haber perdido todos los trenes que llegaban al andén a la hora acordada y, siguiendo con mi tardía costumbre, de llegar tarde a todos los sitios, lugares y personas (léase mujeres) de mi vida en un eterno y, a la vez, efímero alarde de miedo pueril donde lo más sufrido siempre acaba siendo mi maltrecho corazón (sin contar ego, dignidad, autoestima y demás mierdas que nos alimentan), quizás ya por costumbre, o tal vez, por intentar convencerme a mí mismo de que la felicidad se encuentra en aquel país lejano donde se entremezclan indios, sirenas, niños perdidos,  un tío con un garfio que huye de cocodrilo, un niño con más años que Matusalén vestido de verde y saltando de nube en nube y  una enana muy sexy que tiene alas y va soltando a diestro y siniestro polvos mágicos que te permiten volar. La verdad es mucho más simple que todo eso, y aunque no la tengo toda conmigo, sí puedo empezar a atisbar un destello de luminosidad incandescente y osar la propia osadía admitiendo que la sabiduría, mejor dicho, que la ignorancia es la llave de todo.

Jode estar en plenitud de facultades, ya no mentales sino sentimentales, conocer a cada momento que sientes, que es lo que te duele y por qué. Esta es la mayor de las maldiciones, maldición que a los Maya se les olvidó nombrar dentro de su amasijo de catástrofes apocalípticas, que ya podrían haber avisado, por cierto. Y dentro de esta coyuntura tan emotiva, uno, es decir, un servidor se pone a meditar observando que hace un par de meses, debido a motivos amorosos, que son aquellos que rigen el mundo de todas esas personas que no tienen mayor preocupación que la de vivir (por méritos propios), estaba yo negando al mundo y a toda existencia viva que lo rodeara, para darme cuenta en un instante que la pérdida sufrida pasado un tiempo de rigor mortis sólo es un peso muerto o lastre. Lo que nos lleva  a la siguiente cuestión.

Pasado este tiempo uno, es decir, un servidor, vuelve a ese áspero interior oscuro al que algunos llamamos el fondo del armario, otros ente inmortal, y probablemente un cura llamaría alma, para repasar uno por uno todos los andenes donde mi tren paso de largo para darme cuenta que no hay trayecto perdido en vano ni estación que no tuviera  su encanto, pero si hay algunos vagones que tienen ese olor (léase recuerdo) especial (igual que Sevilla con su duende),  que sólo pasan una vez en la vida, o en mi caso dos de momento, pero nos dejan una marca grabada a metal ardiendo en la piel para recordar toda la vida que alguna vez tuvimos amor del bueno y no la mierda de amores que vive la gente de hoy (y mira que me jode tener que hablar como una persona ya adulta). Son esa clase de persona que tienen esa feromona que te lleva a arder en la más azul de las llamas, aquellas por las que estabas dispuesto a morir de frío una noche de enero sin mayor recompensa que un beso en la mejilla y un apretón de manos, esas mujeres por las que empezamos a escribir poemas, algunos mejor que otros, pasar noches en vigilia soñando con la piel que dibuja el trayecto por unas piernas interminables o por las que empezamos nuestra andadura en la vida de la mano de nuestro amigo Jony walker, aunque esto último sería inevitable creo yo. Ese tipo de mujer u hombre, por si alguna mujer lee esto, aunque lo dudo, que tienen ese algo tan maravilloso, es y siempre debería ser a lo que todos deberíamos aspirar o a esperar, según el género de cada uno.

Yo a ese tipo de mujer, aquí viene lo bueno y mi revelación, la llamo Vero o en su nombre científico: Verónica, es la marca más profunda que el amor me dejó, una hendidura hecha cicatriz donde la corteza ya creció alrededor pero que retiene el paso de la savia cada abril. Y a pesar de que algunas veces me he conformado con menos (léase Marías) y que este tipo de animal no se da en ciertos hábitats muy frecuentemente uno vuelve a pensar. Lo que nos lleva a la siguiente cuestión.

Desde la primera Vero, la original y la más grande de las idealizadas, también cuento a la reina de las reinas (omitimos el nombre), aquella que se quedó en un si es no es, de carácter very strong y una tez tan morena como mi alma, de la cual estuve huyendo casi toda mi vida por puro y casto miedo a que fuera la mujer de mi vida. Después de sendas diosas no puedo encontrar otra que no sea (llamémosla P)  aquella mujer que encontré hace ya unos años y que por destierro decretado no puedo ni acercarme sin articular la mayor de las estupideces, tan hermosa y dulce que cada palabra que sale de mi puño va siempre destinada a ella, una Verónica de ojos brillantes con un pelo rojizo como la Luna en una tarde de ocaso (y aquí es donde me pongo empalagoso). Para ir concluyendo sin decir más de lo que no ofrece satisfacción decir, apuntar que la vida siempre te va a ofrecer una Vero, la cosa es si tú estás dispuesto a pasar noches de frío, a emborracharte por desamor, a escribir poemas y a llenarte de desasosiego por  ella, aun sabiendo que lo más posible es que nunca llegues a conseguirla. Parafraseando a Carlitos el de los Alcántara: "las chicas son un asco".


P. D. No sé si os habéis dado cuenta, pero en realidad no hay ninguna cuestión.

viernes, junio 28, 2013

Buscando a la chica de anoche...

Hace mucho tiempo que no escribo sobre esto, realmente hace mucho que no escribo sobre nada. No sé cuánto tiempo habrá pasado desde la última vez que el tiempo me dio la oportunidad de pensar, de observar la eterna historia que siempre pasa frente a mis ojos pequeños y hastiados…

Fue tan sólo un segundo, quizás dos, lo que tardé en entrar hasta llegar a la barra, en el transcurso de ese pequeño instante yo ya me había percatado, ya había puesto mis ojos sobre ella; en ese pequeño momento yo ya me había vuelto a enamorar como lo hice muchos años atrás, sin saber cómo era, sin conocer ningún rasgo de su personalidad, ni siquiera como le gusta el café, pero yo ya estaba prendido, hundido por completo y embriagado en el magnetismo que ella desprendía. Se notaba el paso de los años (lo llevaba mejor que yo), pude advertir como el tiempo la había tratado bien, estaba mucho más hermosa, la piel un poco más oscura, el pelo lacio y rojizo como una luna de septiembre y mi corazón en sus manos.

Tardé una milésima en volver a divagar como cuando tenía veinte años, una pequeña parte de tiempo en la que soñé como si nada importara, soñé de nuevo con su piel, con interminables charlas a la luz de un mar brillante y acobijados por una noche eterna y al mismo tiempo efímera, soñé con sus labios hasta el amanecer de los amaneceres y con el paso del tiempo entre devenires de tristeza y alegría la imaginé con sesenta años envejecida a mi lado, la vi con ansiedad por amarme y me vi con dolor por no haber podido amarla.


Transcurrió ese momento y sus ojos se clavaron en mi alma, como años atrás lo hicieron, ese par de iris profundos que encadenan mi alma con cada mirada y al mismo tiempo son puñales que se hunden en mi espalda con toda la violencia que la realidad puede ofrecer, casi morí; permanecí allí, quieto, inamovible, admirándola por si no volvía a tener la oportunidad, pensando que mi cielo estaba entre sus manos y que en su regazo estaría mi hogar para toda la vida. Y como siempre, anhelando el calor de su vientre y noches de lunas incesantes, dejé que se marchará sabiendo que lo imposible hay veces que se vuelve real, con la mente puesta en versos que fluían como un torrente de metáforas cristalinas como el agua, pensando que esta historia no va a terminar aquí, que sólo acabará cuando el puñetero destino quiera hacerlo, mientras tanto, tonto, idiota y enamorado seguiré mirando la cara de la gente esperando ver en alguna de ellas  a la chica de anoche…

viernes, abril 26, 2013

Rabia


Pasa algunas veces, no siempre, pero algunas sí. Pasa algunas veces  que el corazón es como un lienzo donde plasmamos todo aquello que transcurre desde que somos conscientes de nuestra propia existencia. Suele ocurrir que algunas veces tejemos un lazo tan fuerte como la vida misma, algunas veces ese lazo es puro y blanco, otras…

Cuando generas un vínculo tan grande y tras el tiempo, divino tiempo, la realidad te golpea con sabiduría absoluta, advirtiendo que todo aquello que fueron los cimientos de una opción elegida tan sólo es el capricho de un corazón egoísta. Es entonces cuando tus cimientos se derrumban y descubres que aquello a lo que una vez llamaste amor se queda en una rabia incontenible, poderosa rabia pero inútil rabia.

Entonces quisieras pensar que alguna vez :

"Se alineen todos los planetas, un eclipse lunar, hechizos de brujas y deseos a hadas, pedir cantos de sirena, una profecía maya que te alivie el peso que llevas en los hombros. Que de una vez por todas al mirar al horizonte se junten la tierra y el cielo en algún lugar, impotente, creciendo oníricamente, buscando la maldición de una gitana, incluso vendiendo tu alma al diablo para que todo aquello que una vez fue volviera sin saber cómo, tan sólo mirar  hacia un lado y que estuviera ahí"


Supongo, que la rabia (fase del duelo, más conocida como ira) acabará pasando, llegarán épocas en que Abril no sea tan lluvioso, y que al mirar la luna lo único que puedas hacer sea aullar melancólicamente y con nostalgia en aquel lugar donde todo fue. Mientras, el mar siempre volverá a golpear con sus olas inconscientes. La Luna siempre dirigirá con mano firme sus mareas y siempre quedará en mi corazón el aroma a olivo, el amarillo incesante que murió para volver a la vida encarnada en otra alma. Supongo que la rabia acabará pasando pero mientras ese hecho no ocurre la muesca reciente en mi corazón seguirá doliendo. 

martes, abril 23, 2013

Mentiras


    Al final todo se resume en una cosa, mentiras. Aquellas palabras que a lo largo de la vida (dice uno mismo, no lo olvidemos) te dicen al oído como si el tiempo parara cual película romántica americana. Las promesas que se hacen en el fragor de una noche amorosa con sabanas sudadas como campo de batalla, la luna de testigo y el corazón abierto de par en par buscando un resquicio (destello que diría Ismael) de felicidad. Buscando un refugio donde escapar de tanta miseria y dolor almacenado, al final, todo se resume en soledad.

Cuando la Luna está siempre de testigo. –Te amaré toda la vida.

Cuando un Beso sella el pacto. –Te quiero más que a nada.

Cuando la Felicidad es una aliada. –Eres mi vida entera.

   Frases que al pasar el tiempo pierden su sentido,  aunque siempre hay alguien que las padece, al final todo se resume en una cosas, astillas. Aquellas palabras de amor, aquellos sentimientos de fe absoluta (absurda), se tornan astillas clavadas una a una en el corazón, un corazón que sangra tinta, a veces hasta sangra  lágrimas. Un corazón que se queda atrás esperando que aquellas frases no terminen de perder todo el sentido que una vez tuvieron. Palabras que cuando son mentiras crees que todo es mentira. ¿La luz del día? ¿La Luna?¿El Mar?¿Incluso los olivos? Todo aquello que una vez fue algo…será todo mentira.

   ¿La verdad es sólo válida para un momento determinado de la vida, un lapsus de tiempo en el que todo fluye místicamente y extrañamente al mismo son? ¿Fluyen las vibraciones de dos almas en un mismo tono y eso da derecho a disparar con palabras eternas, hacer que quien tengas enfrente las crea, las adore, las idolatre y, por ende, se enamore?

   Al final todo se resume en una cosa, mentiras. Al final las usamos, las manipulamos como si fueran parte de nosotros, decimos lo que creemos que sentimos en cada momento pensando que es para siempre sin pensar en nunca será para siempre. El precio a pagar un corazón destrozado, unas veces será el tuyo (lo prefiero) otras veces será el de otra persona. 

sábado, abril 20, 2013

Desaprender - Aprender


                Con el tiempo he desaprendido a lamer mis heridas, escondido en el fondo de mi armario. He desaprendido a escuchar cantos de sirenas mezclados con el vaivén de las olas que golpean mi ventana en las noches de agosto. He desaprendido a confiar en las viejas canciones que me llenan de nostalgia y a compadecer la vida teñida por la penumbra de bares oscuros. He desaprendido a amar el humo en la noche y a ver tras la ceguera de una melena ondeando al viento. He desaprendido a ser el niño enamoradizo que se perdía entre versos y acordes después de recibir inocentes sonrisas por mujeres hermosas. Tras el paso de los años, tras el paso de las cicatrices que unen mi alma (legítimamente), desaprendí que querer significaba para siempre, o al menos, significaba morir un poquito cada vez. Desaprendí que la noche, aquélla a la que tanto amé y que tanto me cuidó con vigilias interminables, no era sino el amor de una soledad interminable.

                Con el tiempo he aprendido que por mucho dolor que causa para mí escribir, yo nací entre papel y gotas de tinta, he aprendido que no puedo alejar de mí aquello que me hace ser yo. Con el tiempo he vuelto a aprender que las palabras son el espejo donde miro una y otra vez mi ser desnudo y sincero. Aprendí que no puedo mentir (al menos a los demás), aprendí a desconfiar de las buenas intenciones y a no llorar acompañado si la compañía no llora conmigo, aprendí que todo lo que aprendo lo desaprendo y que mañana aprenderé a desaprender. Tras el paso de los años y tras el paso de las cicatrices aprendí que tengo mucho camino por recorrer, aprendí que siempre tendré cicatrices, que no se irán y que vendrán nuevas, aprendí que ellas son la prueba de que he vivido y de que estoy vivo.

                Con el tiempo he desaprendido a conocer a las personas con tan sólo mirarlas y he aprendido que aquellos que estuvieron siempre estarán. He desaprendido amores pasados y después volví a aprenderlos. Desaprendí a amar y aprendí a amar de nuevo. Desaprendí a sonreír pero aprendí a reír, desaprendí a mirar pero aprendí a ver. Tras el paso de los años y tras el paso de las cicatrices que unen, mejor dicho, que habitan en mi alma (merecidamente) desaprendí que lo que mejor está por llegar pero aprendí que siempre viene otra primavera, desaprendí querer un futuro pero aprendí a amar mi presente.
Con el tiempo desaprendí que mis letras siempre estarán ahí y he aprendido que mis letras siempre estarán ahí. 

martes, julio 31, 2012

Hacía mucho tiempo que no tenía que recurrir a este baúl de miserias expuestas. Hacía ya demasiado -cosa extraña- que no tenía la necesidad de visitar las esquinas de mi alma donde voy dejando las penas que año tras año voy recolectando y guardando en lo más negro de mi corazón empobrecido y deslucido. Tiempo que no tiraba de recursos, de mi querido Ismael para pasar las noches calurosas y solitarias, hacía tiempo que sus letras no me servían de bálsamo para el eterno dolor de cabeza que me atenaza los nervios, avisándome de que el tiempo advenedizo será mucho peor. Hacía demasiado tiempo que los días no eran tan oscuros y las noches tan soleadas, que el tabaco se volvía mi alimento primario y los textos de poetas desconocidos –ya casi todos muertos- mi biblia de mesilla, hacía tiempo que no miraba atrás con añoranza, que no recordaba hablar con amigos imaginarios dentro de mi cabeza o mirar estrellas en lo alto, a la noche, deseando poder echar a volar hasta allí, alunizar con este sentimiento que me corroe desde los pies hasta la cabeza, hacía tiempo que no tenía este regusto amargo en la boca causado por besos desperdiciados y tanto, tanto, tanto tiempo que no necesitaba un abrazo como las mareas necesitan a su luna, y no tengo quien extienda sus brazos para acogerme en el exilio de su pecho para que pueda llorar como el niño triste y asustado que nunca dejaré de ser. Hacía tiempo que no tenía que recurrir a secarme las lágrimas de la desesperación y la soledad con letras sacadas a golpe de tristeza de mi cabeza, tiempo hacía que no sentía que se me escapaba el tiempo entre los dedos. En resumen, hacía tanto tiempo que no me sentía tan triste que ahora ya no se como calmar el dolor ni tan siquiera sé como pasar el duelo.

lunes, septiembre 20, 2010

Semana


Los días pasan rápidos como un murmullo, un rumor que surge de las nubes uniéndose para cubrir el raso del cielo con un blanco inmaculado. Hace sólo una semana caminaba difuso, inquieto, con la mente turbada por miles de imágenes que se agolpaban en mi cabeza como un puzzle que no tenía solución.

Era el derecho…o quizás sea el izquierdo –no recuerdo- la parte de mi corazón que estaba vacía. A veces sueño que despierto en una casa grande con columnas blancas que se retuercen hasta el techo, bajo por una escalinata grande hasta un ventanal inmenso y el sol que entra a borbotones me ciega con dulzura, cuando consigo recuperar mi vista te veo, más bien te siento, tu silueta pequeña y perfecta frente a la ventana, el viento azota tu melena y el sol acaricia tu piel como si fueran mis manos, un vestido, blanco, te cubre el cuerpo dejando tus hombros al aire y tus piernas brillan como el oro. Elevo la mano para enredarme en tu cabello y tu olor me sobreviene como un latido fuerte y ruidoso en medio del pecho, casi estoy cerca de ti, de tocarte…giras la cabeza y me miras sonriendo y el sol me vuelve a cegar pero para cuando vuelvo a abrir los ojos ya no estás y despierto sólo, abandonado y entre sudores que me abrasan la piel como el fuego de la desesperación.



Estos ocho días se me han ido de las manos como se resbala el agua entre mis dedos, tengo en la cabeza tu recuerdo –desde hace muchos días sólo te tengo a ti en la cabeza-. Cierro los ojos y te veo abrazada a mi almohada y siento como la vida se me escapa por el corazón, como fluye tu dulzura por el aire que aspiro entrando en mis pulmones e inundando todo mi cuerpo, te veo entre mis brazos acurrucada en mi pecho con los ojos cerrados y doy gracias al cielo por este milagro... La tarde se cierne y la luna sale alumbrando mis ojos, calentando mi pecho y siento alas en mi espalda que azotan al aire mientras el suelo desaparece y sólo queda la paz de tu regazo. Llega la fiebre y el sudor de un cariño que arraiga en mi alma y que sólo sana con tus caricias. Sólo han pasado unos días pero habitas en mi corazón por años, en cada mirada una eternidad, en cada sonrisa la infinitud de una tarde llena de besos y entre labios cortados y el calor que desprende mi cuerpo el miedo que asoma cuando te veo desaparecer por esa maldita esquina que tanto amo cuando te veo llegar y que tanto odio cuando te veo marchar lejos de mí después de haberte dicho tantas cosas y tantas que me quedan por decirte…tantas letras que me quedan por escribir. A veces sueño que despierto y estás a mi lado, abro los ojos y sigues entre mis brazos acosando mis labios con tu azúcar, otras veces, abro los ojos y estás entre mis brazos pero no es un sueño sino un regalo

.

domingo, septiembre 12, 2010

Un momento a solas

No se paró el mundo, no sé detuvo el tiempo, al contrario, los minutos pasaron volando cómo si el mismísimo Dios quisiera darme la vida pero al mismo tiempo castigarme con la crueldad más fiera que existe. La penumbra lo cubría todo y mi cuerpo se desarmaba a una velocidad vertiginosa. “Felicidad, que bonito nombre tienes…” resonaba por mi mente, por mi rostro aguado con escasas lágrimas que emanaban de mis ojos perplejos, la sonrisa en mi boca y el preludio de que la tristeza se había marchado, hacían que mi corazón titilase vagamente como una estrella solitaria en un cielo raso, nocturno y azulado.

La oscuridad se iba deshaciendo muy lentamente entre suspiros, entre tus manos pequeñas y dulces, tus labios me rozaron y el desastre me invadió como una batalla que de antemano tenía, tengo y seguiré teniendo perdida. En un momento tu abrazo, tu cabello enredado, y al mirarme anidaste en mi corazón por los siglos de los siglos; escondías los ojos entre sonrisa y cariño, entre un amor que ya dura cien años. ¿Dónde has estado todo este tiempo? ¿Por qué este regalo ahora? ¿Por qué este sueño? Sueño que no tendrá fin mientras aguante tu olor en mi piel. Aún ahora que ya han pasado muchas horas, quizás demasiadas, sigo teniendo la sensación en mi boca de tener aferrados mi vida a tus labios carnosos, la escalera de tu piernas, tu espalda pequeña, tu regazo acogedor… Elevaste la cabeza y tu mirada se me clavó en el corazón como un puñal y mientras mi pecho sangraba el cielo se hizo carne, el azul se hizo mujer entre mis brazos y como un tonto enamorado lloré como un niño porque sabía que tu ausencia me abrasaría el alma, porque la melancolía de no tenerte a cada instante, a cada segundo, a cada momento me envenena la sangre.

Se hizo el día y con él mi desidia, volvió a mi corazón la tristeza y la pena pero con esperanza, quedó en mis manos el roce de tu piel tersa, en mi pecho restos de tu cabello alisado. Se hizo el día y con él, el abandono momentáneo pero quedó en mí el recuerdo de un momento a solas que perdurará toda la vida guardado en un baúl en lo más profundo de mi corazón; te vi alejarte y se me partió el corazón otra vez; me humedecía la boca y sentía de nuevo tus labios en ella; enamorado vi como te marchabas con tu imagen en mi cabeza y el reflejo de tu belleza en mi retina, tu hermosura en mis ojos para toda una vida. Se hizo el día y odie al mundo por no detenerse, por no parar siquiera un segundo, siquiera un latido, siquiera lo suficiente para que me hubiera dejado llorar esta alegría, para que no tuviera que llorar ahora escribiendo estas letras de ausencia y añoranza; sólo un momento a solas pedía y cuando lo tuve quise que durara eternamente.

Ya han pasado horas, vuelvo a decir que demasiadas, y la felicidad se mantiene integra y mi corazón late con fuerza porque con sólo un beso he sido feliz, con sólo una sonrisa he vuelto a ser hombre, con un abrazo he vuelto respirar aires de amor, con sólo oler tu pelo volví a llorar lágrimas de adolescente y con sólo una mirada me he enamorado. Ahora queda añorar y desear, viajar por mi mente a ese lugar maravilloso que eres tú, donde fui hombre otra vez y al marcharme dejé mi sentimiento, mi mente y todo mi ser. Ahora sólo queda esperar a que el tiempo me vuelva a llevar a ti, a tu regazo, a tu cabello enredado entre mis dedos y a tu sonrisa de niña pequeña, al cielo que hay entre tus manos y mi piel. Ahora sólo queda esperar para poder volver a perderme en aquella mirada que me desarmó y me desvalijó el corazón…mientras tanto cerraré los ojos para poder ver una vez más tu imagen en la oscuridad de la noche.

viernes, septiembre 10, 2010

Hoy (10 de septiembre de 1981)

Hoy será el día en que todo tendrá sentido, hoy será ese día en que todo cobrará sentido, las canciones de Ismael tendrán de nuevo su valor, el sol brillará en lo alto y el calor me aturdirá el cuerpo. Hoy mi cama se hará de nuevo pequeña porque aunque duerma sólo nunca más lo estaré, aunque la tristeza me vuelva a embriagar siempre habrá luz intensa iluminándome. Hoy será el día en el que seré lo que yo quiera ser y aunque al dar las doce tú volverás a ser cenicienta y el cuento acabe seguiré siendo el hombre que quiero ser, quizás un corsario temible que te rescate de un barco pirata, un príncipe a lomos de un caballo alado que mate dragones y escale castillos o quizás un pobre ser humano que ha encontrado la libertad en brazos de una fiebre pueril. Hoy seré, hoy haré, hoy viviré todo lo que quiera, mis palabras no será esclavas sino de ti, mis manos no serán sino el hueco donde descanse tu pelo y mi cuerpo no será otra cosa que el hogar donde descansarás. Hoy recitaré versos de amor:

Mi voz resuena. Resuena
en lo alto y sube
enredada en tu vestido,
letra tras letra se esconde
bajo la luna de Lorca,
mágico compás,
busca el orden sin diapasón,
el amor, todo, está en él,
palabra, letra, silaba:
gira, corazón;
gira, corazón.

Hoy tendré una de arena y sentiré la piel mientras me deshago en el más puro de los deseos, tendré una de cal y se me negarán besos, abrazos pero mi sonrisa no desfallecerá, porque me ilumina cómo una luna intensa y grande. Vestiré con tu cabello mis sábanas, con tus manos mi piel y de deseo mi mirada juntando pasiones en mi cabeza y aderezando la vida como tintes de alegría; brillará el sol, Dios! Si brillará en todo lo alto, hervirá otra vez mi corazón y pintaré tu ausencia de recuerdo nimio y candoroso, pasaré de verano a primavera porque tu calor no me abandonará jamás y reiré mientras me quedé aliento en los pulmones.

Hoy la palabra pena dejará de existir, la oscuridad se perderá en la otra punta del mundo y tú te volverás a hacer tan grande como ilusiones albergo en yo en mi pecho, hoy todo será posible y al dar las doce acabará un cuento de hadas, pero quedará en mí la esperanza, nacida de ti, de tu piel, tu sonrisa, tus enojos, tus caricias… mañana quizás venga dolor, pena o tristeza, lo que el futuro depare… mañana, pase lo que pase, quedará en mí la esperanza que sin darte cuenta y sin querer dejaste un día en lo más profundo de mi alma.

sábado, septiembre 04, 2010

Muros y piedras

Pensaba que levantando estos muros estaría a salvo; pensé (ignorante de mí) que entre estas cuatro paredes levantadas piedra a piedra de rencor, resentimiento y soledad estaría seguro. No colgué retratos ni fotografías, si quiera un cuadro de algún recuerdo todo lo dejé atrás, todo lo enterré para no convertirme en estatua de sal y entre cuatro paredes busqué redención.

Incauto de mí… pobre de mí…pensé que estaría a salvo pero las piedras dejan rendijas, los muros dejan grietas:



“Paseaba por mi cuarto, tocaba aquellas paredes rugosas y las sentía latir, notaba sus palpitaciones, creía estar a salvo entre los muros pero en la oscuridad se hizo un halo de luz, un fino hilo que entraba con una firmeza devastadora e inconmensurable, un rayito de esperanza que irrumpía para mi asombro, tan pequeño como la estrella de la que emanaba. Tardé poco tiempo en dormirme y entender que mis muros palpitaban, que las piedras no eran otra cosa que mi corazón latente donde permanezco encerrado; y al volver a ver tu rostro cálido y risueño entendí que tú eras la luz que poco a poco va encontrando rendijas en él, agrietando paulatinamente aquellas piedras (cicatrices) que apilé con tesón. Poco tardé en entender que eras la estrella pequeña, y al mismo tiempo tan grande que irradiaba tanta luz. Poco a poco los muros van cayendo, para desgracia mía, lentamente todo se desmorona y los fantasmas dan la cara, asoman retorcidos en mis pensamientos cuando te tengo delante… el silencio que me incendia el corazón al no poder decir aquellas palabras que deseo decir y que tropiezan una y otra vez con las paredes que levanté. Tras el silencio mis manos, heladas, que anhelan tocarte, acariciar tu cuerpo adolescente con la dulzura que guardé tanto tiempo para ti, mis brazos que se retuercen por no poder estrecharte bajo la oscuridad en un abrazo efímero y eterno, mi cuerpo entero que desea respirar los surcos de tu piel palmo a palmo. Tras mis manos y mi cuerpo mi boca que me odia por no besarte; mis labios germinados a base de la distancia que nos separa, entre los pensamientos que tengo y a los que hago caso; por no tenerte tendida en mi lecho adorando tu piel forjada en la fragua de mil soles ardientes, que no hace otra cosa que desearte como si volviera a ser un colegial febril y triste. Y tras mi boca mi mente que no deja de imaginarte dormida, inmaculada, hermosa, pequeña criatura, ver como te despiertas abriendo esos ojos grandes que me hipnotizan sin necesidad de mirarme mientras vienes hacia mí sonriente como un ángel caído, sin saber nunca aquello que piensas, sin dejar de ver versos y rimas constantes, poemas de amor que fluyen con la misma tristeza que el muro sobrevive entre nosotros. Mi mente sobrecargada porque sufre más que ama y llora más que quiere, tan sólo imaginando que te vuelvo abrazar una y otra vez mientras se eriza mi piel al acariciar tu vientre terso y asedado, pero…”

Amanece y a mí me vuelve a tocar ir a la cama, a ese lecho que tan grande se me hace y donde me siento tan solo, como dice Ismael: “más cansado y más viejo vuelvo a mi asiento”. Cierro los ojos y vuelvo a soñar contigo, que me agarras tan fuerte que la misma luna tiembla y de la yema de tus dedos se desprende una luz capaz de tirar abajo cualquier muro, y entre mis letras y mis sueños soy un poquito más feliz, aunque mañana cuando amanezca sé que volveré a estar a salvo entre los cuatro muros que hace años levante con la idea de que nunca escaparía de ellos, aunque de vez en cuando entre un rayito de luz y esperanza entre sus grietas, para mi desgracia.

jueves, septiembre 02, 2010

Re-volver a...

He vuelto a mi adolescencia, he vuelto a tener dieciocho años, a ser insensato. A pasar de la alegría a la tristeza en lo que tarda un suspiro en desvanecerse por el túnel de tu boca. A cambiar mi gesto cuando te veo pasar frente a mí, a buscar un resquicio de esperanza en tus manos pequeñas, deseables. He vuelto a sentir la fiebre pueril de un niño enamorado, ardiente y desesperado; a ver la luz cuando te recoges el pelo y regresar a la oscuridad cuando te apartas un mechón de tu rostro moreno e inmaculado. Vuelvo a escribir noche tras noche versos de amor empalagoso, renglones llenos de ilusiones, de cosas que mi silencio dice y que cada día me cuesta más callarme; vuelvo a recoger, una y otra vez, los trozos de mi pequeño corazón del suelo de la invisibilidad, esperando a que la luz me enfoque, a que tu corazón se aclare y veas mi alma al trasluz de una noche estrellada.

He vuelto a ser un crío, desde el primer día en que tus manos echaron abajo mis muros, he vuelto a ser un niño. Vuelvo a releer “Cien Años de Soledad” como en antaño, vuelvo a esconder la cabeza bajo mi manta mientras escucho canciones triste del eterno Ismael, queriendo olvidarme del mundo, de todo menos de ti; vuelvo a ser ese muchacho nervioso que al entrar te busca por los rincones (se ha “desbocao” la primavera), quien te mira desde la otra punta de la habitación a sabiendas de que seré la única persona que te amará en este mundo tan opaco y triste.

Ahora que la edad me dio sabiduría mi amor por ti me la ha quitado, la ha robado con descaro. Ahora que vuelvo a sentir un hormigueo, un terremoto en mis rodillas; volver a no dormir, a no comer como un quinceañero enfermo del amor más puro que existe, más candido y excelso. Ahora que vuelvo a estar en las sombras de un amor venidero, con el miedo a confesarte lo que mi corazón implora con la más cruda de las suplicas, ahora siento revivir mi ajado espíritu de nuevo. Siento como arde mi deseo en tu vientre, mi piel cuando me rozas, mis ojos cuando se pierden en el lunar de tu mejilla. Juego como un chaval enamoradizo a imaginar nuestro beso debajo de una luna tenue y acogedora, sueño a quererte toda la vida, sueño a tenerte entre mis brazos… pero cuando despierto no estás a mi lado y entonces vuelvo a ser yo, a sentirme anciano, viejo y triste.

Despierto y voy a tu encuentro, y una vez tras otra, una tras otra, al tenerte delante sólo te puedo mirar, mis labios se callan y mi corazón padece el más horrible de los silencios, la tortura de tenerte a un palmo, a sólo un te quiero de distancia, a un te necesito tan grande como la luna de Marzo y tan lejos como una eternidad adorándote en silencio; y entre las sombras, cansado de admirarte vuelvo a mi guarida a esconder mi vergüenza, el miedo que me supera.

sábado, julio 31, 2010

Con sinceridad

Se tiñen los días de azul, mañanas opalinas, tardes opacas, grisáceas, tormentosas; teñido el día de amarillo ardiente y del azul más irisado, de color cambiante que desdobla su silueta en la penumbra, entre los trazos de mi amargura, como hilos en el aire de la soledad más insidiosa. Entre los suspiros, miro al vacío que me dejó la ausencia de una piel rozada en un lecho tan pequeño, y vuelvo a mi suspiro. Mirando la lejanía y pienso: Dios! Me siento tan solo. Perdido entre la multitud errante, en el fragor atropellado por recuerdos abigarrados e intrincados, por la ausencia que tanto añoro, por el dolor de la tinta solitaria que siempre impregnan mis poemas, ¿o era el olor? Ya estoy cansado de ser poeta, de sentirme poeta de amores no correspondidos, de pasar días que parecen semanas, horas que parecen años y pestañeos que duran una eternidad; cansado de permanecer inmóvil, sentadito, inerte, siempre en aquel banco del parque oteando el cielo plateado, las hojas verdes de los árboles meciéndose al antojo de la vida mientras lleno mi cuaderno de versos y renglones que nunca se leerán, que nadie leerá, que yo no leeré. Cansado de escribir historias, de papeles que sólo sirven para forrar la caja gris donde guardo mi corazón. Cansado de que mis propias palabras me alejen del mundo, de no ser normal, de ser tan especial que lo normal me sabe a poco, de saber que sangro, que río, que lloro, cansado de rabia, de ira, de infructuosa desidia, cansado, en fin cansado.

Son días, teñidos de azul, por supuesto; de cantos de sirena, de monte grisáceo, de paseo ribereño, del Segura a borbotones, de sin calor humano. Tardes de ópalo, y noches de tormenta como castigo por amar una vez y engañar mil, castigo por aquella media verónica en la noche del ruedo, por pensar en la niña del pelo rojo, por pensar en que al ser tan especial siempre me acabo volviendo vulgar. Y vuelvo a pensar que estoy cansado o, que simplemente, estoy solo y aunque siempre vuelvo a mi cuaderno, aunque siempre acabo volviendo a mi cuaderno, a mi lápiz del dos, a los folios arrugados llenos de polvo que guardo en algún rincón de mi casa; y a los cuadernos que ya no puedo volver, a las niñas del instituto que veo de década en década y me recuerdan: “el otro día me encontré un poema tuyo”, al cuaderno que vino a curarse el alma y después se fue dejándome el alma repleta del odio más hiriente y de la rabia más autodestructiva que puede existir.

Son días, si soy sincero, de amargura, de tristeza, de una tristeza tan grande que el simple hecho de levantarme de mi cama me llena las venas de veneno y el corazón de plomo. Días en el que el azul me importa bien poco, y el amarillo ardiente se puede ir a hacer gárgaras. Lo cierto es que últimamente la espalda me pesa y el cansancio me desborda, cansancio de ser el paño de llantos de la gente insomne, de ser el muro de las lamentaciones, de saber que piensa la gente tan sólo con mirarla, de mi puñetera empatía. Quizás esté cansado de estar cansado, odiar a este odio y maldecir esta puñetera maldición. Seguramente me merezca el castigo por mis actos anteriores, seguramente no hay redención para aquella persona que fui, y aunque poco queda de él en mí el castigo parece que aún perdura.

martes, julio 20, 2010

Un beso al amanecer.



Sonaban los tambores, palpitando con la fuerza de un trueno que aventaja al rayo en el océano de un iris azul recorriendo mis venas, cambiando mi sangre por aire fresco. Sonaban como el presagio de un tiempo venidero, el poso en el café, el adivino profetizando unos labios entre sombras oscuras que atacaban al cielo con fiereza.
Despuntaba a penas el día, el miedo me enfundaba el corazón y tus labios me hechizaban, perdiéndome en un conjuro aterciopelado y negro. Sonaban los tambores como la cruda realidad, sonaba mi corazón atenazado entre tus brazos; y al abrir los ojos tu mano en mi rostro y tu sonrisa en mi alma, y la felicidad en mi cuerpo que añoraba de ti.

Se desdibujaba un rayito de sol en tu melena, la música sonaba fuerte y este sueño de verano tocaba a su fin. Sonaban los tambores en mí y la mezcla de deseo y amor furtivo me apretaba los pulmones. El sol poquito asomaba, la gente miraba al techo azulado, las sombras se iban perdiendo y a mí me dolía este abrazo donde el tiempo no se paraba, donde el mundo no se quedaba quieto sino que todo volaba a una velocidad vertiginosa. Sonaban los tambores cada vez más fuerte y cada vez más poderosos y a mí me dolía, tanto tanto tanto me dolía al sentir su aliento en mis labios, tu mirada azul, el sol en tu cabello tanto me dolía todo que cerré los ojos.

Sonaban los tambores. Fue un instante. No abrí los ojos. No abrí los ojos y sentí el calor en mi boca, un beso de paso, huésped en mi boca por vacaciones, sentí el calor que abrasaba mis manos. Todo tan rápido, el sol ya en lo alto y mis ojos cerrados, tus manos que me apretaban dejaron de hacerlo y los tambores poco a poco bajaron su ritmo. Al abrir la vista te divisé ya a muchos metros, veía como te marchabas, el día en lo alto, los tambores ya eran un rumor, el mundo no se paró, y mientras oteaba tu silueta desaparecer por el mundo te giraste para mirarme, con tu melena hondeando en la colina de mis ansias; “esta batalla es para ti” pensé con desidia mientras tus ojos azules se clavaban en mi deseo y mis oídos lloraban por no haber escuchado tu voz. Sonreíste y desapareciste, los tambores ya no se oían y el día estaba en lo alto, pero no era el mismo azul.

lunes, junio 28, 2010

Resurrección

Hay dos tipos de personas: las buenas y las malas. Hasta aquí la ecuación es sencilla, el problema está en que hay demasiadas personas malas en el mundo; por cada persona pura de corazón que te encuentras puedes contar cincuenta que son malvadas, con un corazón negro por la envidia, la codicia, avaricia y otros tantos defectos. Estarás leyendo estas líneas y seguramente me estarás dando la razón, pero te has parado a pensar en que lado de la balanza estas tú… seguro dirás que eres de las buenas ¿de verdad? Cuando fue la última vez que ayudaste a un amigo con algo que requiriera algo de sacrificio, cuando fue el último perdón que admitiste, el último perdón que dijiste; cuando fue el último gesto que tuviste con otra persona sin que nadie te lo pidiera, cuando regalaste algo sin ser un cumpleaños o un aniversario; cuando dijiste te quiero sin interés alguno, cuando regalaste un abrazo o hablaste con el chico raro del rincón sólo por ser amable; cuando llamaste amigo a alguien sin que hubiera algo valioso de por medio.

Cuando alguien te decepciona es como morir, quiero decir, que algo dentro de ti se muere, cuando quieres a alguien le das una parte de ti, el aprecio te roba un trocito, una parte que ya nunca jamás vuelve a ti y te oscurece un poquito más. El corazón tiene esas cosas. Siempre queda resucitar pero el olor a ceniza nunca se va, siempre puedes resurgir después de unas cuantas lágrimas pero el dolor nunca desaparece en su totalidad, siempre puedes volver al redil, volver a creer en unos ojos, en una caricia pero en lo más oscuro de tu ser sabes que dentro de una caricia hay mentira, que en las yemas de los dedos se esconden espinas, que en una mirada está el fuego que primero te embelesa y luego te quema.

Cuando alguien te decepciona es como morir y aunque se puede resucitar lo mejor es acostumbrarse.

martes, junio 22, 2010

Un recuerdo cualquiera

Se tiñen los días de azul, mañanas opalinas, tardes opacas, grisáceas, tormentosas; teñido el día de amarillo ardiente, de verano vestida la tarde de domingo con ropajes de hoja verde y calor pegajoso que desnuda el cuerpo entre gotitas de sudor y piel morena. Un día normal, teñido de azul, normal de todas todas, la brisa recorre el paisaje urbano ondeando por los árboles y permutando con el polvo. Una tarde normal.

Una pareja se besa en el parque, yo miro al cielo viendo el azul inmenso y pienso en el calor, ella le acaricia la mejilla y sonríe, supongo ella diría: soy feliz… él sonríe también y la abraza, supongo él diría: tú eres la luz… y yo pienso sin mirar al cielo, que una vez yo dije, la vez en la que hablé, tantos tú eres mi luz, tantos te llevo en las venas, tantos me gusta perderme en tus ojos, en tu piel de verano, tantos no te vallas…quédate cinco minutos más. Recuerdo que no eran tan azules aquellos días, recuerdo que eran más grises o blancos y hacia más frío. Recuerdo canciones en mi oído, tu voz desafinada, la carne de gallina en los roces, los labios cansados, las miradas a oscuras, mi voz en ti, mis letras, los poemas que escribía a escondidas, mirarte desde lejos y suspirar, recuerdo la huída, recuerdo el tiempo en el que tapaba tu nombre entre las rimas, en el que la barra de un bar era donde expiaba mi ansiedad y donde tus ojos se perdían, en el que mi interior ardía con noches de fantasía.


El día sigue azul, vive Dios que sigue igual, ahora los días pasan más rápidos y la vida se me escapa entre los dedos, al menos ya no se derrama en mis ojos. No sé por qué hoy me he acordado de aquellos días en los que un rizo casi negro mandaba en mi alma, en mis entrañas; la pareja se ha ido, mi perra sigue correteando y yo sigo leyendo mientras en día sigue azul, ni una nube, el color del tiempo se hace trasparente y la vida sigue hilando telares con las personas; no sé si más feliz, más triste, más… ya no pienso en esas cosas, ahora ya no escribo a escondidas, aunque siempre oculto nombres en las rimas, defectos de la infancia que no se van, ahora simplemente vivo, no sé por qué hoy he pensado en ti, en tu melena negra, en tus rizos, en tu piel oscura y tus ojos penetrantes, que hace una década, o dos, son muchos años sin tus brazos de abrigo, mucho tiempo sin una palabra, mucho color sin definir. Mañana no pensaré en ti, quizás pasaran otros diez años, o menos, pero dentro de un tiempo volveré a ti, volveré a tu recuerdo, a tus besos acuciantes, a tus brazos, caricias, a aquella farola y aquel portal oscuro, la callejuela cerca de mi casa; el banco en la plaza de España, a los días blancos y las nubes en el cielo, que feliz cuando llueve, que feliz cuando pienso en ti.