sábado, julio 31, 2010
Con sinceridad
Son días, teñidos de azul, por supuesto; de cantos de sirena, de monte grisáceo, de paseo ribereño, del Segura a borbotones, de sin calor humano. Tardes de ópalo, y noches de tormenta como castigo por amar una vez y engañar mil, castigo por aquella media verónica en la noche del ruedo, por pensar en la niña del pelo rojo, por pensar en que al ser tan especial siempre me acabo volviendo vulgar. Y vuelvo a pensar que estoy cansado o, que simplemente, estoy solo y aunque siempre vuelvo a mi cuaderno, aunque siempre acabo volviendo a mi cuaderno, a mi lápiz del dos, a los folios arrugados llenos de polvo que guardo en algún rincón de mi casa; y a los cuadernos que ya no puedo volver, a las niñas del instituto que veo de década en década y me recuerdan: “el otro día me encontré un poema tuyo”, al cuaderno que vino a curarse el alma y después se fue dejándome el alma repleta del odio más hiriente y de la rabia más autodestructiva que puede existir.
Son días, si soy sincero, de amargura, de tristeza, de una tristeza tan grande que el simple hecho de levantarme de mi cama me llena las venas de veneno y el corazón de plomo. Días en el que el azul me importa bien poco, y el amarillo ardiente se puede ir a hacer gárgaras. Lo cierto es que últimamente la espalda me pesa y el cansancio me desborda, cansancio de ser el paño de llantos de la gente insomne, de ser el muro de las lamentaciones, de saber que piensa la gente tan sólo con mirarla, de mi puñetera empatía. Quizás esté cansado de estar cansado, odiar a este odio y maldecir esta puñetera maldición. Seguramente me merezca el castigo por mis actos anteriores, seguramente no hay redención para aquella persona que fui, y aunque poco queda de él en mí el castigo parece que aún perdura.
martes, julio 20, 2010
Un beso al amanecer.
Sonaban los tambores, palpitando con la fuerza de un trueno que aventaja al rayo en el océano de un iris azul recorriendo mis venas, cambiando mi sangre por aire fresco. Sonaban como el presagio de un tiempo venidero, el poso en el café, el adivino profetizando unos labios entre sombras oscuras que atacaban al cielo con fiereza.
Despuntaba a penas el día, el miedo me enfundaba el corazón y tus labios me hechizaban, perdiéndome en un conjuro aterciopelado y negro. Sonaban los tambores como la cruda realidad, sonaba mi corazón atenazado entre tus brazos; y al abrir los ojos tu mano en mi rostro y tu sonrisa en mi alma, y la felicidad en mi cuerpo que añoraba de ti.
Se desdibujaba un rayito de sol en tu melena, la música sonaba fuerte y este sueño de verano tocaba a su fin. Sonaban los tambores en mí y la mezcla de deseo y amor furtivo me apretaba los pulmones. El sol poquito asomaba, la gente miraba al techo azulado, las sombras se iban perdiendo y a mí me dolía este abrazo donde el tiempo no se paraba, donde el mundo no se quedaba quieto sino que todo volaba a una velocidad vertiginosa. Sonaban los tambores cada vez más fuerte y cada vez más poderosos y a mí me dolía, tanto tanto tanto me dolía al sentir su aliento en mis labios, tu mirada azul, el sol en tu cabello tanto me dolía todo que cerré los ojos.
Sonaban los tambores. Fue un instante. No abrí los ojos. No abrí los ojos y sentí el calor en mi boca, un beso de paso, huésped en mi boca por vacaciones, sentí el calor que abrasaba mis manos. Todo tan rápido, el sol ya en lo alto y mis ojos cerrados, tus manos que me apretaban dejaron de hacerlo y los tambores poco a poco bajaron su ritmo. Al abrir la vista te divisé ya a muchos metros, veía como te marchabas, el día en lo alto, los tambores ya eran un rumor, el mundo no se paró, y mientras oteaba tu silueta desaparecer por el mundo te giraste para mirarme, con tu melena hondeando en la colina de mis ansias; “esta batalla es para ti” pensé con desidia mientras tus ojos azules se clavaban en mi deseo y mis oídos lloraban por no haber escuchado tu voz. Sonreíste y desapareciste, los tambores ya no se oían y el día estaba en lo alto, pero no era el mismo azul.
lunes, junio 28, 2010
Resurrección
Cuando alguien te decepciona es como morir, quiero decir, que algo dentro de ti se muere, cuando quieres a alguien le das una parte de ti, el aprecio te roba un trocito, una parte que ya nunca jamás vuelve a ti y te oscurece un poquito más. El corazón tiene esas cosas. Siempre queda resucitar pero el olor a ceniza nunca se va, siempre puedes resurgir después de unas cuantas lágrimas pero el dolor nunca desaparece en su totalidad, siempre puedes volver al redil, volver a creer en unos ojos, en una caricia pero en lo más oscuro de tu ser sabes que dentro de una caricia hay mentira, que en las yemas de los dedos se esconden espinas, que en una mirada está el fuego que primero te embelesa y luego te quema.
Cuando alguien te decepciona es como morir y aunque se puede resucitar lo mejor es acostumbrarse.
martes, junio 22, 2010
Un recuerdo cualquiera
Una pareja se besa en el parque, yo miro al cielo viendo el azul inmenso y pienso en el calor, ella le acaricia la mejilla y sonríe, supongo ella diría: soy feliz… él sonríe también y la abraza, supongo él diría: tú eres la luz… y yo pienso sin mirar al cielo, que una vez yo dije, la vez en la que hablé, tantos tú eres mi luz, tantos te llevo en las venas, tantos me gusta perderme en tus ojos, en tu piel de verano, tantos no te vallas…quédate cinco minutos más. Recuerdo que no eran tan azules aquellos días, recuerdo que eran más grises o blancos y hacia más frío. Recuerdo canciones en mi oído, tu voz desafinada, la carne de gallina en los roces, los labios cansados, las miradas a oscuras, mi voz en ti, mis letras, los poemas que escribía a escondidas, mirarte desde lejos y suspirar, recuerdo la huída, recuerdo el tiempo en el que tapaba tu nombre entre las rimas, en el que la barra de un bar era donde expiaba mi ansiedad y donde tus ojos se perdían, en el que mi interior ardía con noches de fantasía.
El día sigue azul, vive Dios que sigue igual, ahora los días pasan más rápidos y la vida se me escapa entre los dedos, al menos ya no se derrama en mis ojos. No sé por qué hoy me he acordado de aquellos días en los que un rizo casi negro mandaba en mi alma, en mis entrañas; la pareja se ha ido, mi perra sigue correteando y yo sigo leyendo mientras en día sigue azul, ni una nube, el color del tiempo se hace trasparente y la vida sigue hilando telares con las personas; no sé si más feliz, más triste, más… ya no pienso en esas cosas, ahora ya no escribo a escondidas, aunque siempre oculto nombres en las rimas, defectos de la infancia que no se van, ahora simplemente vivo, no sé por qué hoy he pensado en ti, en tu melena negra, en tus rizos, en tu piel oscura y tus ojos penetrantes, que hace una década, o dos, son muchos años sin tus brazos de abrigo, mucho tiempo sin una palabra, mucho color sin definir. Mañana no pensaré en ti, quizás pasaran otros diez años, o menos, pero dentro de un tiempo volveré a ti, volveré a tu recuerdo, a tus besos acuciantes, a tus brazos, caricias, a aquella farola y aquel portal oscuro, la callejuela cerca de mi casa; el banco en la plaza de España, a los días blancos y las nubes en el cielo, que feliz cuando llueve, que feliz cuando pienso en ti.
domingo, mayo 30, 2010
Resumiendo...
Esperar a que el sol llegue, a que nada afecte, a que el color tiña mis ojos pequeñitos, a no fijarme en la gente, a odiar. Puede que sea duro pero sólo me queda resentimiento (es mentira) odiar al mundo es más fácil, aunque me queda mucho de aquella soledad que cubrió tantas tardes, tantos domingos con Ismael a la cabeza y sus paraísos desiertos en la retina de mi oído. Ahora que soy hombre (a veces pienso que es mentira), ahora que soy adulto por fin me siento como ese adolescente que vive enamorado de un ideal, de una historia o de un pasado imaginado.
Hace ya unas semanas que volví a levantar muros, llené el foso y afilé las espadas, todas mis defensas están activas y trabajando pero pago el precio de haberlas bajado, ahora no puedo dejar de mirar a los demás a los ojos, no puedo evitar escudriñar el pasado en unos iris que piden a gritos un abrazo, no puedo evitar que mi corazón se parta… por enésima vez… viendo como algo frágil se convierte en algo odioso… como algo hermoso se precipita al vacío, al desastre más obvio y todo lo hermoso, lo bello, lo encantador se destruirá por un no saber y unas manos teñidas de interés y no de amor. Se me parte el corazón de verlo…porque no quiero revivirlo… porque no quiero que nadie sea como soy yo y menos de gente a la que aprecio… “no quiero mirarte a los ojos y ver un espejo, no quiero que la nostalgia te ahogue, no quiero que te sientas sola, no quiero… simplemente no quiero”
Seguramente todo sea un renuncio. Seguramente pronto todo volverá a ser como antes, y volveré a cegarme con unos ojos inmensos o con alguna melena hondeando al viento o unas piernas brillantes, seguramente pronto volveré al redil, a soñar con el amor, a los versos de Mario o de Félix, a buscar tesoros en las catacumbas olvidadas que hay en mi corazón, a abrirme el pecho en las noches de lluvia buscando el amor de alguna huésped de paso, a quedarme prendado de pieles morenas, de ojos azules, de melenas rubias (aunque por mi experiencia el amarillo tiene mucho peligro) a unas manos ardientes o unos pies fríos, a que mi cama se me vuelva a hacer grande como un océano, a que mi caballo de cartón vuelva a volar, a que la sangre me arda con una mirada y las entrañas se me congelen con una caricia, volveré a soñar, a buscar farolas rotas y portales oscuros, a vender poemas en el parque para jóvenes enamorados, a buscar el santo grial... en fin a todo lo que soy, y puede que llegue ese día en el que vuelva a bajar los muros, en el que vuelva a perder las defensas y quizás tenga que volver a pagar el precio o puede que no tenga que volver a levantarlas nuca más…
jueves, abril 22, 2010
Historia de un año
El cielo estaba nublado, subía hacia mi casa, Ismael en el mp3, el sol cubriéndose en el cielo, y la gente abarrotando las calles en dirección contraria – hoy era día de mercado-, una mujer rebuscaba en un contenedor de basura (me apenó tanto… la vida me apena), al llegar a casa, como siempre mi perra en la puerta esperándome. Mi hombro izquierdo ya empezaba a doler por el peso de la mochila, la dejé en el suelo y me senté, suspiré, en la tele el proceso a Garzón; en la ventana el día ya se había vuelto opaco y el cansancio me invadió. Pasó un minuto, casi una eternidad, al poco apareció mi madre con un paquete en las manos.
Cuando tuve el libro por primera vez en mis manos, todo cambió. El mundo se hizo un lugar más alegre, mis ojos llorosos abrieron la llave de paso, hacía dos años que no lloraba, pensaba que no debía volver a llorar, que una lágrima era un vestigio de una época pasada y un simple libro me volvió a enseñar que las lágrimas son los diamantes del corazón, que no se desperdician si son para aquella persona que tras un sin fin de kilómetros piensa en ti, aunque sea sólo por un minuto, por un segundo. Acariciaba esas hojas, sabiendo que lo que relataban no eran nada, sólo una ilusión triste y vana, pero al verlas materializadas, tras el papel durante un segundo mis ojos vieron tus manos anudando el lazo negro que lo cubría, palpaba la tapa sintiendo la historia que contaba, no la que hay dentro sino la que había fuera, tu sonrisa al pensar en mi reacción, tu amor al escribir la tarjeta que le alegró la vida a un pobre soñador.
La segunda vez que lo tuve en las manos lo volví a acariciar, lo olfateé llenándome los pulmones con su olor a regalo, y pensé lo hermosa que había sido la vida conmigo, lo bueno que era el azar y lo afable que se había vuelto el destino (que la distancia es una cabrona), lo hermosa que eres sin haber visto tu rostro con mis ojos y lo grande que es tú corazón, a sabiendas que te conozco sin conocerte, que te quiero sin tenerte a mi lado para darte el abrazo que tanto te mereces, los millones de besos que te mando pero que no son capaces de volar tan lejos, y el recuerdo que llevo y llevaré siempre en un trocito de mi corazón que he decorado para que anides en él por siempre; mi regalo fue encontrarme contigo, hablar contigo, discutir contigo, reír contigo, y a pesar de que siempre hay entre nosotros un cristal eso nunca lo hará menos real… por eso y por muchas cosas… gracias.
domingo, abril 11, 2010
Quizás algún día

Quisiera, o mejor dicho, desearía ser un pájaro, un pequeño jilguero (que va), desearía desde lo más profundo ser un hermoso gorrión, pequeño y bello, no el cuervo que se posa frente a tu ventana atraído por el brillo que tus ojos desprenden; desearía ser un pequeño gorrión alado con plumas de oro, aterciopelado por el sol, plateados los ojos por el cielo azul; volar, escapar y liberarme entre las nubes del yugo de ser humano, de vivir en un otoño que no cesa (siquiera en primavera).
Tenía sus manos, el sol doblaba la esquina y el pelo le caía por uno de sus hombros desnudos, blancos, deseosos para la lujuria más terca y desposeída; y entonces, yo quería ser un gorrión, regordete y cariñoso, salir volando sin mirar atrás, y no pensar en esas manos, mejor dicho, no pensar en otras manos cuando las que tenía eran perfectas, finas, delicadas, hermosas; y en mi mente ya era ese ave veloz que iba a tu encuentro… pero que siempre se pierde a mitad del viaje.
De camino al coche, me miraba, sonreía y yo… joder! Que maldad tiene el destino, tanta poesía escrita para nada, tantas letras para dejarlas en el cajón engordando de tanto comer polvo (y otro joder más) Y ella esperando en la puerta de su megane negro, a que yo me decidiese a saltar del avión, y yo pensando en ti, y ella diciendo: salta idiota, y yo pensando: sólo tengo alas cuando estoy con ella y esa no eres tú; y tú (quién sabe lo que pensarás tú). Y el sol que se escondía, y el corazón me apretaba el pecho, y ella impaciente (decepcionada), y yo en mis trece, y tú (tú ni siquiera pensarías en mí).
Y en la noche, en la soledad salí a la calle, lejos de ti, lejos de ella, y quise echar a volar, quise ser un gorrión, extender un ala y cubrirme para dormir (si es posible dormir por lo que me queda de vida), intenté aletear pero no me despegué ni un palmo del suelo, lloré, lloré como un crío desconsolado, maldije al mundo, blasfemé, odié todo y a todos, intenté dar golpes al aire pensando que en uno de ellos le hincharía un ojo al destino, y cuando llegué a la extenuación, al cansancio de estar enamorado me senté en el portal a admirar el cielo (la luna me recordó a ti), y entre tantas estrellas pensé: quizás algún día, quizás algún día sea un gorrioncito pequeño, quizás algún día pueda volar…
jueves, abril 01, 2010
Silencio
viernes, marzo 26, 2010
Primavera
Ya está aquí, llegó hace unos días, malvada, soleada y sonriente. La primavera entra por esa puerta grande con un letrero en el quicio que pone ALMA. El parte de daños ya es muy largo, aunque nada en comparación a lo que terminará siendo. Los cielos acabarán por despejarse, el sol tomará su trono en lo alto de un cielo azul (añoraré mi cielo plata) y el calor empezará a sofocar a los pobres seres humanos, ignorantes de la trampa que supone… El amor brillará, ya se ven parejas buscando en la nocturnidad de sus hormonas una farola rota, un portal, la callejuela oscura que les sirva de escudo para poder abrazarse y besarse con total impunidad amorosa.
Cada vez que llega esta época mi alma se sumerge en un sin fin de dilemas, un baile incongruente de sentimientos forjados en la fragua de la soledad más posesiva y violenta; siempre acabo por cometer los mismo errores, primavera tras primavera (dolor tras dolor, diría José Hierro) veo desde la ventana a mi dulce Carola deseando que el tiempo se quedara en la floración y los frutos nunca llegaran, pero nunca pasa eso.
Ahora, mi error está por ahí, seguramente con el corazón en carne viva, deseosa de unos brazos que la mantengan caliente mientras el siniestro frío de la primavera nos azota; yo, permanezco tras mi ventana vigilando, observando, admirando a esa pequeña mujer pasar un día tras otro tras el cristal de mis pupilas desgarradas y apretando, más y más, mi corazón en un puño: Oh! Triste desamor/ tristes penurias las del corazón… Ignorante ella de que mi corazón está dispuesto a cuidarla, a dar ese cariño que tanto ha luchado, a ser esclavo de una pasión que a perdido ya mil batallas, que está dispuesto, simplemente a ser un hombre enamorado de su sonrisa grande y blanca, de sus ojos que profundizan hasta la eternidad o de su mano ardiente y sincera. ¿Cómo pueden mentir unas manos? O cómo podría mentir el aroma de su cuello, a mezclas de viento y espuma de sal, a blanco azahar y regaliz que me lleva a mi niñez más febril y amorosa.
Dentro de tres meses, el amor se irá de mí… volveré a cerrar las puertas, a cubrir los muebles de mi alma con las viejas sábanas que una vez cubrieron mi cama y volveré a mi otoño con un verano de antelación… pensando en aquello que pudo ser y no fue, en aquellas manos, aquella mujer… en la sensación de sentirse enamorado y no correspondido, en la verdad universal de que el amor siempre te vence por mucho que quieras engañarlo… por mucho que quieras ser el apuntador de esta obra de teatro que se llama vida, más tarde o más temprano todos acabamos siendo actores.
jueves, marzo 11, 2010
Veleta
Estabas tú, en un fondo bruno y hermoso, cambié de año, a una semana santa, en un garito muy recordado, donde solía encontrarme con Elton y cantar por Isma en las noches en las que andaba enamorado. La luna se escapaba de mis retinas mentales y la mi vista era para tus ojos, casi imperceptibles, las canciones surgen, los versos siguen y no basta tu tez morena y el cabello lleno de bucles para calmar el ansía de un alma que busca compañera en las noches de aguacero y camas vacías.
“Llegas sobre mi carne, / trayéndome semilla/ de brillantes” ay de tu luna, ay de mí, pensé. Al acercarte, la mano en mi espalda sin el corazón de Sabina pero con tus ojos de gata y la alcoba en la vista de un deseo irremediable. El escalofrío de un niño de quince años que recorre el cuerpo como un rayo y la luna cada vez más lejos y el amor cada vez más cerca, y yo, y tú, y tú y yo; todo enrevesado, todo rotando, todo girando frente a mí; frente a mí tu sonrisa que más vale un cielo tapado de negro que no ver tu sonrisa, tan amplia, tan azul, tan mar, y dice Isma: me duermo en tus ojos; yo me derrito en deseos vanos que se pierden en una boca tan bella como una “veleta”, y al tocarme, recordé, aquella mujer, aquella Santa Verónica con su manto a rastras y su eterna belleza que aún palpita en mis recuerdos, tanto me recuerdas; “aquella manos, aquella mujer, aquel invierno no paraba de llover…” y vértigo (me dije) que el mundo pare que ya estás sobre mi carne. “Miradas, empapado/ de azahares.” Y al irte, mantén las distancias, pequeño Ismael, sé cuervo por una vez, pero al cruzarte pensar que mas da, una mirada no hace daño (aunque si duele) para ver tu figura alejarse, tan dulce, tan hermosa, tan bella, tan…
Llegó la primavera y la sangre hierve, ahora entiendo a Lorca y comprendo el amor a su Luna, ahora entiendo que somos veletas, que cuando el escalofrío te golpea no se puede escapar, sólo señalar la dirección correcta y esperar a que todo lo intrincado se vuelva una línea que desdibuje maravillas en un cielo azul e inmenso, y que la espuma que llega a mi orilla sea salada y blanca, y mientras tanto “!Hazme caso! /gira, corazón; /gira, corazón.”
In Springtime
ruego por el que he sido en la tristeza
a las divinidades de la vida.
José Hierro
Primavera es mi año nuevo, con ella viene lo nuevo, arrastrado por el polen que se esparce aparecen las novedades, nuevas personas, nuevas ilusiones, nuevo… quizás el amor llame a mi puerta como en otras ocasiones, pero seguramente tendré la música a todo lo que da de sí o el corazón insonorizado con veinte capas de dolor y odio.
Normalmente hago balance siempre en Diciembre, pero esta vez es diferente, quería hacer balance global, observar quien era y quien soy, y me he dado cuenta de algo que no me esperaba.
Que cambiamos, estamos todos de acuerdo, pero no reconocerte es muy duro. Tengo la misma mirada, la mirada soñadora, idealizada de que todo es posible, de que el amor todo lo puede, y ese pensamiento, quizás, fue lo que me salvo de una muerte terrible, a lo mejor, hubiera sido mejor la muerte (para los que se alarmen, la muerte es una metáfora sobre el amor), hubiera sido mejor morir que la cirugía a corazón abierto a la que me he tenido que someter, teniendo que dejar dentro de mi cuerpo un marcapasos frío y vacío para que me dirija el ritmo y el compás de un latido que antes era salvaje y fresco como una mañana de Octubre.
Ya no me reconozco, no sé si ahora soy mejor (más viejo seguro), no sé si ahora tengo más capacidades o entiendo mejor la vida (que estoy mucho más feo, también), pero lo cierto es que no me veo en aquella persona que cogió el sufrimiento como dogma y a los demás como estandarte de una vida insignificante.
Nada de aquél queda en mí. Casi nada. Sólo esos ojos pequeños, que se cierran al estornudar y que ninguna cámara fotográfica es capaz de captar, esa mirada cansada desde el primer día por observar al mundo girar, vibrar por desgracia y recomponerse gracias al amor incondicionable. Quizás eso es lo que me mantiene vivo, quizás por eso no me veo en aquella persona egoísta y ambiciosa, quizás por eso ahora soy feliz siendo yo y sólo yo. Quizás por eso ahora entiendo el mundo, y sigo teniendo esa mirada limpia y enamoradiza.
Será por eso que aún me hierve la sangre cuando la primavera llega.
lunes, marzo 08, 2010
Primera Luna

Marzo llegó y con él su primera luna. Es señal, indicio de que Abril está a las puertas, Marzo sólo es la vigilia, un centinela, el arcángel que viene anunciando con trompetas celestiales que Abril asoma la nariz entre las rendijas que la lluvia y el frío va dejando. Pronto vendrá el sol, las noches frescas y apetecibles, se llenarán las calles de parejitas agarradas de las manos, habrán besos buscando metros cuadrados de oscuridad para ocultarse dentro de su propia intimidad, amores que cuando vuelva el frío se apagarán como el sol de Agosto, el cariño y el aroma a vientre ardiendo se fundirán en abrazos que durarán unos segundos eternos; y Marzo viene a avisar como un pregonero veraniego de que esa electricidad que surge en nuestro cerebro cuando la mezcla entre apetito y visión se hace sana, está apunto de nacer.
Marzo ya está aquí y con él su luna. Esa luna tan hermosa, grande, de la que siempre he estado enamorado, impasible y alta con su luz tangente y cálida, y a pesar de que todos esperan a que llega Abril, yo me deleito en Marzo, la época en la que gané siendo pequeño y en la que perdí siendo tan grande, años en los que amé y dejé de amar. Treinta días de una cuaresma particular en la que preparar el corazón para la primavera, para el sol, el calor pueril y la fiebre enamoradiza que siempre me ataca en estas fechas. Ya estamos en Marzo y su luna nos ilumina, la Luna de Lorca: gira corazón, gira corazón.
sábado, enero 30, 2010
Pausa.
Hace tanto que la vida no me da un respiro, tanto hacía que cenicienta no se saltaba el toque de queda para quedarse a mi lado mirando las estrellas bajo el frío de enero. Tanto hace que no caminaba bajo la lluvia intentando coger gotitas con la yema de los dedos mientras el aguacero me calaba el corazón con alegría en forma líquida. Tanto ha pasado, tantos días en los que nunca me ha dejado de preocupar si la ventana estaba sucia o si los cristales en mis retinas eran de la graduación adecuada, muchas semanas, meses, incluso años podría decir en los que empañar el espejo era una costumbre y no la necesidad de estar caliente; hacía tanto que no escuchaba latir mi corazón a un ritmo normal, a un son normal. A sabiendas de que pronto la vida entrará en otra caótica espiral de subidas y bajadas, porque eso es vivir, y consciente en todo momento de que mi destino no es vivir si no naufragar en el mar del tiempo y el espacio sin una dirección o remite claro, y ahora que tengo un hogar, ahora que todo anda pausado, que la rutina forma parte de mi vida echo de menos ser un vagabundo.
Había olvidado lo hermoso que era echar el freno, la grandeza de cerrar los ojos y escuchar como te habla el mundo con sus ruidos, sus murmullos, toda su parafernalia intensa y anodina. Había olvidado el olor a hierba fresca del parque, el ladrido de un perro a medianoche, el escándalo de unos niños en la sobremesa. Había olvidado lo que era escribir en un cuaderno con el sol golpeándote el rostro o como es el canto de la luna al mar en una noche despejada, la sensación de llevar arena en los zapatos o el picor de un jersey de lana, cosas nimias, cosas vulgares que nadie tiene en cuenta, pero que a mí me dan la vida, me recuerdan que no soy Dani, que no soy hombre, que no soy escritor, vigilante, hijo, hermano, que no soy nada de las cosas que me definen, simplemente, me recuerdan que soy un ser humano, y a veces, recordar que sólo soy un ser vivo más, me da la paz que tanto añora mi corazón.
Queda lejos Lisboa, sus noches de fado, tapas y vino, y a pesar de que aún esbozo una sonrisa cuando lo recuerdo, dejo encerrados aquellos momentos con una lágrima en el corazón y un leve síntoma de felicidad en la memoria. Arrinconados en un algún lugar de mi mente guardo como en un desván los fines de semana en Londres. La lluvia, el rojo de los teléfonos y los besos a la hora del té, escribir en un hotelito de la campiña francesa asomado a la ventana y un cuerpo desnudo al tras luz que, a veces, tapaba las goteras de mi corazón. Atrás se quedó las risas en los cafés de Ámsterdam, atrás quedó todo, al menos, por ahora.
Y volviendo al ahora, al día de hoy en el que veo amanecer y me siento vivo, en el que al dar las doce te veo a mi lado sin carroza pero con la diadema de princesa en la mirada; ahora que el vaho de mi respiración huele a vivo y siento el aire frío corretear por mis pulmones no siento despecho, no siento cabezazos en la pared ni inquietud por contar las horas que faltan para volver a ladearte el pelo de tu rostro inmaculado, ahora que el sabor de un beso sólo sabe a ti y que con un apretón de manos eres capaz de disipar todos los fantasmas que hay en el fondo de mi armario, ahora que el día es luz y la noche oscuridad siento tranquilidad, siento vida, siento amor.
domingo, diciembre 27, 2009
Di mi nombre...
Di mi nombre y seré feliz, dilo y entonces yo te haré feliz a ti, por el resto de tus días, despertaré un día tras otro, beso tras beso, abrazo tras abrazo miraré tu sonrisa y me volveré a enamorar como el día que te vi pasar por la ventana, una y mil veces me enamoraré de ti… pasaré el resto de mi vida escribiendo versos de amor sin rima, cantaré canciones sin armonía y guardaré mi vieja guitarra en el desván que hay entre tu pecho y tu ombligo, porque no habrán más placeres, no habrá nada más que no seas tú, no existe mujer más hermosa, recogeré los trastos que hay tirados por mi corazón enfermo, limpiaré todo para dejarte sitio dentro de él, enredaré mis dedos en tu pelo y te susurraré al oído que eres puro amor, que en el cielo de mi mundo interior tu eres la luna, si dijeras, ay!… si lo hicieras… pequeña mar…
martes, diciembre 15, 2009
Sonrisa de Luna.

He vuelto a tener ese sueño, otra vez, el mismo sueño. Todo empieza en mi cama y dura tan sólo un segundo. Si tuviera que definirlo diría que este sueño es el aforismo de los sueños, o al menos, la versión simple de lo que debe un ser un sueño. Todo empieza en mi cama, oscuro, triste, así es mi imperio, un mundo vacío y que casi siempre me queda grande para gobernarlo sin consorte, y una voz, aterciopelada, tan dulce como la ternura de un niño, resonaba en las fronteras de mi reino. Quedé toda la noche escuchando aquella canción que se convirtió en un susurro cuando amaneció; abrí la ventana y el olor a lluvia me atacó el corazón con golpes de nostalgia, y de nuevo aquella voz, que se hacía más fuerte, me sanaba las heridas como un milagro, volví a mirar por la ventana y otra vez era de noche, el atardecer cayó como un rayo y la noche se cerró. Intenté volver a mi lecho pero mi reino estaba invadido por la voz, florecían los jardines y el castillo se iluminaba entre las sábanas, y un cuerpo apareció de la nada, desnudo, bello, diáfano y espléndido, el milagro se hizo mujer y un aroma a flores me desgarro el olfato al tiempo que deshizo mi armadura, y a medida que los trozos de mi coraza caían al suelo mi corazón empezaba a latir. Me sentía tan raro, aquella sensación, sentirse vivo, libertad en mi cuerpo, como si flotara. Extendió una mano y me sonrió, con la sonrisa de la luna, “pobre mujer” pensé, pero al tocarme todo desapareció de golpe, se fue el miedo acumulado durante tantos años, se escapo por las rendijas de mi piel el dolor de años pasados, y por las grietas de mi cuerpo emanaba el veneno inyectado por las mujeres que han pasado por mi vida, y mi corazón latía cada vez con más fuerza

Mientras dormía sentía su calor, su mano apretando la mía y una luz blanca de luna llena iluminaba la habitación, paseaba mi mano por su espalda y en los surcos de su torso no encontré ni una sola cicatriz. “Ves mi cruz” le dije sin pensar, “ésta eres tú, y te llevo a cuestas”, volvió a sonreír, me besó y se levantó como se levantan los dioses, con el aura alrededor, y la sensación de que todo iba a ir bien, miró hacia arriba y clavó sus ojos en los míos, extendió sus alas y me sonrío otra vez, con su sonrisa, como sonríe la luna, “espera, no te vayas, yo no puedo volar sólo, no podré, agarra mi mano” Ella cogió mi mano, me dio con su aliento en el rostro y me volvió a besar, me acarició como acaricia una amante, y se fue. Mientras corría hacia la ventana sentía, que mi corazón se volvía a parar, que el veneno volvía a mí pero no fue así. Miré hacia arriba y allí estaba ella grande, impasible y majestuosa, al lado de sus estrellas, la luna hecha ángel, la luna hecha milagro, el milagro hecho mujer sólo para mí. Pero todo fue un sueño.
lunes, diciembre 07, 2009
Balance un amor que no fue
Termina el año, y estoy casi como lo empecé, con tristeza en el corazón. Ahora mi alma se llena de oscuridad, de pensamientos que prevalecen y acaban siempre con una canción de Sabina llorando alguna mujer que encontró en algún momento de su vida, y yo pretendo izar la mayor y poner rumbo a la felicidad con un corazón roto por cuatro partes, y con dudoso tratamiento. Ahora que todo el mundo hace balance de lo que este pobre 2009 ha dado de si, yo solo puedo pensar en ese rostro que veo cuando cierro los ojos, en esos pequeños ojos que me observan desde la oscuridad, el otoño hecho mirada enamorándome cada vez más, poquito a poco, tan paulatinamente que casi se considera una tortura, porque me hace sangrar, en cada cruce, en cada choque de miradas se me escapa el alma entre las manos y la vida en suspiros que me deshacen a pedacitos pequeños como un espejo roto que parece nieve reflectante al caer desde lo alto de un cielo que por más que intento no puedo agarrar porque siempre se me acaban agrietando las yemas de los dedos por la frialdad que hay al final de esos ojos.
Sé que no soy la misma persona que era antes, decir lo contrario sería negar la evidencia, en otra época seguramente te hubiera perseguido hasta la extenuidad, hubiera pintado el cielo de rojo si hubiera hecho falta. Quizás me he vuelto viejo para perseguir un sentimiento, pero lo que si es cierto es, que me he vuelto demasiado viejo o precavido para perseguir a una mujer. No me malinterpretes, tú mereces que te persigan, tú mereces que drene los océanos y te los regale en un frasquito de cristal, tú mereces que ate la luna a tu balcón como si fuera un globo de niño, mereces un valle verde y frondoso en un ramo de novia. Mereces todo, pero yo no puedo seguir jugándome el culo por mujeres que siempre acaban por absorberme. He pensando muchas veces en cortejarte, muchas veces al pasar por tu vera susurrarte en la oscuridad lo hermosa que eres, quizás algún poema del difunto Benedetti, he pensado alguna vez que otra en trepar a tu balcón y decirte la ternura que hay mí, contarte mis secretos, mis viajes, mis inquietudes, pedirte que me dejes ensañarte quien soy, dejarme que te abrace, que te bese con la dulzura que me haces sentir.
Ahora que termina este año no dejo de pensar en ti, y sé que estos pensamientos sólo duraran hasta primeros de año, porque cada año nazco de nuevo, cada año me reinvento y cada año sigo cambiando, pero ahora… ahora pienso sobre todo en aquella conversación que no tuvimos, en aquella conversación que no quisiste tener. La hemos tenido muchas veces en mi mente, muchas veces te habré dicho “que cuando te miro me calmas, que sólo tú haces que mi corazón esté en paz y no inundado de desidia e ira, que cuando te veo el cuerpo me tiembla, que unos ojos tan pequeños nunca fueron tan bellos”, y tú sonríes, algo nerviosa, yo te acaricio el pelo, tu cabello rojizo y, vuelves a sonreír, mi sangre ya febril se para y el corazón se vacía de nuevo. Después, de camino a tu casa vamos en silencio, yo pensando que por una vez el cielo ha sido bueno conmigo, quizás tú pensando que no era lo que te habías imaginado y por un momento, nuestras manos se rozan, sin querer, uno de esos momentos que el destino tiene con un pobre enamorado, y todo pasa a cámara lenta como en las pelis, te miro mientras te vuelves, tu cabello casi rojo flota en el aire y tu rostro tan bello como un atardecer se me clava en lo más hondo de mi ser, esbozas una sonrisa y yo vuelvo a nacer una y otra vez… Claro que todo esto es ficción y que sólo pasa en mi mente, pero tú sólo por existir lo has hecho posible, claro que esto nunca ocurrirá, pero solo por ser tú ya ha ocurrido en mi mente.
Termina el año, y tú has sido mi hogar durante todo el 2009, necesito agradecer, o quizás, todo esto sea un último intento, por si lo lees, por si quisieras hablar conmigo alguna vez, o no, o quizás esto solo sea lo que es, otra divagación, otra historia más, o simplemente lo use para decir lo hermosa que eres, con tus ojos pequeños, tu cabello caoba y tu cara tan bella como un atardecer.
domingo, noviembre 29, 2009
Yo sólo busco...
Yo sólo pido que esta noche sea mía, que si tengo frío lo calme el calor de tus manos, que si tirito tus brazos me rodeen como un abrigo de belleza, y que si despierto empapado en sudor, me cuides, si tengo pesadillas me consueles, si lloro tú a mi lado y si sonrío seas feliz…. Yo sólo busco que esta noche sea nuestra, sólo quiero un milagro para que el sol me obedezca y tarde un poco en salir, que ya viene el rojo amanecer y sigo sin sentir que esta noche ha sido nuestra, sigo sin escribir cuando te sueño, sigo sin sentir el corazón latir al desnudo, sigo sin necesitar nada de ti, sólo quisiera que esta noche sea nuestra…
martes, noviembre 17, 2009
Amarillo

El viento me susurraba al oído que algo especial iba a pasar, el parque estaba precioso y mis zapatos hacían un leve sonido a crujido al pisar las hojas que caían a mí alrededor. Llegó noviembre y con él nuestro aniversario, llegó el frío que me dejaste en los huesos cuando te dije adiós; no quise, no deseaba pensar en ti, pero lo inevitable se hizo carne en una milésima. Las hojas revoloteaban a mi alrededor, y el cielo estaba rojo como tus labios, no quise pensar en ti pero pensé. Te vi, te vi sentada en aquel banco, absorta en tu libro de hojas arrugadas y con tu flor amarilla en el pelo. Todo era tormenta y sólo un halo de luz en tu cara, pero ahí permanecías quieta y majestuosa. Mi corazón se encendió, mis ojos se iluminaron y se fue el frío, dudé pero me acerqué, pero poco a poco todo se disipaba, y no quise pero seguí pensando en ti, recordé como iba a verte día tras día, siempre a distancia observando como nada te perturbaba, como te rizabas el cabello y te humedecías los labios, y no quise pero…
No quería, pero lo tuve que hacer, no lo deseaba pero el corazón me apretaba con tristeza y odio, pensé en ti, quién me lo iba a decir después de diez años. Recordé tu primeras palabras, viví de nuevo los besos por los pasillos, sentí otra vez las huidas buscando una farola rota, una noche de aguacero y una excusa para abrazarnos; volví a ser un niño en los brazos del amor más ardiente, con la inocencia tan intacta como el corte de tu falda. Volví a ser feliz y olvidé lo que vendría más tarde, se me olvidó que luego te irías y que mi vida se retorcería como una serpiente en un desierto, se borró de mi mente que vendría la rubia sin corazón, se me olvidó Portugal y se me fue Lisboa, mi querida Lisboa, se me olvido María y el reloj de
Y cuando me dejé llevar al deseo, cuando empecé a querer, cuando quise, me dí cuenta de que no eras tú, siquiera dije hola, se extrañó la chica seguro, pero no eras tú, y otra vez volví a mi corazón hecho trizas y se me escapó tu imagen serena, tu sonrisa y tus rizos, el aroma de tu piel a tango argentino y a playa del levante, y mientras volvía a mi mente el reloj,